Lejos del ruido del fútbol de élite, de los estadios llenos y de la presión mediática que rodea al capitán del Atlético de Madrid, existe un pequeño rincón en España donde Koke Resurrección encuentra calma. Se trata de Santibáñez el Bajo, una localidad de apenas 711 habitantes que se ha convertido en el refugio personal del centrocampista rojiblanco.
Ubicado al norte de la provincia de Cáceres, este municipio extremeño representa todo lo que escapa del ritmo frenético de las grandes ciudades. Rodeado por parajes naturales y enclavado entre el río Alagón y la Rivera del Bronco, el entorno ofrece un paisaje de dehesas, olivares y encinas centenarias que invitan a la desconexión total.
En ese pueblo es donde la mujer del futbolista, Beatriz Espejel, se crio con sus abuelos y además, ambos eligieron una finca muy cercana para casarse hace varios años ya.
Pero Santibáñez el Bajo no solo destaca por su tranquilidad. También guarda un importante valor histórico que lo hace aún más singular. Hay restos de asentamientos celtíberos y vetones que se ubican entre los siglos IX y II a.C.Además cuenta con la iglesia parroquial de Santiago Apóstol que tiene elementos de los siglos XVI y XVII.
El municipio, además, cuenta con un elemento poco conocido pero de gran valor histórico: en sus alrededores se ha documentado la presencia de una estela funeraria de la Prehistoria, testimonio de los primeros asentamientos humanos en la zona. Este tipo de vestigios refuerzan el carácter histórico de un pueblo pequeño pero con un pasado que se remonta miles de años atrás.
Beatriz con su marido Koke.
Más allá de este patrimonio, la vida en Santibáñez el Bajo está marcada por la sencillez. Con poco más de 700 habitantes, forma parte de esa España rural donde el tiempo avanza sin prisas y donde las relaciones personales siguen siendo cercanas. En verano, eso sí, el número de vecinos aumenta con la llegada de familiares y visitantes, entre ellos la propia familia de la mujer del capitán rojiblanco
Para Koke, este destino no es casual ni puntual. Su vínculo con el pueblo está directamente relacionado con su entorno más cercano, lo que convierte cada visita en algo más que una escapada. Es, en realidad, una forma de reconectar con una parte importante de su vida fuera del fútbol.
Así, mientras su día a día transcurre entre entrenamientos, partidos y compromisos con el Atlético de Madrid, Santibáñez el Bajo se mantiene como ese lugar al que volver cuando necesita desconectar. Un enclave discreto, con historia y significado personal, que se ha convertido en su refugio lejos del foco mediático.
