El fútbol ha vivido unos días frenéticos. Desde que en la madrugada del pasado domingo al lunes se anunciase la creación de la Superliga Europea, el deporte rey se ha convertido en una auténtica montaña rusa de reacciones, protestas, defensas y comunicados oficiales.

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48 frenéticas pasaron desde el anuncio de los doce socios fundadores a la reunión de urgencia telemática después de las presiones ejercidas por UEFA, FIFA, Gobiernos, Federaciones y, en especial, por los aficionados ingleses. Precisamente, fueron los clubes de la Premier League los primeros en recular.

El Manchester City fue el primero en confirmar su salida del proyecto y mientras se producía la reunión telemática, el resto de equipos ingleses fueron, uno tras otro, siguiendo a los citizens, siendo el Chelsea el último en anunciarlo. Ya en la mañana del miércoles, Juventus de Turín, Milan e Inter siguieron a los británicos, así como el Atlético de Madrid.

El logo de la Superliga Europea

Mientras el foco de atención se centra en lo que supone este freno a la Superliga para los fundadores y los equipos masculinos, el gran olvidado volvió a ser, una vez más, el fútbol femenino. Porque sí, la Superliga también había pensado en él, en dar impulso a este deporte en un momento especialmente complicado para él después del subidón que se produjo tras el Mundial de Francia 2019.

Proyecto para el 'futfem'

El plan era comenzar con el proyecto para el fútbol masculino de inmediato y una vez logrado esto, comenzar a forjar la Superliga Europea Femenina. "Tan pronto como sea posible, tras el inicio de la competición masculina, se pondrá en marcha la correspondiente competición femenina, lo que contribuirá al avance y al desarrollo del fútbol femenino", se podía leer en el primer comunicado.

Si bien es cierto que fuera de esos doce clubes fundadores se encontraban auténticas potencias dentro del 'futfem' como el Olympique de Lyon, el PSG, el Wolfsburgo o el Bayern Múnich, se podría presumir que por esa meritocracia para los invitados, todos estos hubieran estado incluidos en la Superliga Europea Femenina.

El Olympique de Lyon levanta la Women's Champions League 2019/2020 Reuters

El nuevo torneo hubiese nacido después de que la Women's Champions League, pese a sus 20 años de historia, todavía no se ha consolidado completamente. Tal vez por este motivo, desde los organismos continentales han ideado un nuevo formato en la UWCL, para que más equipos puedan jugarla y con una organización diferente a la actual, la cual se ha comprobado que no está dando sus frutos ni está ayudando al avance que debería para el fútbol femenino.

Viabilidad económica

El dinero es uno de los grandes talones de Aquiles para el fútbol femenino. Por ello desde la Superliga aseguraban que la nueva competición supondría "un avance y desarrollo" para este deporte, pero también ayudaría al "crecimiento económico" que tanta falta hace a los clubes.

El fútbol femenino todavía no puede subsistir por sí mismo. La Superliga podría haber acortado plazos y ayudar al despegue de los equipos femeninos. Fue, precisamente, en Inglaterra donde hace tan solo una semana se aseguraba que estos conjuntos no son rentables hoy por hoy.

Kelly Simmons, directora de fútbol profesional femenino de la FA, era la encargada de señalar la realidad que vive este deporte: "El gran cambio será que el fútbol femenino debería poder generar suficientes ingresos en diez años para valerse por sí mismo".

"Hemos visto a Barclays, hemos visto los anuncios de derechos televisivos de varios millones de libras que hicimos hace un par de semanas, pero aún no es suficiente. No puede sobrevivir sin el dinero obtenido a través del fútbol masculino. En los próximos diez años veremos ese cambio, los ingresos crecerán y deberíamos buscar una liga profesional sostenible por derecho propio y eso será un gran cambio", afirmaba.

Lo que podía haber sido una expansión internacional para el fútbol femenino a nivel internacional se convierte en un frenazo para las futbolistas, para el esperado despegue de los equipos femeninos. Un stop a un proyecto que se habría convertido en un resquicio de crecimiento y expansión del 'futfem'.

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