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Tiene 21 años, juega en el Real Madrid y cada vez que toca el balón los aficionados del Bernabéu contienen la respiración.

Arda Güler no es solo una de las grandes promesas del fútbol mundial: es también un chico que se levanta temprano, se va pronto a dormir y que, cuando llegó a Madrid desde Estambul, descubrió con asombro que a mediodía la ciudad entera parece detenerse.

Su día comienza antes de que muchos se hayan despertado. Güler se levanta en torno a las 7 de la mañana y sigue una pauta nutricional muy estricta desde el primer momento: el desayuno es rico en proteínas, un pilar básico de su planificación física junto a su nutricionista personal, que ajusta cada comida a los requerimientos del entrenamiento del día.

No es casualidad: desde que llegó al club en el verano de 2023, el turco ha trabajado intensamente en el gimnasio para ganar masa muscular, llegando a sumar unos ocho kilos de musculatura en sus primeros meses en la capital.

Después del desayuno, la mañana pertenece al fútbol. Primero el entrenamiento grupal en Valdebebas y luego, cuando los compañeros ya han abandonado las instalaciones, él suele quedarse para completar sesiones adicionales de trabajo físico.

"Por la mañana voy a entrenar, desayuno y luego entreno. Después del entrenamiento hago algunos ejercicios en el gimnasio y aquí paso bastante tiempo", explicó en una entrevista difundida en su día por el club.

Esa capacidad para hacer trabajo extra, más allá de lo colectivo, es uno de los rasgos que sus entrenadores y compañeros más destacan de él.

Arda Güler, con el Real Madrid Europa Press

La tarde tiene una textura muy distinta. Al llegar a casa, Güler desconecta: descansa, se sienta frente a la consola y dedica un rato a los videojuegos antes de cenar. "Cuando vuelvo a casa, descanso, juego un poco a la Play, ceno y me voy pronto a dormir", completó en esa misma entrevista.

Un día tipo que, en su sencillez casi monacal -ciudad deportiva, casa, cama-, revela cuánto ha tenido que renunciar a los ritmos normales de cualquier joven de su edad.

Fue precisamente esa transición lo que le deparó una de sus mayores sorpresas al instalarse en Madrid. Acostumbrado al pulso constante de Estambul, la primera vez que se encontró con las calles medio vacías y los comercios cerrados en mitad del día no supo muy bien qué estaba pasando.

"Me sorprendió mucho la hora de la siesta. Al mediodía cierran las tiendas y todo el mundo duerme", confesó en aquella entrevista sobre su adaptación a España. Hoy, lejos de ser una rareza, esa costumbre encaja perfectamente con su propia rutina de descanso y recuperación.

La adaptación general, según él mismo, ha sido más fluida de lo que muchos esperarían. "Me he adaptado a España. La cultura no es tan diferente de la turca", aseguró.

Y algo de razón tiene: Turquía y España comparten la importancia de la familia, la mesa y la sociabilidad. Lo que quizás no esperaba es que también compartirían el valor de parar, de bajar el ritmo en las horas centrales del día.

Para un futbolista que vive pendiente del reloj y del cuerpo, la siesta no es solo una curiosidad cultural. Es, a su manera, una parte más de la rutina.