Carlos Serrano
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João Cancelo ha recuperado su condición de futbolista del FC Barcelona a todos los efectos. El internacional portugués regresó a la disciplina azulgrana en enero, después de que el Al-Hilal aceptara su cesión, y terminó convirtiendo su continuidad en el club en una realidad tras unas negociaciones que se complicaron más de lo previsto.

La marcha de Ronald Araujo abrió además un escenario favorable para su permanencia y, finalmente, el defensa selló recientemente un contrato que le vincula con el Barça hasta 2029.

Su regreso, pese a no ser el de un futbolista desconocido para la afición barcelonista, tiene cierto aroma a incorporación de primer nivel. Su capacidad para actuar en las dos bandas, su facilidad para proyectarse en ataque y la experiencia acumulada en algunos de los grandes clubes europeos hacen de él un recurso especialmente valioso para el técnico alemán.

Pero detrás del jugador que se ha consolidado en la élite existe una historia mucho más personal. Una trayectoria marcada por la precariedad durante su infancia, por el enorme esfuerzo de su madre y por una tragedia familiar que condicionó para siempre su vida.

Durante su concentración con Portugal para el Mundial de 2026, Cancelo abrió una ventana a esa faceta menos conocida en una entrevista para el programa Alta Definición.

El futbolista repasó entonces los años más difíciles de su infancia y, especialmente, el papel que desempeñó su madre, Filomena, antes de morir en un accidente de tráfico.

Cancelo posa con la camiseta del Barça. FC BARCELONA

Cancelo pasó su infancia en Barreiro, dentro de una familia trabajadora y con recursos limitados. Su padre tuvo que marcharse durante determinados periodos a Suiza por motivos laborales, mientras Filomena asumió gran parte de las responsabilidades familiares.

"Siempre viví con mi madre, que era empleada doméstica y tenía tres trabajos al día. Empezaba limpiando una cafetería de seis a ocho. Luego, a las ocho y media, iba a una escuela primaria como ayudante de cocina. Y después, al salir de la escuela, limpiaba un hotel", explicó el jugador.

Poco después se desplazaba hasta una escuela primaria, donde trabajaba como ayudante de cocina, y al terminar allí continuaba trabajando en la limpieza de un hotel.

Ni siquiera el fin de semana suponía un verdadero descanso. Los sábados también trabajaba en Lisboa para otra persona y apenas disponía de tiempo libre. Para João, el único momento reservado al fútbol era el domingo.

“Los sábados seguía trabajando con una señora en Lisboa. Y solo tenía tiempo para jugar los domingos”, recordó.

La situación familiar también condicionaba su infancia. Mientras algunos de sus amigos podían viajar con sus padres durante las vacaciones, él solía quedarse en casa de sus abuelos.

Cuando preguntaba a su madre por qué no podía acompañarlos, la respuesta siempre estaba relacionada con el trabajo y con la necesidad de conseguir dinero.

Filomena perseguía, en realidad, un objetivo muy concreto: dejar atrás la vivienda de los abuelos y conseguir una casa para vivir junto a su marido y sus hijos. Para ello, aceptaba jornadas interminables.

Con el paso de los años, Cancelo comprendió el alcance de aquella renuncia y el papel decisivo que tuvo su madre en su vida.

En el colegio, además, no tuvo demasiados problemas académicos. Pese a la imagen de niño inquieto que él mismo reconoce, sus resultados eran buenos. Nunca fue un alumno brillante, pero sí mantenía unas calificaciones suficientes e incluso superiores a la media.

Su comportamiento era otra cuestión. Cancelo se define como un niño rebelde, bromista y demasiado inquieto. Las expulsiones del colegio eran relativamente habituales, aunque, pese a ello, no acostumbraba a suspender exámenes ni asignaturas.

Fuera de las aulas, su verdadera obsesión era el fútbol. El balón ocupaba buena parte de sus días y las calles de su barrio se convertían en improvisados campos de juego.

El portugués todavía recuerda los torneos que organizaban durante las vacaciones, con partidos rápidos y eliminaciones inmediatas para los equipos que empataban.

Con el tiempo, aquel entretenimiento infantil empezó a convertirse en una aspiración profesional. No todos en su entorno estaban convencidos de que pudiera vivir del fútbol.

Sus abuelos consideraban que se trataba de un camino demasiado complicado y temían que una apuesta tan incierta pudiera dejarle sin un futuro estable.

Su madre adoptó una postura completamente diferente. Filomena decidió respaldar la ambición de su hijo y le animó a intentarlo hasta el final. Si el fútbol no funcionaba, le aseguró que estaría a su lado para ayudarle a encontrar otra salida. Para Cancelo, aquella confianza terminó siendo fundamental.

La tragedia que lo cambió todo

El 5 de enero de 2013, la vida de João Cancelo dio un giro irreversible. El entonces jugador del Benfica B viajaba en coche junto a su madre y su hermano Pedro cuando sufrieron un accidente de tráfico. Los dos hermanos sobrevivieron con heridas leves, pero Filomena falleció.

Cancelo tenía 18 años. Años después, continúa recordando con extraordinaria precisión aquellos momentos. En la entrevista con Daniel Oliveira relató el último grito de su madre, el llanto de su hermano y su desesperado intento de levantar el vehículo para intentar liberarla.

La pérdida tuvo un impacto devastador. El fútbol, que hasta entonces había representado su gran ilusión, perdió todo su sentido. Cancelo dejó de encontrar satisfacción en aquello que había perseguido desde niño y llegó a plantearse abandonar su carrera.

Durante aquella etapa, describió su estado emocional como el de alguien que simplemente cumplía con una obligación. Entrenaba, jugaba y regresaba a casa, pero sin disfrutar de lo que estaba haciendo. La muerte de su madre había dejado un vacío que el fútbol no podía llenar.

En ese momento, el Benfica desempeñó un papel importante. Desde el club mantuvieron el contacto con él y trataron de evitar que se aislara, insistiendo en que seguían confiando en sus condiciones como futbolista.

El regreso no fue inmediato. Cancelo necesitó tiempo para recuperar las ganas de competir, pero finalmente volvió a los terrenos de juego. Poco a poco, su relación con el fútbol empezó a reconstruirse y recuperó una parte de la alegría que había desaparecido tras la tragedia.

Aquella vuelta no significó dejar atrás a su madre. Para Cancelo, aprender a vivir después de una pérdida tan profunda consistió precisamente en aceptar que debía continuar pese a su ausencia. La herida permaneció, pero también apareció la necesidad de seguir avanzando.

El futbolista reconoce que aquella experiencia dividió su vida en dos etapas claramente diferenciadas: la que existía antes de la muerte de Filomena y la que comenzó después. La segunda le obligó a asumir responsabilidades y a madurar mucho antes de lo que habría correspondido a alguien de su edad.