A sus 65 años, el seleccionador nacional Luis de la Fuente presume de un estado físico que despertaría envidias entre muchos futbolistas en activo. Su secreto no esconde atajos ni suplementos milagrosos: la clave reside en una devoción absoluta por el entrenamiento, que ha convertido en su religión personal. Durante una charla en Post United, el técnico desveló los pilares de este estilo de vida innegociable, desgranando unos hábitos que le mantienen en plenitud.
Cada mañana, antes de pisar los campos de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, dedica aproximadamente una hora al trabajo de fuerza. En sus sesiones prioriza el tren superior, ejecutando con técnica y sin prisas ejercicios clásicos como el press de hombros con mancuernas o el curl de bíceps.
La estructura de sus entrenamientos es sencilla pero efectiva: "Tengo una rutina semanal. Empiezo por pecho, espalda, al día siguiente brazo y lo voy repitiendo", explica. Para De la Fuente, el verdadero mérito no está en hacer grandes esfuerzos puntuales, sino en la perseverancia inquebrantable. Según detalla, esta regularidad es la que separa a quienes logran resultados de quienes se quedan por el camino, ya que "lo más importante es tener la disciplina de hacerlo todos los días del año. No fallo nunca".
En este sentido, añade una máxima clara sobre la constancia: "No sirve de nada entrenar tres horas un día y luego pasarte una semana sin hacerlo. Es mejor entrenar menos tiempo, pero de forma constante".
Este vínculo con las pesas nació como una necesidad terapéutica en su etapa de jugador, con el objetivo de proteger las rodillas que tanto le atormentaron y fortalecerse sin castigar las articulaciones del tren inferior.
Sin embargo, hoy en día cumple una función psicológica fundamental. Esa hora diaria es un oasis que le permite lidiar con las exigencias de dirigir a la selección nacional, un espacio donde puede ordenar sus ideas o, simplemente, vaciar la mente. Como él mismo confiesa, "es mi momento de relax. Hay veces que pienso en el trabajo y otras veces no pienso en nada".
Para el técnico riojano, el gimnasio trasciende lo puramente físico; es el lugar donde practica a diario valores como el esfuerzo, la disciplina y la capacidad de sufrimiento. "Para mí el deporte es una forma de vida. Me han educado así y sé que sin deporte no podría vivir", sentencia.
Curiosamente, esta estricta rigurosidad deportiva contrasta con un enfoque nutricional mucho más relajado. De la Fuente no sigue dietas severas; come casi todos los días en la cafetería de la RFEF junto al resto de los trabajadores y no renuncia a platos tradicionales como unos huevos fritos con patatas o a disfrutar, ocasionalmente, de una copa de vino.
Además, complementa su rutina con otras actividades como la natación, la escalada y el ciclismo para no perder movilidad ni resistencia. En definitiva, su día a día es la prueba viviente de que los resultados sostenibles no entienden de fórmulas mágicas, sino de la capacidad de convertir el ejercicio en un hábito inquebrantable, demostrando que la edad no es una barrera cuando sobra disciplina.
