Luis Figo construyó una segunda carrera tan llamativa como la primera. Después de colgar las botas en 2009, el exinternacional portugués no se limitó a disfrutar de su retiro, sino que fue diversificando su actividad hasta convertirse en un empresario con intereses en la moda, el ladrillo, la alimentación y el sector minero.
Su nombre sigue ligado al fútbol, pero hoy su presencia también se asocia a inversiones, sociedades y proyectos con los que ha sabido mantener una posición económica muy sólida.
Uno de sus movimientos más visibles ha sido su desembarco en la moda de lujo. Figo impulsó su firma LF, una marca enfocada en ropa y accesorios masculinos, con una imagen premium y un enfoque claramente comercial.
La apuesta encaja con su perfil público: una figura internacional, vinculada durante décadas a la elegancia y al escaparate mediático, que ha sabido trasladar ese valor de marca a un negocio propio.
No se trata solo de poner su nombre en productos, sino de construir una línea con identidad propia y vocación de permanencia.
También el ladrillo
A eso se suma su interés por el negocio inmobiliario. Figo ha invertido en propiedades y sociedades ligadas al ladrillo, especialmente en España y Portugal, un sector donde el exfutbolista ha movido parte de su patrimonio con operaciones de distinto perfil.
Estas inversiones, según distintas informaciones publicadas en los últimos años, le han generado tanto beneficios como pérdidas, lo que demuestra que su estrategia ha sido activa y no meramente conservadora. En su caso, el negocio inmobiliario funciona como una pieza clave de diversificación.
Pero si hay una cifra que resume bien su nueva vida empresarial es la de la alimentación. Figo participa en Elgorriaga Brands, la histórica galletera en la que entró como accionista y que ha experimentado un importante impulso comercial.
La empresa ha llegado a facturar alrededor de 15 millones de euros, una referencia que coloca al exjugador en un entorno de negocio mucho más amplio de lo que muchos podrían imaginar. En este terreno, Figo no aparece como una figura decorativa, sino como parte de una estructura con peso económico real.
Su actividad no acaba ahí. También se le ha relacionado con inversiones en minería, a través de sociedades como Damash Assets y Damash Minerals, además de proyectos de imagen y consultoría deportiva.
En paralelo, la UEFA lo incorporó como asesor de fútbol, una labor que le permite seguir conectado al deporte desde una perspectiva institucional y estratégica. Es decir, Figo no solo ha sabido monetizar su fama, sino que ha encontrado distintas vías para seguir siendo influyente.
La imagen final es la de un exfutbolista que no se quedó en la nostalgia. Figo pasó de ser una estrella del balón a un perfil empresarial con presencia en varios sectores, capaz de combinar prestigio, inversión y visibilidad.
Su caso es uno de los ejemplos más claros de cómo una gran carrera deportiva puede transformarse en una trayectoria económica y profesional de largo recorrido.
