A. M.
Publicada
Actualizada

Axel Witsel ha construido, a la sombra de su carrera como futbolista, un perfil empresarial tan llamativo como discreto.

El ex del Atlético de Madrid, conocido por su longevidad, su disciplina táctica y su capacidad para adaptarse a distintas etapas y equipos, también ha sabido aplicar una parte de esa mentalidad al mundo de los negocios. Lejos de limitarse a vivir de su carrera deportiva, ha ido diversificando sus intereses en sectores tan distintos como la aviación, la inmobiliaria, la moda y el vino.

Su caso encaja con el de varios futbolistas de élite que, conscientes de que el fútbol tiene fecha de caducidad, empiezan a construir una segunda vida mientras todavía están en activo. En el caso de Witsel, ese paso no parece fruto de una improvisación, sino de una estrategia pensada para sacar partido a sus ingresos y asegurar su futuro una vez cuelgue las botas. La idea es sencilla: convertir una carrera deportiva exitosa en una base sólida para una trayectoria empresarial igualmente rentable.

Uno de los negocios más llamativos que se le atribuyen es su vínculo con el sector de la aviación. Witsel llegó a hablar públicamente de su participación en LindSky, una compañía en la que invirtió con la intención de crecer más allá del simple papel de accionista.

No se trata solo de poner dinero, sino de implicarse en un proyecto que le atrae de verdad. Ese detalle encaja con la imagen de un futbolista metódico, poco dado al ruido, pero con ambición para explorar terrenos nuevos.

Otro de los campos en los que habría centrado sus inversiones es el ladrillo. La inmobiliaria sigue siendo uno de los refugios clásicos para muchos deportistas de alto nivel, y Witsel no ha sido una excepción.

El atractivo de este sector está en su estabilidad relativa y en la posibilidad de generar patrimonio a largo plazo, algo especialmente valioso para quienes han acumulado ingresos importantes durante su etapa profesional. En ese contexto, la apuesta por la vivienda o los activos inmobiliarios tiene mucho sentido como base de una cartera diversificada.

A esos movimientos se suman referencias a inversiones en moda y vino, dos mundos que suelen atraer a perfiles con una imagen pública consolidada. En el caso de Witsel, ambos sectores refuerzan esa idea de mezcla entre estilo de vida, marca personal y negocio. La moda conecta con la parte estética y aspiracional del deportista; el vino, con un producto de prestigio, tradición y margen para crear relaciones comerciales de largo recorrido.

La imagen que deja Axel Witsel es la de un futbolista que no ha querido depender únicamente del césped. Su éxito fuera del campo parece apoyarse en una fórmula muy concreta: diversificar, elegir sectores con proyección y mantener un perfil bajo mientras construye patrimonio. Esa combinación entre aviación, ladrillo, moda y vino dibuja a un deportista que entiende el valor de anticiparse al futuro y de convertir su nombre en algo más que una camiseta.