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El partido lo tiene absolutamente todo. Deudas históricas, guiños al pasado, reputaciones en juego y también polémica. Mucha polémica. En juego está el pase al Mundial, y eso es lo que se disputan hoy Bosnia e Italia (20:45 horas, Zenica) en un partido a vida o muerte.

El drama está asegurado. Pase lo que pase, habrá lágrimas derramadas una vez que finalice el partido. Pero especialmente grave será la situación si quienes terminan llorando son los jugadores italianos.

Ya resulta inaceptable que una selección de la categoría de la azzurra haya faltado a su cita con los dos últimos Mundiales. Encabezar un tercer fracaso consecutivo supondría un desastre nacional sin precedentes para un país acostumbrado a escribir algunas de las páginas más doradas de la historia del fútbol.

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Desde el primer día el enfrentamiento ha venido marcado por una escalada de tensión que nadie sabe cómo puede terminar. En el momento en el que los transalpinos conocieron que evitaban a Gales y se medirían a Bosnia se desataron las celebraciones.

Eso ha dolido en el país balcánico, que tiene preparada una trampa y que, curiosamente, acumula los mismos años que Italia sin jugar un Mundial, doce. Contará además Bosnia con el apoyo más inesperado, el de Novak Djokovic, que se ha volcado con sus vecinos estará animando desde la grada como uno más.

Italia no lo soportaría

Es la tercera vez consecutiva que Italia tiene que acudir a la repesca para tratar de entrar en un Mundial. En el camino a Rusia 2018 Suecia firmó la primera debacle. Buscando Qatar 2022 fue Macedonia del Norte la que le sacó los colores a la Azurra.

La ausencia de Italia en 2018 fue un shock, ya no sólo para el propio país, sino para el planeta fútbol. Resultaba complicado imaginarse una Copa del Mundo sin Italia. Desde 1958 no sucedía un evento de tal magnitud, pero ese bache dio lugar a una crisis terrible.

Gatusso, seleccionador de Italia. REUTERS

La victoria en la Eurocopa de 2020 pareció reconciliar a Italia con su grandeza, pero resultó ser pan para hoy y hambre para mañana. La clasificación del siguiente Mundial vio una nueva catástrofe y una selección menor como Macedonia del Norte dejó en la cuneta al equipo italiano.

Pero Italia no aprende de los errores y se encuentra de nuevo a 90 minutos -o 120- de protagonizar una de las mayores debacles que se recuerdan en el fútbol de selecciones. Un tercer Mundial consecutivo para los de Gatusso desde la televisión sería insoportable.

Ecos del pasado

Ahora se juntan a las puertas de la gloria Italia y Bosnia, pero la historia de ambas selecciones viene de lejos y tiene un relato peculiar.

Italia fue la primera selección en jugar el reformado Estadio Kosevo. Hasta los Acuerdos de Dayton en 1995, Bosnia estuvo en guerra, así que aquel partido del 6 de noviembre de 1996 se entendió como un nuevo paso en el contexto político del país.

El partido se jugó a mediodía para aprovechar la luz natural, ya que el estadio todavía no contaba con iluminación instalada. Por entonces, Bosnia recibía a una Italia que venía de ser subcampeona en Estados Unidos 1994 y los balcánicos se mostraron muy agradecidos por el gesto.

"Queremos brindarles tranquilidad a estas personas. Jugar en Sarajevo después de cuatro años significa que estamos volviendo a la normalidad", dijo Sacchi en la previa.

Hasta 40.000 personas se dieron cita en aquel partido según las crónicas de la época, una amalgama que mezclaba veteranos de guerra y familias ilusionadas con el futuro del nuevo país.

Paso a la polémica

Aquel hermanamiento ha dado paso en la actualidad a un contexto muy diferente. Pese a que el gesto histórico sigue ahí, ahora hay en juego un pase al Mundial y los ánimos están muy caldeados mientras se espera la llegada del partido.

La mecha se encendió en el día cero. Cuando Italia supo que se enfrentaría en la final de esta repesca a Bosnia y no a Gales hubo gestos de celebración. Pensaban que se trataba de un rival más asequible y que, por lo tanto, sus opciones de salir victoriosos crecían considerablemente.

Eso enfureció a los bosnios, que claman por reivindicarse y vengarse de esa actitud altiva de los italianos.

El cruce de dardos ha ido en aumento. Desde Italia se ha comentado que el estadio Bilino Polje es "feo" e "inadecuado", y tan pequeño que el juego puede incluso seguirse desde los balcones de los edificios a su alrededor. Unas 9.000 personas apenas podrán presenciar el encuentro, pero los bosnios convertirán el campo en una caldera.

Por si fuera poco, en el último entrenamiento de Bosnia a puerta cerrada detectaron a un militar italiano que se encontraba filmando los ejercicios del equipo. Un caso de espionaje que ha hecho incluso reaccionar a la Federación de Fútbol de Bosnia y Herzegovina.

La sorpresa de Djokovic

Quizás el apoyo más extraño de todos en esta final a vida o muerte es el de Novak Djokovic a sus vecinos de Bosnia. El tenista serbio estará presente hoy en Zenica para vivir en directo el trascendental duelo que certificará un billete para el Mundial.

La relación de Nole con Bosnia es estrecha desde hace tiempo. Y también polémica. Al tenista serbio se le vio hace tiempo junto a Minal Jolovic, un militar acusado de participar en genocidios en la Guerra de Bosnia. Por ello, el exnúmero 1 del mundo se ha ganado fuertes críticas.

También ha acudido en ocasiones a inaugurar algunas instalaciones de tenis y disputar alguna exhibición en el país bosnio.

Ahora volverá a demostrar su apoyo a Bosnia para este momento histórico para el país. Compartió en sus redes sociales una fotografía del delantero Edin Dzeko con el comentario "Bravo Edin, bravo Bosnia". Hoy estará en la grada apoyando a la selección bosnia como uno más.