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Gianni Infantino aterrizará en España este otoño en el momento más delicado de su presidencia en la FIFA y en el instante en que el reparto del Mundial 2030 empieza a mostrar sus primeras grietas públicas.

La visita, prevista antes de que termine el año pero sin fecha ni agenda confirmadas, coincide con el rechazo creciente de las federaciones europeas a su reelección y con la reivindicación abierta de Marruecos sobre la final del torneo, algo que la propia FIFA ha desmentido en dos ocasiones en apenas un mes.

Ningún despacho oficial ha confirmado todavía el día exacto en que el presidente de la FIFA pisará suelo español. Se sabe que ocurrirá entre septiembre y noviembre, pero no hay itinerario, ni ciudades, ni confirmación de un encuentro con Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa.

Esa indefinición, lejos de restar importancia al viaje, la multiplica: cualquier gesto, silencio o declaración que Infantino haga en España será interpretado bajo el prisma de dos batallas simultáneas que ahora mismo mantienen en vilo al fútbol mundial.

La primera es deportiva: dónde se jugará la final del Mundial del centenario. La segunda es política: si Infantino logrará revalidar el cargo el 18 de marzo de 2027 en Rabat, ciudad que, no por casualidad, es también uno de los grandes actores de la disputa por la final.

Este jueves, Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol, proclamó en un acto público que Benslimán, en la periferia de Casablanca, "tendrá el honor de organizar la final del Mundial", en referencia al Gran Estadio Hassan II, todavía en obras y proyectado para superar los 100.000 espectadores.

La FIFA respondió con una desautorización inmediata: no existe decisión alguna sobre la sede del partido decisivo, que se determinará "en su debido momento".

Fouzi Lekjaa, junto a Gianni Infantino en el pasado Mundial. Reuters

No era la primera vez que el organismo tenía que corregir esa narrativa: el 5 de agosto ya había calificado de "falsa y engañosa" la versión de que Infantino hubiera prometido la final a Marruecos.

El contraste resulta revelador. Marruecos actúa como si la decisión estuviera tomada; FIFA insiste en que sigue abierta. Y en medio de ese pulso, España observa cómo su candidatura se ve forzada a reaccionar en el terreno público, algo que hasta hace pocos meses evitaba.

Louzán responde

Rafael Louzán, presidente de la Real Federación Española de Fútbol, ha pasado de la cautela a la reivindicación explícita a lo largo de este año. En enero llegó a asegurar sin matices que "España liderará el Mundial de 2030 y aquí se celebrará la final".

En julio, sin embargo, adoptó un tono más prudente al reconocer que "faltan muchos meses para tomar una decisión de ese calado". Y este mismo mes de septiembre ha vuelto a subir el tono, apoyándose en el peso de la candidatura española dentro del proyecto conjunto:

"Albergaremos la mayoría de los partidos, con un 55 por ciento del peso de la candidatura. Por ello, España es el lugar donde debe jugarse la final", declaró en la Conferencia Anual de Seguridad de la UEFA celebrada en Madrid.

Pero Louzán introduce ahora un matiz que cambia el horizonte temporal del debate: desde la RFEF se prevé que la decisión sobre la sede de la final no llegue antes del Congreso de Rabat de marzo de 2027, sino después.

Es decir, la gran cita electoral de FIFA no traerá consigo, previsiblemente, el desenlace deportivo que tanto España como Marruecos esperan.

Ese dato reordena las expectativas: la visita de Infantino a España este otoño no será, con toda probabilidad, el escenario donde se resuelva nada, sino apenas una pieza más de un proceso que se prolongará más allá de la propia reelección del presidente.

El Gobierno español, mientras tanto, apenas ha variado su implicación pública. A finales de agosto, Sánchez afirmó simplemente que el Ejecutivo trabajará para que la final se dispute en España, un mensaje que define un perfil más discreto en Moncloa al respecto.

Silencio español

Mientras España reclama con contundencia la final, guarda un silencio mucho más llamativo sobre el otro gran asunto que atraviesa a la FIFA: la continuidad de Infantino al frente del organismo.

La RFEF no se ha posicionado ni a favor ni en contra de su reelección, una postura que contrasta con el rechazo cada vez más extendido entre las federaciones europeas.

La UEFA encabezó ese movimiento en agosto, cuando anunció que había perdido la confianza en el presidente y que buscaría un candidato alternativo si finalmente se presentaba a un nuevo mandato.

Infantino habla con Ceferin. REUTERS

La confederación europea llegó a preparar acciones legales en Suiza por presunta mala gestión, en el marco de la crisis desatada por el fallido plan de Infantino para vender participaciones de futuros Mundiales a inversores privados vinculados al entorno de Donald Trump.

A ese rechazo se sumaron progresivamente Inglaterra, Gales, Irlanda, Suecia, Italia, Bélgica, Escocia y Rumanía, entre otras federaciones.

La última en incorporarse a ese bloque, precisamente el mismo día en que Lekjaa reclamaba la final para Marruecos, fue Francia, un país del que podía esperarse una postura más neutral dado su peso institucional.

El presidente de la Federación Francesa, Philippe Diallo, fue tajante tras una reunión unánime de su comité ejecutivo: "Creemos que se ha traicionado la confianza depositada en el presidente de la FIFA y que la forma en que concibe la gobernanza del fútbol mundial ya no nos representa".

Diallo añadió que Francia abrirá consultas sobre buena gobernanza y no descarta impulsar, junto a otras federaciones, una candidatura que dispute a Infantino la presidencia.

España, sin embargo, no ha seguido ese camino. Su federación permanece encuadrada en una UEFA que lidera la ofensiva contra Infantino, pero evita pronunciarse abiertamente sobre su reelección, en una posición de cautela deliberada motivada, precisamente, por la sede de la final del Mundial.

Dos partidas que se cruzan

La coincidencia de calendarios explica por qué la visita de Infantino a España se observará con tanta atención. El plazo para presentar candidaturas alternativas a la presidencia de la FIFA vence el 18 de noviembre, apenas unas semanas después del programado viaje del presidente a suelo español.

Hasta ahora, Infantino continúa siendo el único aspirante declarado, aunque el desgaste generado por la crisis con la UEFA ha reactivado los nombres de posibles rivales, entre ellos el presidente de la Concacaf, Víctor Montagliani.

La final del Mundial de 2030, mientras tanto, sigue sin fecha de resolución. Ni el otoño español, ni siquiera el Congreso de Rabat, parecen destinados a despejar la incógnita.

El presidente Donald Trump y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante la final del mundial entre España y Argentina. Dylan Martinez. Reuters.

Portugal, tercer socio de la candidatura conjunta, se mantiene en un segundo plano público, defendiendo el equilibrio de un proyecto compartido entre tres países y tres continentes -Argentina, Paraguay y Uruguay inaugurarán la cita en Sudamérica-.

En ese cruce de agendas, Infantino llegará a España como presidente en horas bajas ante buena parte de Europa -y del mundo-, y como garante de una decisión -la de la final- que ni siquiera él parece dispuesto a acelerar.

La pregunta que sobrevolará su visita no será solo si España acogerá el partido más importante del centenario del Mundial, sino si el propio Infantino seguirá al frente de la FIFA cuando esa decisión finalmente se adopte.