Luis Figo había dejado de ser solo un exfutbolista de élite para convertirse en el protagonista de un nuevo relato: el del inversor que administraba una fortuna situada, según sus propias palabras, "entre 20 y 50 millones de euros".
Esa horquilla, pronunciada con media sonrisa en un plató de televisión, sintetizaba años de sueldos millonarios, primas históricas y un entramado de negocios que lo mantenían, ya retirado, en la primera división del dinero.
En una de sus últimas apariciones televisivas en España, en el programa La Revuelta, Figo había aceptado responder a la pregunta que incomodaba a muchos invitados: cuánto dinero tenía.
Primero la esquivó con ironía, pero terminó por ofrecer una cifra aproximada que dio titulares en todo el país. "Tengo más de lo que tú crees y menos de lo que yo quiero. Entre 20 y 50 millones…", declaró el portugués, dejando claro que su patrimonio ya no dependía del balón, sino de sus inversiones.
Durante su carrera como jugador, Figo había sido uno de los futbolistas mejor pagados de Europa, con salarios que rondaban los seis millones de euros anuales en su etapa en el Real Madrid.
Luis FIgo, en el palco durante la final de la UEFA Europa League 2024/25
Aquellos ingresos, sumados a primas, contratos publicitarios y el histórico traspaso desde el Barcelona al club blanco, habrían sido el primer pilar de una riqueza que después se diversificó en sociedades, inmuebles y negocios internacionales.
Sin embargo, el propio exjugador reconocía que el reto verdadero había llegado después de colgar las botas, cuando tuvo que aprender a hacer que ese capital trabajara por él.
Las inversiones de Figo
El grueso de su patrimonio se había apoyado sobre una red de empresas con presencia en España, Portugal y África, especialmente a través de sociedades dedicadas a la explotación de minerales y a la gestión de activos inmobiliarios.
Una de sus compañías, vinculada a la extracción de oro y otras materias primas en África, había declarado un patrimonio neto superior a los 20 millones de euros y beneficios anuales en torno a los 600.000 euros, consolidando a Figo como un empresario con peso más allá del deporte.
Él mismo subrayaba que esos negocios se habían convertido en una de sus principales fuentes de ingresos tras la retirada.
No todo había sido acierto en su trayectoria como inversor. Figo ya había admitido públicamente que "no hacía tan buenos negocios" como muchos podían imaginar, y algunas cifras le habían dado la razón.
Una de sus sociedades llegó a perder cerca de 9 millones de euros en un solo ejercicio, reduciendo de forma notable los activos que manejaba la empresa, que pasaron de más de 23 millones a unos 13,6 millones.
Aun así, esa misma estructura empresarial había demostrado capacidad para recomponerse, abandonando los números rojos y volviendo a presentar beneficios al año siguiente.
Su relación con la Administración tampoco había estado exenta de sobresaltos. Años atrás, la Audiencia Nacional lo había condenado a pagar 2,4 millones de euros por irregularidades en el pago de impuestos relacionados con sus derechos de imagen durante su etapa de futbolista, una decisión que fue confirmada por el Tribunal Supremo.
Luis Figo
Ese episodio se había convertido en recordatorio de que el éxito económico traía consigo una fiscalidad compleja, con la que el portugués había tenido que lidiar.
Pese a pérdidas puntuales y a viejos litigios con Hacienda, la fotografía final del patrimonio de Luis Figo seguía siendo la de un millonario asentado.
Allí donde otros exjugadores se habían diluido en malas inversiones, él mantenía una cartera diversificada, capaz de soportar golpes de casi diez millones de euros sin poner en duda la estabilidad de su fortuna.
