El día que fijó Joan Laporta el pasado 3 de febrero para convocar oficialmente las elecciones a la presidencia del Barça ha llegado.
La campaña electoral da comienzo con las candidaturas del propio Laporta, Víctor Font, líder del grupo 'Nosaltres', el exdirectivo Xavier Vilajoana y el economista Marc Ciria, quien presentó la plataforma 'Moviment 42'.
Hasta el 15 de marzo -fecha en la que se celebrarán las elecciones- los aspirantes a la presidencia del club deberán convencer al socio de que su proyecto es diferente y lo más importante, debe ser mejor al que se ha llevado a cabo en los últimos años.
En un vídeo publicado en los canales oficiales del club, Laporta defendió el pasado 22 de enero la elección del 15 de marzo como "la fecha más adecuada para el funcionamiento ordinario del club, tanto a nivel institucional como sobre todo deportivo".
Además, el hasta ahora presidente del Barça se ha mostrado convencido de que las elecciones serán "modélicas" y contarán con "una gran participación".
A sus 63 años aspira a repetir la victoria que consiguió en el año 2021 con un 54,28% de los votos. Antes, ya gobernó la entidad entre los años 2003 y 2010, mientras que en 2015 perdió los comicios que ganó Josep Maria Bartomeu.
Joan Laporta le hace entrega a Rafa Yuste de una insignia por sus 50 años como socio.
Para ello hoy dimite como máximo directivo del FC Barcelona. Tanto Laporta como una parte de la Junta Directiva cesarán de sus funciones para participar e impulsar su candidatura a la reelección, mientras que otro grupo, con Rafael Yuste al frente, seguirán dirigiendo la entidad.
Sobre el papel, Víctor Font es el mayor representante de la oposición a la actual cúpula azulgrana. El líder del grupo 'Nosaltres' ya se presentó en las elecciones del 2021 y consiguió cerca de un 30% de apoyos, aunque en esta ocasión convencer al aficionado de apostar por su candidatura resultará complejo -al igual que al resto de aspirantes- a tenor de la situación que atraviesa el equipo.
La hoja de ruta de Laporta
Laporta lo tiene todo atado y bien atado. O eso parece. El Barça, según su visión, va bien. Deportivamente, su gran aval son los cuatro títulos que ha ganado el equipo con Hansi Flick de entrenador. En las secciones, en cambio, hay buenas y malas noticias.
Laporta, de momento, ya ha recibido el apoyo de Flick. Si no de manera directa, sí indirectamente. "Mi futuro en el Barça depende de las elecciones", sostuvo el técnico alemán, hace unas semanas, en rueda de prensa.
El de Heidelberg siempre ha dicho que es feliz en Barcelona. Tiene muy buena sintonía con Laporta y asume que el club no puede fichar a los futbolistas que desearía.
El técnico alemán se ha adaptado a la realidad económica de la entidad y el presidente valora su compromiso. Su trabajo. Y su capacidad ganadora.
Flick, además, conecta bien con Deco, el director deportivo. Y es que el portugués acertó de pleno con el fichaje de Joan García y también gestionó con éxito la cesión de Rashford, a quien el club podrá fichar si paga 30 millones de euros al Manchester United.
Rafa Yuste, Joan Laporta, Hansi Flick y Deco, en la presentación del entrenador alemán con el Barça
Cuando Laporta regresó al palco en marzo de 2021 se encontró un Barça técnicamente en ruina, con una deuda que el propio club situaba en torno a los 1.300-1.350 millones de euros, masa salarial disparada y patrimonio neto negativo.
La directiva respondió con un plan de choque: recortes salariales, refinanciación de deuda y las famosas "palancas".
Ese giro permitió al Barça esquivar el colapso a corto plazo, inscribir fichajes y presentar, a partir de 2023, cuentas con beneficios y una reducción progresiva de la deuda.
Los ingresos ordinarios crecieron hasta rozar los 1.000 millones de euros anuales y devolver al club al podio de la clasificación mundial de facturación, según informes como el de Deloitte.
El precio de ese respiro fue una monetización agresiva de activos que ha marcado la narrativa del mandato. Las palancas, presentadas como una solución excepcional para "salvar" al Barça, implicaron vender un porcentaje significativo de los derechos de televisión de LaLiga y apostar fuerte por Barça Vision, un proyecto digital que luego ha acumulado dudas, cambios de socios y pérdidas relevantes.
Aunque Laporta ha defendido que el modelo mantiene la esencia de club de los socios y ha exhibido cifras récord de patrocinio y merchandising, la letra pequeña de algunos acuerdos -desde la explotación de asientos VIP hasta operaciones con fondos de inversión- ha alimentado la percepción de una gestión más cercana a una empresa privada que a una entidad asociativa.
El resultado es un balance ambiguo: un Barça más vivo económicamente que en 2021, pero con parte de su futuro ya vendido para cuadrar el presente.
El plebiscito a la directiva
En el césped, la segunda era Laporta arrancó en plena depresión tras el final del ciclo de Messi y la caída del equipo en Europa. El traslado temporal fuera del Camp Nou, necesario para la remodelación del estadio pero doloroso en lo deportivo y emocional, añadió ruido a un proyecto que osciló entre los brotes verdes domésticos y la sensación de ciclo a medio hacer.
No obstante, las grandes sombras del mandato se han concentrado en el plano simbólico e institucional. La salida de Messi, después de que Laporta hubiera convertido su continuidad en bandera de campaña, quedó grabada como una ruptura traumática.
El "caso Negreira" terminó de erosionar la imagen institucional del club. Mientras Laporta intentó desvincular su mandato de los pagos al exvicepresidente del CTA, investigaciones que ha publicado EL ESPAÑOL han revelado que el Barça aceptó a nivel fiscal que esas cantidades se considerasen "liberalidades", una palabra que alimentó sospechas y titulares.
Su segunda etapa se despide así como un mandato de contrastes: el dirigente que evitó el colapso económico y rearmó al equipo en España, pero que dejó abiertas grietas profundas en la credibilidad institucional y en la estructura financiera del futuro.
Entre luces y sombras, el legado de Laporta quedará pendiente del veredicto que dicten, más que los títulos o los balances, la consistencia deportiva y económica del Barça en la década que empieza.
