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Josh Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estudia entrar en la nueva filial comercial que la FIFA quiere crear para gestionar parte de sus negocios y eventos.

La operación refuerza el foco político sobre el presidente del organismo, Gianni Infantino, y sobre su creciente cercanía con el entorno de Trump.

La FIFA anunció este miércoles su intención de poner en marcha FIFA Forward Enterprise (FFE), una sociedad valorada en 20.000 millones de dólares. El plan pasa por vender el 20% del capital y obtener así unos 4.200 millones de dólares.

La idea, en la práctica, abre la puerta a inversores privados en un negocio ligado al Mundial de fútbol y al resto de operaciones comerciales del organismo.

Según informó Politico, Thrive Capital, la firma de capital riesgo de Kushner con sede en Nueva York, estaría interesada en participar en la nueva estructura.

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El medio estadounidense añadió que Kushner se habría comprometido con la FIFA a actuar como garante en la búsqueda de inversores, un proceso que pilotará J.P. Morgan.

La FIFA sostiene que quienes entren en ese 20% serán socios financieros, pero no tendrán acceso a la gestión del fútbol ni control sobre la nueva compañía.

Josh Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estudia entrar en la nueva filial comercial de la FIFA Reuters

Ese matiz es clave para la organización, que intenta separar la operación comercial de las decisiones deportivas. Aun así, la propuesta ha despertado recelos dentro y fuera de Estados Unidos.

La relación Trump-Infantino

El proyecto llega en un momento especialmente sensible para Infantino. El presidente de la FIFA ha estrechado su relación con Trump y con su círculo a raíz de la organización del Mundial de 2026, que se disputó en Estados Unidos, México y Canadá.

Esa cercanía ha alimentado las críticas sobre el modo en que FIFA está tejiendo su expansión comercial.

La principal objeción ha llegado desde Europa. La UEFA y otras federaciones han cuestionado la falta de consulta y han advertido de que abrir el negocio del Mundial a capital privado puede alterar el modelo de gobernanza del fútbol.

El temor es que una competición que funciona como activo global pase a depender más de intereses financieros que de criterios deportivos.

La entrada de Thrive Capital añade además una capa familiar y política. Jared Kushner no figura como inversor, pero su hermano aparece ahora como uno de los nombres vinculados al proyecto.

Para los críticos de Infantino, eso confirma que la FIFA está abriendo una vía de negocio con conexiones directas al universo Trump.

En paralelo, el nombre de Kushner no es el único que genera debate. The Times ya había apuntado a otros vínculos con figuras próximas a Trump en torno al plan de monetización de la FIFA, lo que ha reforzado la idea de que la operación tiene un fuerte componente político.

El organismo, sin embargo, insiste en que busca inversores de distintas regiones y que su intención es diversificar el capital.

La silueta de Gianni Infantino, presidente de la FIFA. Reuters

La FIFA defiende que el proyecto no busca ceder el control del fútbol, sino captar financiación para reforzar su estructura comercial. Pero el contexto hace que el mensaje sea difícil de separar de la polémica.

La entidad quiere presentar la nueva filial -FFE- como una herramienta de expansión global. Sus críticos, en cambio, la ven como un paso más hacia la privatización de una parte sensible del negocio del Mundial.

Por ahora, el debate ya ha logrado lo que Infantino probablemente quería evitar: colocar de nuevo a la FIFA en el centro de la discusión sobre poder, dinero e influencia política. Y esta vez, con un apellido muy cercano a la Casa Blanca en primera línea.