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Durante gran parte de su trayectoria en el banquillo del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone mantuvo una postura sumamente tajante respecto a la posibilidad de entrenar a alguno de sus hijos en el fútbol profesional.

Sin embargo, el progresivo ascenso deportivo de Giuliano Simeone provocó una evolución evidente en su discurso, reflejando su pragmatismo táctico y su capacidad para separar la afectividad paternal de las exigencias del alto rendimiento.

El origen de este principio ético y profesional se remonta a septiembre de 2018. En aquel momento, cuando su primogénito Giovanni Simeone brillaba como goleador en la Fiorentina de la Serie A, el técnico fue categórico durante una entrevista concedida a la cadena COPE.

"Es muy difícil tener a un hijo en el vestuario, tanto para él como para la dinámica del grupo. Siempre comenté que nunca veía posible dirigir a un hijo porque genera una tensión y un compromiso innecesarios".

En diversas intervenciones de la época, Simeone argumentaba que solicitar a la directiva colchonera un desembolso económico para fichar a Giovanni crearía un ambiente sospechoso y perjudicial para el propio jugador.

El viraje conceptual y público se escenificó el 3 de noviembre de 2024. Tras la victoria del Atlético de Madrid por 2-0 ante la UD Las Palmas en el Metropolitano, jornada en la que Giuliano anotó su primer gol, un periodista cuestionó al entrenador en la rueda de prensa posterior sobre qué había cambiado exactamente respecto a sus viejas afirmaciones.

Simeone no esquivó el debate y explicó la diferencia fundamental entre ambos escenarios: "Es una buena pregunta. Nosotros no fuimos a buscar a Giuliano a ningún club; él ya estaba integrado en la cantera del Atlético, salió cedido para ganar experiencia y regresó por méritos propios".

Acto seguido, pronunció la célebre matización: "Siempre dije que no veía posible dirigir a un hijo", añadiendo: "pero hoy no lo miro desde el prisma familiar, sino como a un futbolista más. Si se llama Simeone o se llama Pérez, a mí me da igual, yo lo que quiero es ganar partidos".

En esa misma comparecencia ante los medios de comunicación en Madrid, reforzó su planteamiento con su habitual estilo directo: "Soy su padre, pero no soy tonto. Mientras Giuliano nos aporte la energía, la agresividad y la entrega que el equipo necesita, seguirá jugando. El día que no rinda, le tocará estar en el banquillo".

De este modo, el 'Cholo' diferenció con claridad entre fichar a un familiar en el mercado y promover a un canterano formado en la institución, consolidando un criterio donde el rendimiento sobre el césped se impone tajantemente sobre los lazos de sangre.