La futbolista española Jenni Hermoso, de 35 años, se ha convertido en una de las voces más autorizadas para hablar sobre la realidad económica del fútbol femenino profesional.
A lo largo de su carrera ha abordado con franqueza las diferencias salariales entre el fútbol masculino y femenino, desmontando mitos y defendiendo reclamaciones que consideran básicas para la dignidad profesional de las jugadoras.
En enero de 2024, durante su participación en el programa Planeta Calleja, Hermoso ofreció una de sus declaraciones más reveladoras sobre la brecha salarial.
"Una de las jugadoras que más cobran en el mundo tienen un sueldo de alrededor de un millón. Las grandes estrellas masculinas pueden ganar 200 millones. Somos conscientes de que no vamos a generar eso. Nunca hemos dicho que queremos cobrar como Messi", dijo.
Hermoso no reclama paridad salarial absoluta con el fútbol masculino, sino condiciones dignas que permitan a las jugadoras dedicarse profesionalmente a su carrera sin necesidad de combinar el deporte con otros empleos.
Jenni Hermoso, durante un partido con Tigres en la Liga MX Femenil.
La delantera, que actualmente milita en Tigres UANL de México, contextualizó sus demandas con una realidad que pocos fuera del fútbol femenino conocen: "Pedíamos un salario para vivir. Somos muy pocas las privilegiadas que podemos vivir del fútbol. Hay muchas jugadoras que han tenido que comparar su trabajo con el fútbol" .
Esta declaración visibiliza una problemática estructural del fútbol femenino español, donde hasta hace pocos años el salario mínimo en la Primera División era de apenas 16.000 euros anuales, insuficiente para una dedicación profesional completa.
Hermoso, consciente de su posición privilegiada dentro del fútbol femenino, ha utilizado su plataforma mediática para defender a las jugadoras con menos visibilidad. "Creo que somos muy pocas las privilegiadas, porque me incluyo, que pueden vivir de este deporte", admitió.
Durante su etapa en el FC Barcelona ganó aproximadamente 120.000 euros anuales, una cifra que se incrementa sustancialmente tras su fichaje por Tigres, donde percibe más de 300.000 euros por temporada.
Sin embargo, lo que más molesta a la futbolista no son las diferencias salariales en sí mismas, sino la descalificación de las reclamaciones legítimas.
"Me da mucha rabia que siempre se nos haya dicho que somos caprichosas, que somos egoístas. Creo que pedimos lo mínimo para poder rendir y ser futbolistas. Y a mí me encanta tener un altavoz que muchas mujeres o niñas no tienen. Y si puedo usarlo para algo bueno, vamos a seguir hacia delante siempre" .
Esta frustración refleja años de negociaciones complicadas para establecer un convenio colectivo en el fútbol femenino español. Las jugadoras han enfrentado repetidamente acusaciones de ser poco realistas o ambiciosas en exceso, cuando en realidad sus demandas se centraban en aspectos básicos.
