Alexander Nouri fue durante años una cara reconocible en los banquillos de la Bundesliga. Dirigió al Werder Bremen en la élite alemana, pasó por el Ingolstadt, fue mano derecha de Jürgen Klinsmann en el Hertha y llegó a ejercer como técnico interino en Berlín.
También tuvo una breve experiencia en Grecia, en el Kavala, antes de desaparecer del radar futbolístico en 2022. Ahora, a los 46 años, su nombre vuelve a los titulares por un giro radical: ha dejado el fútbol para gestionar dos restaurantes de McDonald's en Renania del Norte-Westfalia.
El propio Nouri lo explicó en una entrevista con el diario Süddeutsche Zeitung. No llega a la cadena de comida rápida como imagen de marca, sino como franquiciado que ha pasado por todo el proceso de formación, incluido el trabajo en cocina.
"No entro ahí diciendo: sé cómo funciona", aclara. "Estoy aquí para aprender". Para alguien acostumbrado a moverse entre pizarras tácticas y ruedas de prensa, la frase retrata bien su decisión de empezar, de nuevo, desde el barro.
Nouri solicitó convertirse en franquiciado y, durante su periodo de inducción, se puso a freír hamburguesas y a aprender los procedimientos internos, desde el control de inventario hasta la gestión de turnos.
Alexander Nouri, en el Werder Bremen
No se trató de un experimento puntual, sino de un proyecto empresarial a largo plazo: los dos locales están en el norte de Alemania y él es el responsable último de resultados, personal y experiencia del cliente.
Lo que más le interesa contar, sin embargo, no es el cambio de escenografía, sino las continuidades. "Al final del día, ambos mundos se basan en unir a la gente. En el fútbol son los jugadores, aquí son los empleados".
"Pero el principio básico es el mismo: tienes que entender quién se sienta delante de ti, qué les mueve, qué necesitan para rendir", explica. La frase condensa su manera de traducir el liderazgo de vestuario al de un restaurante de franquicia.
Nouri insiste en que no llega con respuestas prefabricadas desde el deporte, sino con un marco mental. En el banquillo aprendió a gestionar egos, a leer estados de ánimo y a hacer convivir perfiles muy distintos bajo la presión del resultado semanal.
En la barra de un McDonald's, el marcador se mide en tiempos de espera y satisfacción del cliente, pero la dinámica de equipo no es tan diferente: turnos largos, salarios ajustados y la necesidad de que todos empujen en la misma dirección para que el servicio no se caiga.
El contexto ayuda a entender su giro. Tras su salida del Kavala, Nouri encadenó varios años sin proyecto estable en el fútbol profesional. Mientras tanto, otros técnicos de su generación han abierto supermercados o se han asociado a franquicias de comida rápida, buscando una combinación de estabilidad económica y margen para organizar su propia vida.
En su caso, la apuesta ha sido abandonar por completo los banquillos y asumir que su nueva presión ya no viene de la tabla de la Bundesliga, sino de las cifras de facturación y las auditorías de la central.
Su historia encaja en una tendencia creciente: la de entrenadores y exjugadores que utilizan las competencias del deporte de alto nivel -liderazgo, gestión de grupos, resistencia al estrés- para dirigir negocios muy pegados al día a día de la gente.
Nouri, que un día se jugó la permanencia del Werder Bremen en estadios llenos, hoy se la juega en la caja de dos restaurantes de carretera. Y, sin embargo, cuando resume su trabajo, lo hace con la misma lógica que aplicaba en el vestuario: "Ambos mundos se basan en unir a la gente".
