G.E.
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En el mundo del fútbol profesional, donde las declaraciones suelen estar filtradas por departamentos de prensa y discursos de compromiso, la figura de Augusto Fernández emerge como una anomalía necesaria.

El exfutbolista, que dejó una huella de sacrificio y entrega en clubes como River Plate, Celta de Vigo y Atlético de Madrid, abordó sin tapujos en una entrevista con en Offsiders el tema que muchos consideran el último gran tabú del deporte rey: el dinero como motor principal de una decisión profesional.

La escena se remonta a enero de 2018. Augusto, en ese entonces pieza clave en el esquema de Simeone en el Atleti, se encontraba en una encrucijada que definiría no solo su carrera. La oferta del Beijing Renhe de la Superliga China no era simplemente un contrato más; era una cifra que, en sus propias palabras, le "voló la cabeza".

Ante la pregunta directa sobre si se arrepentía de aquel movimiento, el exinternacional argentino fue contundente: "No, para nada. Me fui por la plata, esa es la realidad y no tengo por qué ocultarlo. Yo estaba muy bien en el Atlético, el Cholo me quería y me pedía que me quedara, pero la oferta era irrechazable".

Esta declaración rompe con la narrativa tradicional del "amor a la camiseta", pero Augusto la sostiene con una lógica de responsabilidad familiar que pocos se atreven a verbalizar. Para él, el romanticismo deportivo tiene un límite, y ese límite lo marca la seguridad a largo plazo de su entorno más cercano.

Augusto Fernández, durante su etapa contra el Atlético. EFE

Según explicó en la entrevista, su partida de la élite europea no fue un acto de desapego al fútbol de alto nivel, sino un acto de previsión económica: "Era asegurar el futuro de mi familia, de mis hijos y hasta de mis nietos", afirmó con una franqueza que desarma cualquier crítica de la grada.

El análisis de Fernández sobre su salida del Atlético de Madrid hacia China es, en esencia, una lección de gestión de activos. A los 31 años y habiendo superado una grave lesión de ligamentos, el mediocampista entendió que su "valor de mercado" estaba en su punto máximo y que la ventana de oportunidad se cerraría pronto.

En la entrevista, profundizó en esta visión pragmática: "A veces el jugador tiene miedo de decir esto por el 'qué dirán', pero yo siempre fui de frente. Cuando puse los números en la balanza, la diferencia era tan abismal que quedarse en Europa, por más gloria que hubiera, era una irresponsabilidad para con el patrimonio de mi familia".

Esa palabra, "irresponsabilidad", es la clave para entender a Augusto. Para él, ignorar una oferta de tal magnitud por perseguir una gloria deportiva que ya conocía habría sido un error de gestión personal.

Su proyecto más visible, Area Padel, es un reflejo de su creencia de que el futbolista debe ser un "trabajador de carrera corta con visión de largo plazo". Augusto no ve el dinero como un fin para el lujo efímero, sino como la herramienta que le permite hoy, años después de su retiro, tener la libertad de elegir sus proyectos.

Ha sabido diversificar sus ingresos en sectores como el inmobiliario y los centros deportivos en Madrid, aplicando la misma disciplina que le pedía Simeone en el campo a sus estados de cuentas.

En definitiva, Augusto Fernández ha dejado claro que la honestidad financiera no debería ser motivo de vergüenza. Su mensaje es una advertencia para las nuevas generaciones: en el fútbol, el éxito no se mide solo en goles, sino en la capacidad de asegurar que, cuando las luces del estadio se apaguen, la estabilidad económica permanezca.