La victoria del Barcelona ante el Oviedo (3-0) el pasado domingo quedó marcada por un protagonista inesperado: una tormenta torrencial con granizo que puso en evidencia las deficiencias estructurales del Spotify Camp Nou.
En los últimos minutos del encuentro, una intensa tromba de agua convirtió el estadio en escenario de imágenes insólitas, con la zona de prensa completamente inundada, goteras en áreas supuestamente techadas y un Joan Laporta empapado en el palco presidencial.
Era el primer temporal de gran intensidad desde la reapertura del coliseo blaugrana en noviembre, tras 43 días sin jugar en casa.
Los 44.763 espectadores que asistieron al partido presenciaron cómo el granizo -histórico para este estadio- caía sobre el terreno de juego mientras los jugadores completaban los minutos de prolongación.
"Es el primer partido que juego con granizo. Nos han parecido muchos minutos de añadido", confesó Pau Cubarsí después del encuentro. Marc Casadó fue más gráfico: "Te dolía la cabeza y todo. Alguna te daba en el ojo".
El episodio más vergonzoso se vivió en la tribuna de prensa. Las primeras filas, desprovistas de cubierta provisional, quedaron prácticamente anegadas. Los periodistas tuvieron que proteger equipos y ordenadores de forma improvisada, y muchos acabaron empapados mientras trabajaban.
Las imágenes de los palcos de prensa inundados se viralizaron rápidamente en redes sociales, generando críticas hacia un estadio recién reformado que debería ofrecer condiciones mínimas para el trabajo profesional.
Pero las deficiencias no terminaron ahí. A pesar de tratarse de un recinto en pleno proceso de modernización, aparecieron goteras en varias zonas del estadio que supuestamente contaban con protección provisional.
Incluso el palco de autoridades quedó expuesto al diluvio, obligando a directivos a utilizar paraguas y capuchas dentro de una zona que debería representar la excelencia institucional del club.
Joan Laporta protagonizó una escena entre épica y desoladora. Mientras el presidente del Oviedo, Martín Peláez, intentaba salvaguardarse con un paraguas, el mandatario azulgrana permaneció en primera fila junto al vicepresidente Rafa Yuste sin protección alguna, resistiendo el chaparrón hasta el pitido final.
La situación provocó una evacuación masiva. Un sector considerable de los espectadores abandonó sus asientos antes del final del encuentro, refugiándose a la carrera en los pasillos interiores.
En el banquillo, Hansi Flick pedía insistentemente al cuarto árbitro que acelerara el final para evitar resbalones y posibles lesiones sobre un césped que, paradójicamente, aguantó perfectamente las condiciones extremas.
El problema estructural tiene fecha de caducidad: el Spotify Camp Nou no dispondrá de cubierta definitiva hasta el verano de 2027.
Hasta entonces, el estadio seguirá expuesto a los caprichos meteorológicos, con amplias zonas sin protección y soluciones provisionales que este domingo demostraron ser insuficientes.
La ironía no escapó a nadie. Durante meses, el barcelonismo había bromeado sobre los problemas de la cubierta retráctil del Santiago Bernabéu.
Ahora, el Camp Nou enfrenta su propia realidad: un estadio sin techo durante dos años más, vulnerable a temporales como el que este domingo convirtió una victoria cómoda en un espectáculo de supervivencia bajo el granizo catalán.
Al menos, Lamine Yamal firmó un golazo acrobático para que la jornada no quedara únicamente en el recuerdo de las goteras.
