C. S.
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El verano ya está aquí y, con él, el momento de desconectar para muchos deportistas y entrenadores de élite antes de afrontar una nueva temporada. Entre ellos se encuentra Cesc Fàbregas, técnico del Como, que disfruta de unas merecidas vacaciones tras firmar una campaña histórica al frente del conjunto italiano.

Después de devolver al club a la Serie A y consolidarlo entre los mejores del campeonato, el catalán ha elegido un destino muy especial para descansar: Arenys de Mar, el municipio barcelonés donde nació.

Ubicado en la comarca del Maresme, entre el macizo del Montseny y el parque natural del Corredor-Montnegre, Arenys de Mar cuenta con cerca de 17.000 habitantes y destaca por su estrecha vinculación con el Mediterráneo.

Su riqueza histórica y cultural es uno de sus principales atractivos. La localidad conserva una iglesia parroquial del siglo XVI, mantiene el legado de las antiguas torres de defensa levantadas para proteger la costa de los ataques piratas y alberga un cementerio que inspiró al poeta Salvador Espriu para crear el universo literario de Sinera.

El casco urbano combina el encanto de las tradicionales casas marineras con edificaciones rehabilitadas de fachadas coloridas, patios y terrazas, mientras que en las zonas más elevadas predominan modernas villas con vistas al mar, reflejo de la evolución urbanística del municipio.

Cesc Fàbregas, durante el partido ante el Monza la temporada pasada. Europa Press

Situado en la desembocadura de la riera de Arenys, que comunica la localidad con Arenys de Munt y el interior de la comarca, el municipio alberga el principal puerto pesquero de la provincia de Barcelona, además de un importante puerto deportivo.

La actividad portuaria es el gran motor económico de Arenys de Mar y concentra buena parte de la flota pesquera de la zona. Cada tarde, la llegada de las embarcaciones y la tradicional subasta de pescado en la lonja se convierten en uno de los grandes reclamos para vecinos y visitantes.

De allí salen algunos de los productos más apreciados de Cataluña, con especial protagonismo para las famosas gambas de Arenys.

Allí creció rodeado de su familia, de amigos de siempre y de interminables tardes jugando al fútbol, en un entorno sencillo que poco tenía que ver con la fama que llegaría años después.

En una entrevista a Samanta Villar, el exfutbolista recordaba lo que supone regresar a su pueblo. "Cuando vengo aquí solo tengo ganas de ver a amigos. Todo el mundo me conoce desde pequeño así que la gente es un poco como '¡Ah, Cesc!', pero no le dan más importancia".