Álvaro Arbeloa apenas lleva un mes al frente del banquillo del Real Madrid y ya ha tenido que activar sus propios mecanismos de control interno para gestionar el ruido que se ha generado alrededor del vestuario.
En su comparecencia de este viernes, el técnico hizo pública la existencia de su ya famoso "sofá gris", una especie de despacho emocional donde invita a los jugadores a sentarse, hablar y vaciar el cargador antes de que los enfados por los minutos y los mensajes de los entornos terminen filtrándose al exterior.
El contexto explica por qué el entrenador ha querido poner el foco en ese espacio de diálogo. El equipo ha encadenado buenos resultados en Liga, pero el aterrizaje del nuevo cuerpo técnico ha dejado una lista de futbolistas que se sienten desplazados, veteranos con jerarquía que dudan de su rol y jóvenes que reclaman protagonismo.
Todo, en un club donde cualquier gesto se magnifica y donde una simple conversación subida de tono en Valdebebas puede convertirse en tema de tertulia horas después.
Arbeloa reivindica que prefiere gestionar los conflictos de cara. Lo dejó claro al ser preguntado por la situación de varios pesos pesados y, en particular, por Dani Carvajal. "Como con todos, me gusta hablar con ellos y aprovecho todas las semanas para hablar, tengo un sofá cómodo y me gusta saber qué piensan y qué pienso yo", explicó, presentando en sociedad ese "sofá gris" que hasta ahora era un código interno del vestuario.
Ese sillón se ha convertido en un lugar de paso casi obligado para quien no entiende sus minutos o su posición en la rotación.
Zanjado el 'caso Carvajal'
El caso Carvajal es paradigmático del momento. Capitán, leyenda reciente del club y uno de los grandes referentes del vestuario, el lateral apenas ha acumulado algo más de media hora de juego con Arbeloa, por detrás de Valverde, Alexander-Arnold e incluso del canterano David Jiménez en el lateral derecho.
El club justifica la prudencia apelando a los problemas físicos que arrastra y a la necesidad de dosificarle, pero en el entorno del jugador no se oculta la sorpresa por su peso real en la nueva etapa. El propio técnico fue rotundo: dijo que no entendería que Carvajal estuviera contento con tan poco protagonismo, pero subrayó que, por encima de cualquier nombre, está el equipo.
Dani Carvajal, en el entrenamiento del Real Madrid
Algo similar ocurre con David Alaba. El defensa austriaco, que regresa de una lesión importante, apenas ha tenido minutos en este arranque y ve cómo, en muchos partidos, el entrenador ha recurrido a centrocampistas reconvertidos -Tchouaméni, Camavinga o Valverde- antes que a él para completar la zaga.
Con su contrato acercándose al final y sin una propuesta firme de renovación sobre la mesa, en el vestuario se da por hecho que su futuro apunta lejos del Bernabéu, y eso añade una capa de incomodidad a cada decisión técnica.
El tercer episodio visible de malestar ha sido el de Arda Güler. El joven turco, uno de los futbolistas más ilusionantes del proyecto, dejó una imagen elocuente cuando fue sustituido en el partido contra el Benfica: gesto serio, mirada perdida y sensación de haber sido señalado pese a cuajar una actuación notable.
Fue más un calentón del momento, repitiéndose la idea de que "siempre" es uno de los primeros cambios, incluso cuando está siendo de los más destacados sobre el césped. Aunque el club insiste en que se trata de un talento intocable a medio plazo, Arbeloa sabe que debe gestionar con cuidado la frustración lógica de quien quiere más protagonismo ya.
Más allá de estos casos concretos, en Valdebebas se habla de varios secundarios molestos con sus minutos y su papel actual. Futbolistas que han visto cómo la llegada del nuevo cuerpo técnico no ha supuesto el giro radical que esperaban en su situación y jugadores a los que se les cerró la puerta de salida en enero y que ahora se sienten atrapados en un rol marginal.
En este caldo de cultivo, las filtraciones se han convertido en otro frente a gestionar. Comentarios sobre charlas subidas de tono en el vestuario, sobre reuniones más largas de lo previsto tras ciertos partidos o sobre reproches puntuales de Arbeloa a algún futbolista han terminado circulando fuera del club.
La dirección deportiva, sin embargo, defiende que el ambiente general es mejor que en la recta final de la etapa anterior y que este tipo de tensiones son inherentes a cualquier vestuario de primer nivel.
El sofá de Arbeloa
Arbeloa, consciente de esa doble batalla -minutos dentro, ruido fuera-, ha decidido hacer del "sofá gris" un símbolo de su forma de entrenar. Lo presenta como un espacio en el que cabe el enfado y la crítica, siempre que acaben en una conclusión clara: el colectivo está por encima.
"El jugador que no tiene los minutos que quiere, no entendería que estuviese feliz", admitió, antes de remarcar que, cuando eso se pone sobre la mesa, la respuesta es priorizar lo que necesita el grupo. El mensaje interno es sencillo: se escucha a todos, pero no se promete nada a nadie.
Álvaro Arbeloa, en rueda de prensa con el Real Madrid
La imagen de ese sofá adquiere así una dimensión casi política dentro del club. Un entrenador de la casa, que lleva "20 años" en el Real Madrid y asegura saber "la responsabilidad" que implica el cargo, ofreciendo un lugar donde hablar cara a cara a las estrellas, pero al mismo tiempo cerrando filas ante los entornos.
En un momento en el que el equipo busca consolidar resultados y el vestuario aún ajusta su jerarquía, Arbeloa intenta que los conflictos se resuelvan entre cuatro paredes y no en los pasillos mediáticos.
Por ahora, el equilibrio es frágil: victorias que sostienen el proyecto, capitanes que reclaman su peso, veteranos que miran al futuro con dudas, jóvenes que exigen más balón y algún que otro sofá ocupado durante más tiempo del previsto.
La gestión de esos silencios y esas conversaciones será tan determinante como cualquier ajuste táctico a la hora de medir el éxito de esta nueva etapa en el banquillo del Real Madrid.
