En la costa gallega, lejos del ruido mediático, se encuentra Moaña. Este enclave situado en Galicia, concretamente en Pontevedra, se ha convertido en uno de los refugios habituales de Iago Aspas, quien aprovecha para desconectar y para volver al lugar donde nació.
La localidad no destaca por tener grandes monumentos ni por el turismo, sino por su autenticidad. Su paisaje está marcado por la ría de Vigo, frondosos montes y senderos que se adentran en bosques húmedos. Con 19.000 habitantes en una superficie de 32 kilómetros cuadrados, se ubica como uno de los municipios con mayor densidad de Galicia.
Pero si hay un lugar que resume la esencia de Moaña, ese es la Poza de Moura, una piscina natural escondida entre la vegetación. Formada por el curso del río Miñouba, la poza ofrece aguas cristalinas, una pequeña cascada y un entorno que recuerda a un santuario natural.
Sin embargo, lo que realmente la hace única es la leyenda que la rodea. Según la tradición gallega, en este lugar habitaba una “moura”, una figura mitológica asociada a la belleza y al misterio.
La historia cuenta que se enamoró de un campesino, pero la tragedia marcó su destino cuando su padre acabó con la vida del joven. Desolada, la moura se lanzó a la poza, y desde entonces, dicen, su espíritu aparece en noches señaladas como la de San Juan, peinando su cabello con un peine de oro o lamentándose junto al agua.
Iago Aspas alarga todavía más su leyenda en el Celta
Más allá de las leyendas, Moaña guarda un valor histórico incuestionable. La presencia humana en este territorio se remonta a más de 5.000 años, con restos que evidencian asentamientos neolíticos.
Este pasado remoto convive hoy con una tradición marinera muy arraigada, donde la pesca y el marisqueo siguen siendo pilares económicos y culturales. De hecho, el municipio cuenta con tres puertos deportivos donde el principal protagonista es el mejillón, que se cultiva en bateas, que son plataformas de madera ancladas.
Además de esto, Moaña alberga el monte Faro de Domaio con una altura de 624 metros, lo que la hace la cima más alta del Morrazo, la zona costera entre las rías de Vigo y Pontevedra.
Para figuras como Iago Aspas, acostumbradas a la presión constante, lugares como Moaña ofrecen algo difícil de encontrar, la autenticidad. Un lugar donde recuerda cómo fueron sus inicios y cómo era la vida antes de convertirse en la máxima estrella del Celta de Vigo.
