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Mucho ha llovido desde aquel 1 de junio de 2013 cuando José Mourinho dirigió por última vez al Real Madrid. Concretamente, 4.833 días. El portugués se despidió de la que había sido su casa durante tres años con una victoria ante Osasuna por 4-2. Trece años después, vuelve a La Liga.

No ha cambiado el contexto que explica su llegada al club blanco. Llegó en 2010 con el objetivo de acabar con la hegemonía de un Barça de Guardiola que parecía imparable y lo consiguió. Ante el Espanyol, el de Setúbal vuelve a ponerse al mando del equipo blanco también con la idea de plantar cara a un conjunto azulgrana dominante.

En los últimos siete Clásicos, el equipo que dirige Hansi Flick se ha llevado la victoria en seis. Tan solo Xabi Alonso en el primer enfrentamiento de la pasada temporada consiguió acabar con esa negativa tendencia, aunque posteriormente llegaron las derrotas en la final de la Supercopa y en el partido de vuelta en Liga. Para romper esos resultados llega Mourinho.

Aun así, la diferencia de aquel Real Madrid que dejó y el que se ha encontrado es notable. Se marchó de un club con nueve Champions y ahora asume la responsabilidad de coger el vestuario de una entidad que presume de tener 15 Copas de Europa en sus vitrinas.

Dejó el club con 32 títulos de Liga y lo coge ahora con 36. Cuatro campeonatos domésticos en los últimos trece años, el último en la 23-24. La Liga prima la regularidad y eso es lo que va a intentar conseguir Mourinho este año, aunque su poderío en la primera etapa no llegó hasta el segundo año.

Unos comienzos irregulares

De las tres temporadas de Mourinho al frente del Real Madrid, en dos el conjunto blanco comenzó LaLiga sin conocer la victoria. El estreno del portugués en el campeonato nacional se produjo el 29 de agosto de 2010, con un empate sin goles ante el Mallorca en Son Moix.

La segunda versión del Madrid de Mourinho fue, con diferencia, la más poderosa. Aquel equipo puso fin al dominio del Barcelona de Guardiola en LaLiga y se quedó a las puertas de la ansiada Décima.

Mourinho en un entrenamiento con el Real Madrid Reuters

El sueño europeo se desvaneció en las semifinales de la Champions, cuando el Borussia Dortmund de Lewandowski y Klopp castigó al conjunto blanco con cuatro goles en el

En el campeonato doméstico, sin embargo, el Madrid arrancó de manera arrolladora. La primera jornada dejó una contundente goleada por 0-6 en La Romareda ante el Zaragoza, con un Cristiano Ronaldo desatado y autor de un triplete.

La tercera temporada de Mourinho en el banquillo, la que durante años pareció destinada a convertirse en el epílogo de su etapa en el club, comenzó marcada por las dudas.

El equipo sólo logró una victoria en sus cuatro primeros partidos de Liga, un 3-0 ante el Granada en el Santiago Bernabéu. Antes había empatado frente al Valencia (1-1) y, después, encadenaría derrotas ante el Getafe y el Sevilla.

Para entonces, la relación entre el técnico portugués y algunos de los pesos pesados del vestuario ya mostraba grietas evidentes. Pese a ello, aquel Madrid volvió a quedarse a un paso de la final de la Champions.

El Bayern de Múnich se interpuso en su camino y una cruel tanda de penaltis en el Bernabéu puso fin al sueño europeo.

Mourinho regresa a un Real Madrid que necesita volver a competir en LaLiga y que, en los últimos años, ha visto cómo el Barcelona ha teñido de azulgrana uno de los títulos más importantes de la temporada.

El portugués conoce mejor que nadie lo que significa asumir ese pulso y convertirlo en el eje de un proyecto.

José Mourinho, dando indicaciones en un partido del Benfica Reuters

Su llegada también supone recuperar un perfil de entrenador que entiende el campeonato desde la competitividad. Mourinho nunca ha necesitado demasiado tiempo para identificar dónde está el enemigo y cuál es el camino para combatirlo.

En Madrid, además, encontró en su día una plantilla capaz de competir al límite, con Cristiano Ronaldo como principal estandarte y una generación que terminó consolidándose como una de las más importantes de la historia reciente del club.

Ahora deberá construir su propia respuesta con un escenario diferente. El vestuario ya no gira alrededor de las mismas figuras y el fútbol ha evolucionado, pero la exigencia permanece intacta.

El Madrid no sólo necesita sumar puntos: necesita recuperar la sensación de superioridad en una competición en la que cada tropiezo puede resultar decisivo.

En busca de la reacción

Ahí aparece uno de los grandes interrogantes de este nuevo proyecto. Mourinho vuelve con un pasado que le precede, pero no podrá vivir de él. Su primera etapa le concede crédito y conocimiento del entorno, pero será el presente el que determine el éxito de su regreso. Y en ese presente el Barça es el rival a batir.

Esta noche, el Madrid afronta el nuevo curso después de una temporada en blanco. Es por ello que la ausencia de trofeos convierte el regreso del portugués en una oportunidad para cambiar el rumbo desde el primer momento.

En el club más grande del mundo, una temporada sin títulos no se interpreta como un simple accidente: obliga a reaccionar. Y Mourinho llega precisamente con la misión de hacerlo, devolviendo al equipo la regularidad necesaria para competir por todo.

Su experiencia en contextos de máxima presión puede convertirse en uno de sus principales argumentos. El portugués vuelve al Real Madrid en un momento en el que el club necesita reconstruir certezas y transformar la decepción de la última temporada en un impulso.

El objetivo es claro: volver a levantar un trofeo y poner fin cuanto antes a una sequía que, para un equipo de la dimensión del Madrid, siempre se hace demasiado larga.