En el corazón de la España vaciada, un diminuto municipio segoviano de apenas 92 habitantes ha escrito una página inolvidable en la historia del fútbol español.
Jorge de Frutos, el veloz extremo del Rayo Vallecano, se ha convertido en el primer internacional absoluto salido de Navares de Enmedio, superando todos los pronósticos y demostrando que el talento no entiende de censos ni de infraestructuras.
Este pueblo enclavado en la comarca de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda, a una hora de Segovia y hora y media de Madrid, no cuenta con un campo de fútbol reglamentario.
Allí, el joven Jorge, nacido en 1997, dio sus primeros pasos futbolísticos en el frontón municipal junto a la iglesia de Santiago Apóstol, un edificio del siglo XVI que sirve de pared para improvisadas porterías marcadas con dos simples piedras.
"Sin casi amigos con los que jugar", como relatan los vecinos, el niño regateaba en la calle o en esa pista polivalente compartida con baloncesto, forjando un estilo callejero que hoy deslumbra en LaLiga.
La humildad define los orígenes de De Frutos. Su familia, dedicada al campo, regenta el único bar del pueblo, donde su padre Faustino sirve cañas y donde los escasos vecinos se reúnen para ver los partidos de su estrella local.
Comprar botas era un lujo: la tienda más cercana estaba a una hora de distancia, y fueron parientes en Madrid quienes las facilitaron. Jorge emigró a la capital para probarse en el Rayo Vallecano, donde pasó de la cantera al primer equipo en División de Honor, logrando el ascenso clave en tres temporadas.
Un pueblo modesto
Navares de Enmedio, de 24,61 km² y a 1.039 metros de altitud, rebosa curiosidades que contrastan con su fama futbolera. La Senda de los Navares, un ruta de 7 km por el arroyo que une este pueblo con Navares de las Cuevas y Navares de Ayuso, ofrece un paisaje idílico con merendero y parque infantil junto al puente de San Roque.
La Casa del Jardín, con blasones en la fachada, y fiestas como la Rogativa (10 de junio) o la Virgen del Pilar (12 de octubre) completan su encanto rural. El frontón, ahora decorado con fotos y trofeos de Jorge como un improvisado museo, fue testigo de la euforia vecinal durante su debut: el bar se llenó de gritos cuando saltó al césped.
Hoy, con 28 años, De Frutos acumula más de 150 partidos en Primera, goles decisivos y una convocatoria que honra a su "santuario". "Mis padres, familia, mi hermano, el pueblo… todo el mundo puso su granito de arena", dijo el jugador en redes de la RFEF.
Su historia inspira: de un pueblo sin campo a la Roja, demostrando que el hambre de gol nace donde menos se espera. Navares de Enmedio, con sus 90 almas, celebra a su héroe mientras el fútbol español mira al horizonte
