Pocos nombres despiertan tanto respeto entre los aficionados del Athletic Club como el de Julen Guerrero. Capitán durante años, símbolo de la cantera rojiblanca y referente de una generación que lo vio debutar con apenas 18 años, el portugalujo no solo dejó huella en el terreno de juego, sino también en la forma en que ha gestionado su vida después del fútbol.
Retirado desde hace casi dos décadas, Guerrero ha mantenido un perfil discreto, ajeno a los excesos que suelen rodear a muchos exdeportistas. Hoy, su filosofía sigue siendo la prudencia: "Siempre hemos sido bastante conservadores en ese aspecto", reconocía recientemente en el pódcast Los Fulanos.
Durante la conversación, el exinternacional explicaba cómo, a lo largo de su carrera, recibió múltiples propuestas de inversión tentadoras, pero siempre optó por mantenerse firme en su idea de no arriesgar: "Hay que tener mucho cuidado. Mucha gente te ofrece cosas, pero si de verdad dieran tanto rendimiento, lo pondrían ellos mismos", relataba, dejando entrever que la experiencia y la observación fueron sus mejores asesores.
Su forma de pensar contrasta con la de otros futbolistas que, al retirarse, se lanzan de lleno a proyectos empresariales de gran riesgo. Guerrero, en cambio, defendía una vida "sencilla y normal", tanto en lo personal como en lo económico.
Julen Guerrero, durante el partido con la Selección.
Esa visión prudente no nace de la aversión al cambio, sino de una comprensión profunda de lo que considera esencial. "Si al final la vida es sencilla, haces cosas normales, las vas a poder disfrutar. Si te pasas de medidas, tienes tus riesgos", afirmaba con serenidad.
Sus palabras reflejan una madurez que muchos deportistas alcanzan después de haber vivido la inestabilidad propia del fútbol profesional. Guerrero parecía hablar desde la distancia que da la perspectiva: la de quien ha entendido que el valor de su carrera no se mide solo en los goles, sino en la estabilidad alcanzada después del retiro.
Actualmente, el exjugador se encuentra involucrado en un proyecto llamado MM4 Sport, un centro dedicado al bienestar integral y la mejora del rendimiento físico. En él, Guerrero cumple un papel activo, disfrutando -según confesó- de un entorno que le habría encantado conocer en sus años como futbolista.
"Estoy disfrutando ahora mucho lo que me hubiese gustado disfrutar cuando era jugador. No había este tipo de cosas antes. Ahora cuentas con nutricionistas, psicólogos o estudios personalizados para mejorar en lo que necesites", explicó.
Su tono reflejaba entusiasmo por un modelo de trabajo que combina la ciencia, la salud y la pasión por el deporte.
Ese enfoque hacia el bienestar no está reservado únicamente a los deportistas de élite. Guerrero insistió en que cualquier persona puede beneficiarse de cuidar mejor su cuerpo y su mente: "Estar bien con tu cuerpo, disfrutar del día a día, encontrarte bien… es muy bueno para todos", señalaba, convencido de que la calidad de vida está al alcance de cualquiera que la busque con disciplina.
Sus palabras resumían una trayectoria coherente: la de un profesional que supo entender el valor de la moderación, tanto dentro como fuera del campo.
En tiempos en los que muchos exfutbolistas persiguen rentabilidades rápidas o se ven envueltos en aventuras empresariales fallidas, Julen Guerrero representa una excepción.
Discreto, prudente y fiel a su idea de una vida tranquila, ha construido una madurez sólida, cimentada en el sentido común. Quizá esa misma serenidad que transmitía en San Mamés sea hoy su mejor inversión.
