La carrera de Jesé Rodríguez es también la historia de un ascenso económico fulgurante y de cómo un futbolista aprende, a golpes de experiencia, qué hacer con todo ese dinero.
Muy joven, ya formaba parte de un vestuario de élite mundial y eso se reflejaba en su nómina. Él mismo explicó en una entrevista en el canal de YouTube de Mowlihawk que en el Real Madrid tenía un contrato difícil de imaginar para alguien de su edad.
Cobraba "algo menos de cinco millones de euros brutos" y el club "pagaba muy bien" con pagos cada seis meses. Esa cifra, que para casi cualquiera sería el horizonte de una vida, para él era el punto de partida.
Fue entonces cuando llegó el momento que él mismo recuerda con una mezcla de sorpresa y vértigo: "Cuando vi un millón en la cuenta dije: ¿esto por meter goles?".
El salto económico no se quedó ahí. Después del Real Madrid llegó el fichaje por el PSG, "el otro club más rico", como él mismo lo describe en una de sus respuestas más comentadas. Desde fuera podría parecer que, con ese nivel de ingresos, todo es perfecto, pero Jesé matiza esa visión.
Jesé Rodríguez en su último partido con el Johor de Malasia.
Contó que en París "podías cobrar mucho" y, aun así, sintiéndome muy mal tratado, hasta el punto de tener la sensación de estar tratando con "un tío que es billonario y usa a los jugadores como si fueran chapas". Esa frase revela una mirada más crítica: el dinero, por sí solo, no garantiza respeto ni estabilidad.
Con el tiempo, la cuestión ya no es solo cuánto gana, sino qué construye con lo que ha ganado. En los últimos años ha ido tomando forma un patrimonio empresarial que pretende ir más allá del césped.
Una de las piezas centrales es Jesero 10 SL, una sociedad con la que canaliza parte de sus recursos y que se dedica, entre otras actividades, al asesoramiento a deportistas.
La empresa nació con un capital muy elevado para una pyme al uso y hoy figura con varios millones de euros de valor en sus últimas cuentas, lo que indica que no se ha limitado a vivir del sueldo, sino que ha intentado transformarlo en activos y negocios propios.
Esa cara más “empresarial” convive con un Jesé mucho más directo cuando se ve interpelado públicamente por su patrimonio. En su reciente pique con Omar Montes, el futbolista no rehúye la conversación económica. Al contrario, recuerda su paso por los grandes clubes y lanza frases de trazo horrible que dejan claro que se siente respaldado por lo que ha generado.
"Yo jugaba en el Madrid y no se cobraba poco. Y después me fui a otro club más rico. Si él cree que tiene... A no ser que sea colega de Hacienda", remató. "Cuando él quiera, yo saco un extracto y se lo enseño, a ver quién tiene más de los dos".
Entre esas declaraciones se dibuja un arco interesante. Por un lado, el asombro inicial de un chico que descubre de golpe que su talento se traduce en millones. Por otro, la constatación de que un contrato enorme no evita sentirse maltratado en ciertos contextos, ni garantiza por sí mismo un futuro tranquilo.
Y, en paralelo, la construcción de una estructura patrimonial que le permita mantener su nivel de vida cuando ya no esté en la élite.
