Nacido en Noáin en 1984 y formado desde joven en la cantera rojilla, Javi Flaño llegó al primer equipo en 2005 y posteriormente pasó por Numancia, Elche y Mirandés antes de regresar a Osasuna. Cerró su carrera profesional en la UD Logroñés en 2019.
Ahora, alejado de los grandes focos del fútbol profesional y dedicado también a la docencia, el exfutbolista mantiene una relación con el dinero muy alejada de la imagen de opulencia que a menudo acompaña al imaginario colectivo sobre los futbolistas.
Su filosofía se resume en una idea: prefiere ganar algo menos si a cambio puede vivir tranquilo. Así lo explicó durante su entrevista en el podcast Los Fulanos, donde repasó desde su primer sueldo como futbolista hasta las inversiones que ha realizado a lo largo de los años.
Flaño recuerda perfectamente cuánto cobró cuando comenzó a recibir sus primeros ingresos de Osasuna: 300 euros al mes. Tenía apenas 16 años y acababa de dar el salto de cadete a juvenil, momento en el que el club empezó a formalizar pequeños contratos con sus canteranos.
Para un adolescente que todavía vivía con sus padres, aquellos 300 euros suponían mucho más de lo que podría parecer hoy.
“Me iba con los amiguetes a cenar” y ya no tenía que preocuparse tanto por cuánto costaba una cena, recuerda. No era una gran cantidad, pero sí suficiente para empezar a experimentar una independencia económica que, según cuenta, mantuvo desde entonces.
Flaño destaca especialmente un detalle: desde los 16 años no necesitó recurrir a sus padres para pagar su ropa, sus estudios universitarios o sus gastos personales. Aquellos primeros ingresos fueron, por tanto, algo más que un sueldo: fueron su primer paso hacia la autonomía económica.
Del Seat Ibiza al Mercedes
El salto económico llegó cuando alcanzó el primer equipo de Osasuna y comenzó a percibir un salario acorde a su condición de futbolista profesional.
El primer gran capricho fue un coche. Hasta entonces conducía un Seat Ibiza de segunda mano, pero cuando empezó a ganar más dinero decidió darse un lujo: un Mercedes nuevo.
"No he sido tampoco de gastos excesivos", explica. Aun así, reconoce que aquel fue probablemente su primer gasto importante y una de las primeras ocasiones en las que decidió disfrutar de los ingresos que le proporcionaba el fútbol.
Pero el coche no fue la única decisión relevante. Prácticamente al mismo tiempo empezó a pensar en algo mucho más orientado al largo plazo: comprar una vivienda.
Flaño destinó parte de su dinero a la entrada de un piso en Noáin, el municipio en el que había vivido durante buena parte de su vida. Su estrategia comenzaba a definirse: disfrutar de una parte de lo ganado, pero, sobre todo, ahorrar y construir patrimonio.
Las placas solares
A la hora de gestionar sus ahorros, Flaño reconoce que nunca ha sido un inversor especialmente sofisticado ni amante de asumir grandes riesgos.
Tuvo, eso sí, una ventaja importante: su cuñado trabaja en banca, en Caja Rural, y se convirtió en una de las personas de referencia a la hora de tomar decisiones financieras.
Flaño admite que prefería no recibir un aluvión de propuestas de inversión. "No me vuelvas demasiado loco con estos temas", era, en esencia, el mensaje que trasladaba a las personas que le asesoraban.
Entre las inversiones que sí realizó, una de las que recuerda con mayor satisfacción fue la relacionada con parques solares. Varios futbolistas participaron en este tipo de proyectos durante una época en la que las energías renovables estaban en auge.
La fórmula era relativamente sencilla: invertir en una instalación fotovoltaica y obtener ingresos a través de la electricidad generada. Según explica Flaño, la inversión podía amortizarse aproximadamente en un periodo de entre cinco y diez años, mientras que posteriormente continuaba generando beneficios.
El exjugador calcula que la rentabilidad llegó a situarse en torno al 5% anual, aunque reconoce que no dispone del porcentaje exacto. La inversión, además, continúa vigente, aunque se aproxima al final de su vida útil, estimada en unos 20 años.
No fue la única operación relacionada con la energía solar. Flaño volvió a invertir posteriormente en un proyecto similar y también destinó parte de su patrimonio al sector inmobiliario.
Mucho dinero fuera del riesgo
Precisamente el ladrillo representa, junto con las inversiones vinculadas a la energía, una parte importante de su patrimonio.
Flaño calcula que alrededor del 40-50% de sus inversiones está vinculado a activos tangibles, principalmente inmobiliario y energía solar. El resto lo mantiene mucho más diversificado y, sobre todo, con un perfil conservador.
Cuenta con dinero en cuentas bancarias, fondos de inversión y productos de capital garantizado que pueden ofrecer rentabilidades en torno al 2% o el 3%. También tiene una pequeña cantidad invertida en bolsa, más por curiosidad que como parte fundamental de su estrategia.
La criptomoneda, en cambio, queda completamente fuera de sus planes. "Cripto ni tocar", responde tajante durante la conversación.
Tampoco ha querido crear negocios propios. En algún momento llegó a plantearse montar un establecimiento hostelero, aprovechando la experiencia de su padre, que había sido cocinero, pero finalmente descartó la idea. La razón vuelve a ser la misma: no quería añadir más preocupaciones a su día a día.
Un perfil inversor conservador
Su perfil de riesgo también es revelador. Cuando se le pregunta por la clasificación de sus inversiones, explica que la mayor parte de ellas se sitúan en los niveles más conservadores, fundamentalmente en los perfiles 1 y 2.
Además, ha repartido parte de su patrimonio entre distintas entidades bancarias. La explicación es sencilla: no necesita asumir riesgos elevados para mantener un buen nivel de vida.
"¿Qué necesidad tengo de esto?", viene a plantearse cuando aparece una inversión que puede ofrecerle una rentabilidad mayor a cambio de aumentar considerablemente el riesgo.
Flaño reconoce que probablemente podría haber obtenido mayores rendimientos siendo más agresivo, pero esa nunca fue su prioridad.
A pesar de haber construido un patrimonio que le permite vivir con comodidad, Flaño tampoco cree que pueda dejar de trabajar y vivir indefinidamente de sus inversiones.
Actualmente cuenta con un sueldo como profesor y reconoce que no ha hecho los cálculos exactos para saber cuánto tiempo podría mantenerse exclusivamente con sus rentas. Tampoco parece tener demasiado interés en hacerlo.
El motivo no es únicamente económico. "Me motiva trabajar y me gusta", explica.
Su situación, por tanto, se parece más a la de alguien que ha conseguido construir una importante red de seguridad económica que a la de un exfutbolista que haya decidido retirarse definitivamente del mercado laboral.
La conversación termina con una cuestión especialmente relevante ante la llegada de las nuevas generaciones: qué haría Flaño si un futbolista de apenas 20 años comenzara de repente a ingresar cientos de miles de euros.
Su respuesta no tiene que ver con comprar coches, casas o artículos de lujo.
Le recomendaría rodearse de "una o dos personas de confianza que sepan de finanzas". Personas que conozcan su situación y puedan ayudarle a tomar decisiones, pero sin entregarles el control absoluto del patrimonio. "Yo preferiría estar o saber lo que se está haciendo con mi dinero", explica.
Y, sobre todo, evitar las inversiones excesivamente arriesgadas.
Es, en definitiva, la misma filosofía que ha aplicado durante su propia carrera: "asesorarse, diversificar, invertir en aquello que entiende y no poner en juego la tranquilidad por conseguir unos puntos más de rentabilidad".
Desde aquellos primeros 300 euros que cobró con 16 años hasta sus inversiones en energía solar, inmobiliario y productos conservadores, la historia financiera de Javi Flaño no es la de un futbolista que buscó hacerse rico rápidamente. Es la de un jugador que entendió pronto que una carrera deportiva tiene fecha de caducidad y que el verdadero objetivo no era gastar lo ganado, sino convertirlo poco a poco en patrimonio.
