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Patxi Puñal fue el gran capitán de Osasuna y el hombre récord del club navarro, con más de 500 partidos oficiales a sus espaldas y una vida entera ligada a El Sadar. Nacido en Huarte, lideró al equipo en algunas de las mejores páginas de su historia reciente, como la clasificación para la previa de la Champions y las semifinales de la Copa de la UEFA.

Se retiró en 2014, tras el descenso a Segunda, consolidado ya como símbolo del club y Medalla de Oro al Mérito Deportivo de Navarra.

Una vez colgadas las botas, Puñal no se quedó quieto: invirtió en un club de pádel, participó en una bodega y se lanzó a un ambicioso centro médico de neurorrehabilitación, siempre con la idea de dar salida útil al dinero ganado en el fútbol.

En el podcast Los Fulanos, el excentrocampista miró hacia atrás y repasó su etapa como emprendedor con la misma franqueza con la que jugaba. "Yo de mi club de pádel estaba muy orgulloso, todavía estaba funcionando y estábamos muy contentos con él, pero realmente como inversión habría habido mejores inversiones o inversiones menos complicadas", admitió, antes de subrayar que aquel proyecto ya tenía quince años de vida y que había exigido un esfuerzo enorme.

Puñal describió con detalle lo que había supuesto mantener en pie ese club durante tanto tiempo. "Para que las cosas fueran había que estar muchos años trabajando, haciendo las cosas bien, demasiados años trabajando y demasiados años haciendo las cosas bien para sacarle algo de rentabilidad al dinero", resumió.

Puñal

Explicó que cualquier desajuste en ese proceso podía poner el negocio en riesgo, sobre todo en un sector como el pádel, muy intensivo en personal: "El pádel, si tenías mucho personal, lógicamente también. El pádel, si tenías personal, había que hilar fino y luego las tendencias no sabías a dónde iban a ir".

También detalló cómo la burbuja de pistas había complicado el panorama. "En el momento que montas parece que sí, que todo el mundo juega pádel, la gente seguía jugando, pero lógicamente cuando había una demanda empezaban a aparecer centros de pádel por todos los sitios, en piscinas, en colegios, gente que daba clase por ahí en unas piscinas de aquella manera, que ni titulaciones ni tal, los precios, lo otro", relató.

El lado emprendedor

De ahí extraía una conclusión general: "Los negocios no eran fáciles y buscar rentabilidades fáciles era complicado".

Preguntado de forma directa por si volvería a invertir en un club de pádel, dudó: "No sabía si volvería a invertir en club de pádel como lo que era negocio. Lo demás, teníamos un club de pádel del que estábamos encantados… Pero si echabas el bagaje para atrás y había que estar tantos años haciendo las cosas bien para que diera rentabilidad, que a día de hoy si me decías 'oye, otra vez vuelves a hacerlo', creía que no lo haría".

El otro gran capítulo de su vida empresarial fue un centro médico de neurorrehabilitación con 40 empleados y 12 socios, idea que surgió de su asesor y de un neurorehabilitador de referencia.

"La idea vino de nuestro asesor y de un neurorehabilitador muy prestigioso que iba a ser un poco la piedra angular de aquello", recordó.

El objetivo era cubrir la cronicidad que la sanidad pública no alcanzaba: "La seguridad social no acababa de cubrir todo el tema de enfermedades neurológicas, sobre todo los temas de cronicidad. Tener un centro en el que todas las especialidades tendrían cabida, piscina, gimnasio, modelo de ingreso, modelo de ir y venir… montamos un centro potente en el que llegó a haber 40 empleados, pero tenía sus dificultades".

Puñal confesó que la estructura societaria había nacido mal y que él, como único administrador, había llegado a asumir riesgos que ahora desaconsejaba. "Fue un proceso en el que ni tan siquiera desde el principio la adquisición de las participaciones estuvo bien hecha. Otros socios pusieron, no estaba ni capital, o sea, una cosa mal parida que luego, cuando veías las tripas, decías: '¿Cómo había podido yo entrar aquí así?'", explicó.

El peor momento llegó cuando no había liquidez para pagar sueldos: "Hubo que dejar de pagar al personal un mes… Yo llegué hasta pagar los 40 sueldos de mi nómina, de lo mío, porque estábamos a expensas de que llegase un crédito para pagar los trabajadores. Eso no estaba bien hecho ni había que hacerlo, ni recomendaba que lo hicieran jamás en la vida con lo que les pudiera pasar".

De aquella travesía sacó una lección que ahora tendría muy presente si volviera a emprender. "En este proceso había aprendido mucho y a día de hoy me daba la sensación de que ahora podría estar preparado para meterme en algo realmente con garantías", afirmó.

Su receta pasaba por sentar bien las bases desde el principio: "Cuando ibas a montar algunas cosas, había que estar muy encima desde que montabas la sociedad, cómo se montaba y de qué manera. Si montabas algo era para vivirlo y para estar.

Si todo estaba bien hecho y bien zanjado, bien escriturado, condiciones bien, luego los negocios podrían ir bien, mal o regular, pero partiendo de esa base. Muchas veces, cuando estabas a otra cosa, jugando a fútbol, eso se quedaba en segundo o tercer plano y luego llegaban los bofetones".