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"Eleva la creatividad, el trabajo del entrenador, siempre es bueno que te exijan y yo creo que esto sirve para mejorar como entrenador", fueron las palabras que pronunció Simeone en la previa del partido contra el Levante tras ser preguntado por la falta de efectivos en la plantilla.

Ese encuentro en el Ciutat de Valencia terminó 0-0 y deja al Atlético de Madrid a 10 puntos del Barça. Sin posibilidad de pelear por La Liga salvo hecatombe del líder -y del Real Madrid-, eliminado en semifinales de la Supercopa de España, la Copa del Rey se antoja como el gran objetivo del club para salvar la temporada ante la dificultad de ganar la Champions.

A los 175 millones de euros que se gastó el club en el mercado estival hay que sumarles los 55 kilos que la directiva ha invertido en esta ventana de invierno repartidos en tres incorporaciones.

Ademola Lookman, procedente del Atalanta por 35 millones de euros, ha sido el movimiento más caro de LaLiga. Además, los rojiblancos han conseguido la incorporación de Rodrigo Mendoza, la joven promesa del Elche al que comparan con Pedri.

A ellos se sumó Obed Vargas, llegado desde la MLS para reforzar el centro del campo. Tres movimientos concentrados en la recta final del mercado, financiados por las operaciones de salida.

Y es que el Atlético de Madrid ha hecho caja con las ventas de Gallagher (40 millones), Raspadori (23 millones) y Javi Galán (0,5).

Dos objetivos (muy) diferentes

En el Atlético de Madrid se libra un pulso sutil pero profundo. No se trata de un enfrentamiento declarado ni de una ruptura abierta, pero sí de una tensión entre dos maneras de entender el rumbo del club: la urgencia del presente que encarna Simeone y la mirada al futuro que lidera Mateu Alemany desde la dirección deportiva.

Ante los micrófonos de Movistar+, el Cholo admitió en la previa del partido ante el Bodo-Glimt en Champions que no existía ninguna discrepancia con el director deportivo a la hora de realizar fichajes a pesar de las declaraciones de ambos en los últimos días.

Y es que Mateu Alemany ha tomado las riendas de un plan de reconstrucción que mira más allá de los resultados inmediatos. Su hoja de ruta apuesta por rejuvenecer la plantilla, equilibrar las cuentas y sentar bases sólidas para los próximos años. De ahí operaciones que priorizan la proyección y la rentabilidad futura antes que la respuesta instantánea.

Simeone, en cambio, sigue aferrado a la realidad del césped y al día a día competitivo. Su discurso, su trabajo y su manera de entender el club están anclados en el rendimiento inmediato. Cuando el equipo baja el pulso, él pide refuerzos listos para entrar en la batalla desde el primer minuto.

En ese punto se cruzan ambos caminos. La llegada de Ademola Lookman ha representado un esfuerzo por tender un puente entre ambas visiones: un futbolista capaz de rendir desde el principio, pero también con margen de crecimiento.

Sin embargo, la falta de un refuerzo contrastado en el centro del campo ha reavivado el malestar en un cuerpo técnico que ve cómo el equipo encara el tramo decisivo de la temporada con falta de  efectivos en una zona clave del juego, la sala de máquinas.

El club, en cambio, interpreta el invierno como un capítulo más de una reestructuración a medio plazo. Antes que incorporar jugadores por necesidad, Alemany ha optado por invertir en jóvenes talentos como Obed Vargas o Rodri Mendoza, movimientos que responden a una estrategia de largo recorrido más que a una solución inmediata.

Cuatro salidas y tres entradas, las tres anunciadas el último día del mercado de fichajes. Tres piezas para Simeone, una de ellas (Lookman) de reconocido prestigio y dos apuestas de futuro que tendrá que ir calibrando el Cholo en un Atlético que el jueves se la juega en la Copa del Rey y dentro de unos días, en la Champions.

El equilibrio entre proyecto y urgencia, entre paciencia y exigencia, nunca ha sido sencillo en un equipo moldeado durante más de una década por la mentalidad del Cholo. Hoy, Simeone intenta mantener la intensidad competitiva mientras la dirección deportiva trabaja por modernizar el modelo y garantizar que el club siga siendo fuerte.

No hay ruptura abierta, pero sí una distancia de enfoque. Mientras el argentino piensa en cómo ganar el próximo partido, Mateu Alemany planifica cómo ganar los próximos años.

Una final anticipada

Entretanto, el conjunto rojiblanco se la juega en La Cartuja. El Atlético de Madrid se ha quedado sin margen de error y la Copa del Rey y la Champions se presentan como las únicas balas que le quedan a Simeone para salvar una temporada que por el momento está siendo decepcionante.

Sin apenas posibilidad de pelear por La Liga y ante la dificultad de poder levantar la Orejona, la competición copera se presenta como la mejor oportunidad para alzarse con un título cinco años después. 

Simeone levanta el ánimo a sus jugadores tras la derrota ante el Atlético de Madrid. Reuters

A pesar de que la eliminatoria ante el Betis corresponde a los cuartos de final, cada partido ya resulta decisivo para los rojiblancos. La inversión es cada vez mayor y al mismo tiempo que aumenta el gasto en fichajes, también lo hace la presión.

Esta temporada ya se han escuchado pitos en el Metropolitano -la última vez ante el Bodo- y la paciencia del aficionado colchonero está empezando a agotarse. Cuatro meses le quedan a Simeone para conseguir revertir la situación y que esta temporada no vuelva a quedar en el olvido.