André Schürrle será para siempre recordado en el mundo del fútbol por ser el encargado de dar la asistencia a Mario Götze en el gol con el que Alemania ganó el Mundial de 2014. Se disputaba la segunda parte de la prórroga de la final en aquella Copa del Mundo, y entonces el germano corrió por la banda izquierda queriendo hacer daño a Argentina. 

Le tapaban dos futbolistas de la Albiceleste, pero el exjugador del Chelsea sacó un centro increíble con su pierna izquierda en una posición forzada que aprovechó su compañero Götze para marcar un gol que ya es Historia. Aquel fue el momento más dulce de toda su carrera deportiva, su mejor recuerdo como el propio Schürrle dijo más tarde, pero cinco años más tarde la ilusión por la competición se había esfumado y decidió colgar las botas cuando nadie se lo esperaba.

Fue otra de las víctimas de la presión a la que están sometidos los atletas de élite que compiten en las pruebas más exigentes. "No hay hueco para ningún momento de fragilidad y debilidad", llegó a decir el jugador en unas estremecedoras declaraciones. "Ya no necesito aplausos", prosiguió después de decir que durante su etapa en Inglaterra se sintió "en el fondo del agujero" y que notaba que ya estaba acabado.

El delantero rompió el contrato que le vinculaba con el Borussia Dortmund y decidió decir adiós al fútbol después de haber jugado en equipos como el Mainz, el Bayer Leverkusen, el Chelsea, el Wolfsburgo o el Spartak de Moscú. Todo un campeón de mundo que decía adiós sin ni siquiera haber llegado a cumplir los 30 años.

Aquella fue una gran sorpresa, pero también resulta chocante cómo ha evolucionado la vida del exfutbolista alemán una vez que ya no se gana la vida con el balón. En sus redes sociales se ha encargado de compartir varias imágenes en las que se muestra siguiendo el famoso método Wim Hof, una práctica que lleva al cuerpo al límite en situaciones de frío extremas, y que Schürrle ha convertido en su nueva religión.

El polémico método

Esta particular práctica cuenta con su propia página web en la que explica en qué consiste este método e incluso vende libros, prendas de ropa o cursos a distancia. El padre de todo este movimiento es Wim Hof, un atleta extremo holandés al que se le apoda 'El hombre de hielo' después de realizar una serie de hazañas como escalar el Kilimanjaro en pantalones cortos o correr una media maratón descalzo sobre el Círculo Polar Ártico.

Oficialmente, en esta página web definen el método Wim Hof como "una combinación de respiración, terapia de frío y compromiso que ofrece una gama de beneficios" y alegan que "enseña a personas de todo el mundo, desde celebridades y atletas profesionales hasta personas de todas las edades, a controlar su cuerpo y mente y lograr cosas extraordinarias".

Esta terapia se basa en tres pilares fundamentales, la respiración, la terapia de frío y el compromiso. El aprendizaje para inhalar y expirar de una manera adecuada se presenta importante en este método, al igual que la paciencia y la dedicación como parte de ese compromiso, pero lo más llamativo es la terapia de frío a la que muchos de sus adeptos someten su cuerpo como Schürrle. 

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Afirman que "la exposición adecuada al frío inicia una cascada de beneficios para la salud, incluida la acumulación de tejido adiposo marrón y la pérdida de grasa resultante, la reducción de la inflamación que facilita un sistema inmunológico fortalecido, niveles hormonales equilibrados, mejor calidad del sueño y la producción de endorfinas". Todo beneficios que, sin embargo, tienen algunas lagunas.

Algunos estudios médicos han demostrado que ciertas prácticas de este movimiento pueden llegar a ser efectivamente beneficiosas para la salud, pero en cambio otras todavía siguen suscitando dudas y levantando cierta polémica ante el castigo al que está expuesto el cuerpo.

La experiencia de Schürrle

Para André Schürrle, no obstante, son todo ventajas y por eso se ha adscrito a esta corriente. En sus redes sociales comparte fotografías en las que se le puede ver en piscinas de hielo, realizando senderismo semidesnudo o incluso en paisajes nevados simplemente ataviado de unos pantalones cortos y un gorro para cubrir su cabeza.

El germano ha aprendido a controlar su cuerpo hasta tal punto de dominar el frío extremo y sentir que eso repercute en su salud de manera positiva. Retirado del fútbol hace ya casi cuatro años, sabe lo que es el esfuerzo físico de primer nivel al haber jugado competiciones como un Mundial o la Champions League, pero esto supone un paso muy diferente.

Schürrle, nuevo jugador del Fulham. Foto: fulhamfc.com

Él, no obstante, está encantado con la práctica que está llevando a cabo. "Es la cosa mental y física más difícil que he hecho. Los últimos minutos no podía sentir nada y tuve que encontrar algo muy dentro de mí para seguir adelante. Una experiencia que nunca olvidaré! -19 grados, 100 km/h viento en nuestras caras, fuerte nieve y lluvia. Lo que aprendí... mi cuerpo y yo somos más fuertes de lo que pensaba si pongo mi mente y alma en ello puedo hacerlo todo", aseguró después de una de sus últimas escapadas.

El exdelantero está convencido de que esto es beneficioso para su cuerpo, hace gala del control de su respiración y de la paz mental que llega a alcanzar: "La exposición al frío fue una parte de nuestra experiencia. La otra parte fueron sesiones de respiración pesada. Las emociones y sentimientos que surgieron de estas sesiones fueron increíbles. ¡Lloré, reí y me relajé! Perdoné a la gente y sentí una gratitud increíble por mi vida y el universo", confesó.

Es la nueva vida de alguien que hace pocos años era una estrella del fútbol y tenía una carrera prometedora por delante, pero que quiso cambiar de vida con un retiro prematuro. Ahora, su mente inquieta le ha llevado a encontrar nuevos desafíos y este método Wim Hof ha supuesto una válvula de escape para él.