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Josetxo Romero desarrolló la mayor parte de su carrera en Osasuna, donde se consolidó como defensa central y se convirtió en un jugador muy querido por la afición rojilla. En el primer equipo disputó más de 300 partidos, incluyendo varias temporadas en Primera y participaciones históricas como una final de Copa del Rey y la clasificación para la Champions.

Tras su larga etapa en Osasuna, cerró su carrera profesional en la SD Huesca, en Segunda División, antes de decidir colgar las botas en 2012.

Después de retirarse, preparó oposiciones y terminó trabajando como funcionario en el Ayuntamiento de Pamplona, un camino que él mismo ha descrito como una elección pragmática y estable tras la exigencia y la incertidumbre del fútbol profesional.

En el podcast Los Fulanos, Josetxo Romero repasó con sinceridad su trayectoria fuera de los terrenos de juego y reflexionó sobre las inversiones que marcaron su vida después del fútbol.

Con un tono entre la autocrítica y la ironía, el exjugador navarro reconoció que la prudencia -o, como él mismo dijo, "el ser un cagado"- había sido una de las claves que le permitió evitar algunos de los errores financieros más comunes entre deportistas retirados.

Josetxo Romero.

El exfutbolista admitió que nunca fue un apasionado de los números ni de los mercados. "Te vienen, te venden cosas, te enseñan unos números fetén, unas rentabilidades de la pera limonera, y claro, dices: 'Esto es la leche, venga, meto tanto'", recordó entre risas.

Sin embargo, reconoció que su falta de confianza hacia las promesas de rentabilidad rápida le había mantenido a salvo. "Había que estar un poco más cauto, y yo lo era... bueno, más que cauto, cagado", bromeó.

La influencia de su esposa, ligada profesionalmente al sector bancario, resultó fundamental en su forma de afrontar las inversiones. Romero explicó que ella solía detectar con más claridad los riesgos ocultos detrás de ciertas ofertas financieras.

"Mi mujer veía muchas cosas en su trabajo, veía clientes, veía dinero, veía pufos", relató. Esa experiencia, según contó, les ayudó a desconfiar de propuestas que, aunque parecían atractivas sobre el papel, no terminaban de inspirar seguridad. "Les preguntaba cosas que yo no entendía, pero ella sí. Y cuando veías que no sabían por dónde salir, ahí ya decías: esto no".

La inversión en el ladrillo

El exdefensa, que jugó durante una década en Primera División, reconoció que su estrategia se había centrado en valores tradicionales como el ladrillo. "Todo inmobiliario", resumió cuando los presentadores le preguntaron por la composición de su patrimonio.

Pisos, pequeñas propiedades y alguna incursión muy modesta en bolsa fueron el núcleo de sus inversiones. "Nos parecía más seguro. Igual ahora no lo es tanto, pero en su momento sí. Ya lo tienes ahí", explicó.

Romero también recordó los momentos en que el mercado inmobiliario se dio la vuelta y los precios de las viviendas cayeron con fuerza. "En esas épocas comprabas y luego valían carros", señaló, aceptando que no todas las operaciones resultaron rentables, aunque ninguna le llevó a una situación comprometida. "Aún lo tienes, no pierdes del todo, pero sí que hubo momentos duros".

Con tono divertido, relató cómo había escuchado a compañeros más jóvenes hablar del tema durante un viaje de pádel a Barcelona. "Iba en el coche y me sonaba todo a chino. Empezaban a hablar del Bitcoin, de cosas que no entendía nada. Parecía de una película del futuro", contó.

Esa distancia con el mundo de la especulación digital reflejó su filosofía general respecto al dinero: preservar antes que arriesgar. "Lo mío fue siempre no perder, más que ganar", dejó entrever a lo largo de la charla.