Carlos Serrano
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Héctor Bellerín ha construido buena parte de su identidad pública en torno a una manera de entender el fútbol alejada de los códigos más tradicionales del vestuario.

El jugador del Real Betis defiende que el deporte profesional no debería limitar la personalidad de quienes lo practican ni reducirlos a una única condición: la de futbolistas.

A su juicio, el sistema de formación que rodea al fútbol de élite contribuye precisamente a esa visión reduccionista, al situar el rendimiento deportivo por encima de cualquier otra inquietud.

El lateral derecho señala una contradicción que considera especialmente significativa. Mientras otras disciplinas profesionales han desarrollado mecanismos para que los deportistas puedan mantener una formación académica paralela, en el fútbol de élite la presión por alcanzar cuanto antes el primer equipo puede terminar provocando el abandono de los estudios.

"En la NBA, si no te sacas una carrera universitaria, no puedes jugar. En el fútbol te están diciendo a los 16 años que dejes los estudios, que tienes que jugar con el primer equipo que te busque", sostiene Bellerín.

Héctor Bellerín, durante un partido de fútbol con el Betis. Europa Press

Esa desconexión con la sociedad es otro de los asuntos sobre los que el futbolista pone el foco. La popularidad, los salarios y el estatus que alcanzan los profesionales de primer nivel generan, según su análisis, una distancia creciente entre quienes juegan y quienes siguen el fútbol desde fuera.

"Hay mucha distancia entre el futbolista y, digamos, el ciudadano de a pie. Uno idolatra al otro, que no sabe relacionarse con él porque desconfía de sus intenciones. La mirada es vertical. Se crean unas dinámicas de poder que distancian", explica el jugador.

Para Bellerín, esa relación desigual dificulta que los futbolistas desarrollen una conciencia colectiva sobre el lugar que ocupan. La exposición pública y los privilegios asociados a la profesión pueden acabar generando una burbuja que aleje a los jugadores de determinados problemas sociales y de la realidad cotidiana de buena parte de la sociedad.

Su crítica alcanza también a la falta de cohesión entre los propios profesionales del fútbol masculino. Desde su perspectiva, el colectivo tiene capacidad para asumir una mayor responsabilidad social, aunque para ello considera necesario que los futbolistas sean capaces de ampliar la mirada más allá de los límites de su profesión.

La reflexión de Bellerín no se limita al sistema educativo. También cuestiona la manera en que el fútbol entiende conceptos como el esfuerzo, el sacrificio o el éxito. Son términos habituales en el discurso deportivo, pero el jugador considera que con frecuencia se plantean desde una perspectiva excesivamente individualista.

"Se habla mucho de los valores en el fútbol: del respeto, del sacrificio. Son valores superneoliberales que apuntan a la producción. Pero existen otros valores mucho menos individuales", defiende el deportista.

Desde su punto de vista, la cuestión cobra especial relevancia cuando se trata de jóvenes que empiezan a ser señalados como futuras estrellas con apenas 15 o 16 años.

A esa edad, la etiqueta de futbolista puede terminar ocupando prácticamente todo el espacio de su identidad, condicionando su formación, sus relaciones y la manera en que entienden su propio futuro.