A. M.
Publicada

Kevin De Bruyne, jugador del Nápoles e internacional por Bélgica, se ha consolidado como una de las voces más críticas del fútbol de élite contra FIFA y UEFA por el calendario cada vez más cargado.

El centrocampista volvió a alzar la voz al denunciar que "el dinero habla más alto que la voz de los jugadores", en un momento en el que el calendario internacional vive una expansión sin precedentes entre nuevas competiciones, más partidos y menos descanso.

A sus 33 años, De Bruyne no se limita a ser una estrella sobre el césped; se ha convertido también en un portavoz oficioso del malestar de muchos futbolistas.

De Bruyne, durante un partido con el Manchester City. REUTERS

En una concentración con la selección belga el mediocampista fue preguntado por el impacto del nuevo calendario y no se escondió: "La verdadera problemática llegará después del Mundial de Clubes", advirtió. Un Mundial, que se creó el pasado verano y que ya pasa facturas.

De Bruyne explicó que, con el nuevo formato, "solo habrá tres semanas entre la final del Mundial de Clubes y el primer partido de la Premier League". Tres semanas, según subrayó, para "descansar y prepararse para otros 80 partidos", en una frase que resume la sensación de agotamiento acumulado que recorre los vestuarios de la élite. 

Todo por el dinero

En sus declaraciones, De Bruyne apuntó directamente a los organismos que rigen el fútbol mundial. Recordó que el sindicato mundial de futbolistas, FIFPRO, y asociaciones nacionales como la PFA en Inglaterra llevan tiempo intentando encontrar soluciones, pero se topan con un muro.

 "El problema es que UEFA y FIFA siguen añadiendo más partidos, y nosotros podemos expresar nuestras preocupaciones, pero no se han encontrado soluciones".

Ahí llegó la frase más dura del belga, convertida ya en titular global: "Parece que el dinero habla más alto que la voz de los jugadores". En un contexto en el que los contratos televisivos y los acuerdos comerciales se multiplican, el centrocampista denuncia que las decisiones se toman pensando antes en los ingresos que en la salud y el bienestar de los futbolistas. 

Un calendario al límite

Las palabras de De Bruyne llegan en un momento especialmente delicado. Las tres principales competiciones europeas de clubes se han ampliado a 36 equipos, aumentando jornadas y desplazamientos.

Además, FIFPRO inició acciones legales contra la FIFA por el Mundial de Clubes de 32 equipos que se disputó en Estados Unidos, otra competición añadida a un calendario ya saturado. Según el propio De Bruyne, será precisamente "después del Mundial de Clubes" cuando se verá el verdadero impacto de esta sobrecarga.

Las críticas no se limitan a los clubes. El Mundial de 2026 también ha levantado polémica por el aumento del número de selecciones participantes, lo que implica más partidos, más viajes y menos tiempo de recuperación para los jugadores, muchos de ellos ya al límite físico tras temporadas con 60 o 70 encuentros.

Un informe reciente de FIFPRO, citado en el contexto de las declaraciones del belga, estima que algunos futbolistas disponen de apenas un 12% del año para descansar, una cifra que pone en duda la sostenibilidad del modelo actual.

En la recta final

Las críticas de De Bruyne no proceden de un secundario, sino de uno de los futbolistas más influyentes de su generación. Formado en Bélgica y consolidado en el Wolfsburgo antes de explotar definitivamente en el Manchester City, el centrocampista se convirtió en el director de orquesta del proyecto de Pep Guardiola.

Con la selección belga ha sido el faro de la denominada "generación dorada", liderando a su país en Euros y Mundiales y ejerciendo ahora como capitán. Sus visiones de juego imposibles, su golpeo de balón y su capacidad para decidir partidos le han instalado durante años entre los mejores centrocampistas del mundo.

Por todo ello, cuando Kevin De Bruyne avisa de que el fútbol se acerca a un punto de ruptura, sus palabras resuenan más allá de una simple queja individual. En ellas se condensan las preocupaciones de una generación de futbolistas que siente que el calendario se diseña mirando a los balances económicos mientras sus cuerpos y carreras se ponen en riesgo partido tras partido.