El 1 de junio de 2013, cuando José Mourinho dirigió su último entrenamiento como técnico del Real Madrid, Álvaro Arbeloa le pidió que posasen juntos en uno de los banquillos del Campo 3 de Valdebebas.
El lateral quería inmortalizar aquel momento junto al entrenador y su cuerpo técnico: Rui Faria, Aitor Karanka, José Morais y Silvino Louro.
La imagen, publicada posteriormente por Arbeloa en sus redes sociales con un mensaje cargado de emoción, encierra la esencia de una pareja que este miércoles se reencontrará en el estadio da Luz, pero esta vez desde lados opuestos del área técnica.
En aquel instante, mientras la mayoría del vestuario blanco respiraba aliviada por la marcha del portugués -Casillas, Ramos, Cristiano, Özil y Pepe, entre ellos-, Arbeloa experimentaba la sensación contraria.
Para él, Mourinho no era solo un entrenador más. Era el maestro que le había enseñado a competir sin concesiones, el líder que le había convertido en soldado de una causa mayor, el hombre que había transformado su manera de entender el fútbol y la vida.
"Ha sido un placer poder trabajar con todos vosotros durante estos tres años. Muchas gracias por vuestra dedicación, vuestro cariño y vuestra confianza", escribió entonces el lateral salmantino.
Trece años después, cuando Arbeloa compareció este martes en rueda de prensa en el mismo estadio donde el Real Madrid conquistó La Décima, utilizó una expresión italiana para referirse a Mourinho: "Uno di noi". Uno de nosotros. El mismo lema que el club blanco reserva para sus leyendas.
La foto que Arbeloa compartió en 2013 junto a Mourinho y su cuerpo técnico
Y añadió: "José siempre fue, es y será 'uno di noi'". La frase resume a la perfección la naturaleza de un vínculo que va mucho más allá de lo táctico, más allá de los sistemas de juego y las estrategias. Es una hermandad forjada en las trincheras de un Real Madrid que intentaba destronar al mejor Barcelona de la historia.
El soldado perfecto
La conexión entre ambos fue inmediata cuando Mourinho aterrizó en Valdebebas en el verano de 2010. Arbeloa había regresado al Madrid apenas un año antes, procedente del Liverpool, donde había madurado como futbolista.
No era una estrella mediática como Cristiano, Kaká o Benzema, pero encarnaba valores que el portugués consideraba esenciales: disciplina inquebrantable, lealtad ciega al proyecto y mentalidad de guerrero.
Arbeloa tenía la capacidad de ejecutar el plan del entrenador sin fisuras, incluso cuando eso significaba renunciar a su protagonismo. Mourinho lo había dejado claro desde el primer momento: de Álvaro esperaba solidez defensiva, concentración absoluta y sacrificio. Nada de alardes ofensivos ni libertades creativas.
Una anécdota lo ilustra a la perfección. En un partido contra el Sevilla, Arbeloa jugó en la banda izquierda, lejos de la mirada directa de Mourinho, y se permitió subir al ataque seis o siete veces.
En el descanso, el entrenador soltó con ironía: "Hoy tenemos a Cafú en el equipo, ¿dónde va Cafú subiendo tantas veces?". Lejos de molestarse, Arbeloa interpretó aquella corrección como una muestra del carácter del técnico y de su claridad en las expectativas.
Aquella lealtad sin fisuras convirtió al salmantino en una pieza fundamental del sistema 4-2-3-1 de Mourinho. Disputó 122 partidos bajo sus órdenes, incluida la inolvidable Liga de los 100 puntos en 2011/12.
Arbeloa, Xabi Alonso, Casillas y Mourinho, en otra imagen compartida en redes sociales en 2012
Mientras otros jugadores del vestuario cuestionaban los métodos del portugués, Arbeloa se mantenía firme. Cuando estalló el conflicto entre Mourinho y Casillas en la temporada 2012/13, el lateral -igual que Xabi Alonso- se posicionó claramente junto al entrenador, incluso sabiendo que aquello le granjearía la enemistad de parte del vestuario.
Mourinhista de alma, no de pizarra
Sin embargo, la profunda admiración de Arbeloa por Mourinho como persona no se ha traducido en una réplica táctica de sus métodos. Y es ahí donde radica la gran diferencia entre el discípulo y el maestro.
Cuando Arbeloa fue presentado como entrenador del primer equipo del Real Madrid el pasado 12 de enero, tras la destitución de Xabi Alonso, dejó claro su posicionamiento: "Fue un honor ser entrenado por él. Influyó mucho en mí, le llevo dentro de mí. Pero voy a ser Arbeloa. Si quisiera ser Mou fracasaría estrepitosamente".
"Si quisiera ser Mou fracasaría estrepitosamente"
La diferencia entre ambos es tanto filosófica como táctica. El Mourinho del Real Madrid era el profeta del equilibrio defensivo, del bloque compacto y de las transiciones verticales.
Su 4-2-3-1 priorizaba la solidez del doble pivote, laterales que apenas subían (como el propio Arbeloa) y extremos que se movían hacia dentro para atacar los espacios. Era un fútbol diseñado para contrarrestar al Barcelona de Guardiola: defensivo, pragmático y devastador en el contraataque.
El Arbeloa entrenador, por el contrario, ha apostado por un modelo radicalmente distinto. Su sistema predilecto es un 4-3-3 flexible que puede mutar a 4-2-3-1, pero con principios opuestos a los de Mourinho: presión alta, bloque adelantado, laterales profundos que llegan a línea de fondo y extremos abiertos o a pierna cambiada.
Su Castilla, antes de dar el salto al primer equipo, era un equipo obsesionado con recuperar el balón en campo rival, con una intensidad innegociable.
Arbeloa dirigiendo el entrenamiento del Real Madrid, este martes, en el estadio da Luz
Arbeloa es, además, un técnico del detalle metodológico. Graba los entrenamientos, los estudia, los disecciona. Utiliza tecnología, análisis individualizado y corrección constante. En lo humano, sin embargo, sí se acerca al Mourinho de las primeras etapas: es exigente pero cercano, directo pero protector. "La gestión humana es clave para que las ideas funcionen", declaró en su presentación.
De Rafa Benítez, su entrenador en el Liverpool, ha tomado el rigor metodológico. De Mourinho, la capacidad de crear cohesión de grupo bajo presión. Pero su ADN futbolístico es distinto: ofensivo, vertical, agresivo.
La paradoja del reencuentro
Las ruedas de prensa del martes confirmaron que el afecto entre ambos permanece intacto. Mourinho fue explícito: "Arbeloa es mi niño, no es solo un exjugador mío. No fue el mejor jugador que tuve en el Madrid, pero sí uno de los mejores hombres que ha jugado para mí. Es al último al que podría presionar".
"Arbeloa es mi niño [...] No fue el mejor jugador que tuve en el Madrid, pero sí uno de los mejores hombres que ha jugado para mí"
Y añadió, con una sonrisa: "Quiero mucho al Madrid y quiero mucho a Álvaro. Solo quiero que les vaya mal mañana".
Arbeloa respondió con igual emoción: "No me perdí las ruedas de prensa de Mourinho cuando era jugador. Emocionado y feliz porque ha sido mucho más que un entrenador. Le considero un gran amigo".
Y luego añadió algo significativo: "Las bases de ese Real Madrid de La Décima las sentó Mourinho". Con esa frase, el técnico español situaba a su maestro en el mismo escalón que Ancelotti y Zidane en la historia reciente del club.
El partido de este miércoles en Lisboa enfrentará a dos hombres unidos por la lealtad, el respeto y el afecto. Pero también a dos filosofías futbolísticas radicalmente distintas.
Las cuentas de la última jornada de la Champions League
El Benfica de Mourinho llega necesitado, en la posición 29 de la Champions con solo 6 puntos, jugándose la supervivencia europea. Mourinho fue claro: "O matas o mueres de pie". El Real Madrid de Arbeloa, por el contrario, ocupa el tercer puesto con 15 puntos y tiene prácticamente asegurado su pase a octavos. Un empate le basta para asegurar el top 8.
Sobre el césped del estadio da Luz se medirán dos hombres que se quieren profundamente, pero que entienden el fútbol de manera distinta. Arbeloa nunca intentará replicar el estilo de Mourinho, porque sabe que sería fracasar.
Ha aprendido del maestro los valores intangibles: la mentalidad ganadora, la gestión del vestuario en momentos de crisis, la verticalidad en el mensaje. Pero en lo táctico, ha construido su propia identidad.
Antes del pitido inicial, ambos se fundirán en un abrazo. Como en 2017, cuando Mourinho entrenaba al Manchester United y Arbeloa jugaba en el West Ham. Como cada vez que se reencuentran.
Porque, como escribió el portugués en 2016 -publicada en MARCA, con motivo de la despedida de Arbeloa del Real Madrid-, "Álvaro no es solo un jugador para mí. Es un amigo".
Pero durante 90 minutos, la amistad quedará en suspenso. Y después, como siempre, volverán a ser maestro y discípulo. 'Mourinhista' de alma, aunque no de pizarra.
