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Detrás de los focos de los estadios más imponentes y la consagración internacional en la élite del fútbol, se esconde la historia de un niño que no entendía de horarios, lujos ni responsabilidades ajenas a una pelota.

Vinicius Junior abrió su corazón en una entrevista concedida a la Revista GQ, en la que rememoró con orgullo las luces y sombras de su infancia en São Gonçalo, Río de Janeiro.

A sus 26 años, consolidado como el gran referente de la "Canarinha", el atacante dejó una revelación que retrata a la perfección su obsesión temprana por este deporte: "Mi padre se enfadaba porque siempre estaba en la calle. Alguna vez hasta me olvidaba de comer".

Para Vinicius, las calles de su barrio natal representaban un universo infinito donde el tiempo se detenía. Aquellas jornadas interminables jugando descalzo junto a sus amigos construyeron la personalidad irreverente que hoy despliega sobre el césped.

Su progenitor, José Paixão de Oliveira, lidiaba diariamente con la inagotable energía de un hijo que ignoraba el regreso a casa con tal de seguir dándole toques al balón. "Creo que eso se debe a que me gustaba mucho el fútbol", justificó el propio jugador.

Vinicius, con la selección de Brasil durante el Mundial. Reuters

Lejos de rehuir de su pasado humilde, el extremo del Real Madrid insistió en que recordar estos episodios es vital para mantener los pies en la tierra: "Negar nuestras raíces es despreciar la base que nos sostiene".

El testimonio del brasileño también desveló los singulares métodos pedagógicos de su padre para mantenerlo motivado y disciplinado. Según relató a GQ, para conseguir cualquier capricho material o regalo, primero debía cumplir objetivos estrictos en el terreno de juego, como anotar 20 goles o repartir 10 asistencias.

Esta singular exigencia moldeó el carácter competitivo y la resiliencia que hoy le caracterizan en los momentos más tensos de la alta competición.

A pesar de ser actualmente una de las figuras más influyentes del planeta fútbol, la influencia paterna sigue intacta en su rutina. "Mi padre me enseñó a ser humilde, tener carácter y personalidad desde niño", sentenció un Vinicius que, con madurez y mirada fija en el futuro, utiliza su altavoz actual para impulsar la educación de los niños en Brasil a través de su fundación.

Su viaje comenzó olvidándose de comer por patear un balón viejo; hoy, el mundo entero se detiene para mirarlo jugar.