Anthony Gordon no ha necesitado demasiado tiempo para demostrar por qué el FC Barcelona decidió apostar por él. Apenas unas semanas antes del comienzo del Mundial de 2026, el club azulgrana anunció el fichaje del extremo inglés, que ponía fin a su etapa en el Newcastle para comprometerse con el Barça hasta 2031.
Después llegó la cita mundialista, en la que Inglaterra terminó en tercera posición, unas merecidas semanas de vacaciones y, finalmente, el momento que llevaba meses esperando: ponerse a las órdenes de Hansi Flick y comenzar a descubrir su nueva vida en Barcelona.
Ahora viste la camiseta de uno de los clubes más importantes del mundo, pero Anthony Gordon no olvida sus raíces ni las dificultades que marcaron sus primeros años.
Su historia comenzó en Norris Green, un barrio de Liverpool, antes de mudarse con su familia a Walton. Dos zonas humildes que contribuyeron a forjar su carácter y alimentaron su deseo de construir un futuro diferente.
"Nací en Norris Green, en Liverpool, y después me mudé a Walton. Ambos son barrios muy pobres, con muchas cosas que salen mal, pero hay cosas que salen mal en todas partes. Eso me hizo ser quien soy", explicó el futbolista al recordar sus orígenes.
Aquella infancia le dejó una enseñanza que todavía lleva consigo cada vez que salta al terreno de juego: el carácter. "Me inculcó una personalidad fuerte y una gran pasión por salir de allí y aspirar a un futuro mejor para mi familia. Siempre estará conmigo", añadió durante una entrevista concedida en el Mundial.
Su camino hasta la élite tampoco fue sencillo ni siguió una línea recta. Gordon fue descartado por el Liverpool cuando apenas tenía once años, un golpe especialmente duro al tratarse del club al que había apoyado desde niño.
Sin embargo, aquel rechazo no consiguió apagar su sueño. Poco después encontró una nueva oportunidad en la cantera del Everton, donde continuó creciendo hasta convertirse en un futbolista consolidado en la Premier League.
Anthony Gordon siente una enorme curiosidad por descubrir hasta dónde puede llegar como futbolista, pero también qué clase de persona puede llegar a ser. No le basta con ganar partidos, levantar títulos o instalarse cómodamente en la élite.
Su particular competición también se libra contra sí mismo. "Jugamos al fútbol y nos engañamos pensando que jugamos para ganar. Queremos ganar, por supuesto. Pero también queremos ver en quién podemos convertirnos".
