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Este domingo, a eso de las 19:30 horas, Tadej Pogacar entrará por la puerta grande al Olimpo del Tour de Francia. Al cielo, en definitiva, del ciclismo. La mejor carrera del planeta coronará por quinta vez -tercera consecutiva- al campeón esloveno para dejar claro quién es el mejor ciclista de los últimos tiempos.

Le esperaban Indurain, Merckx, Anquetil e Hinault con los brazos abiertos. Han tenido que preparar una silla más para que un nuevo comensal pueda sentarse a esa mesa de elegidos. No se ampliaba esa 'familia' desde 1995, así que esto es algo que no se ve todos los días.

Tadej Pogacar ha mandado en este Tour a su antojo. Cerró la carrera en la primera semana, se sobrepuso a un virus dentro del equipo, se llevó un puñado de victorias que bien pudieron ser más y terminó haciendo de gregario.

Tadej Pogacar, tras la primera etapa de Alpe D'Huez. REUTERS

Es el ciclista total, el corredor que ha instaurado un dominio sin parangón ante el que nadie puede hacer frente. Gana dando espectáculo, y da la sensación de que a cada año que pasa es todavía un poco mejor.

Ahora quizás se lance a por La Vuelta para completar la triple corona, pero el aficionado puede congratularse de ver en directo historia del deporte, a alguien que ha convertido el Tour de Francia en el patio de su casa con una facilidad pasmosa.

Tres años sin rival

Era el gran favorito y no falló. Y no siempre es fácil cumplir con los pronósticos. Lidiar con la extrema presión, estar a punto en los momentos críticos, no tener ni un solo día malo, evitar caídas... En una gran vuelta de tres semanas son muchos los condicionantes que hay que ir sorteando para salir airoso. Incluso hay que aliarse con la suerte.

El quinto Tour de Francia de Tadej Pogacar será recordado como ese que dominó con puño de hierro de principio a fin. Quizás su victoria más contundente en la ronda gala, y eso que venimos de dos precedentes de claro mandato.

Esta vez todo se le puso de cara muy pronto. Pogacar 'mató' el Tour de Francia en la sexta etapa. Le sobraron otras 18. Su victoria en Gavarnie-Gèdre y los más de 2 minutos y medio que le endosó a Jonas Vingegaard en el primer contacto con la montaña lo dejaron todo meridianamente claro. Aquello no se le iba a escapar.

Y eso que el Tour arrancó precisamente con Jonas Vingegaard lanzando un primer aviso en la contrarreloj de Barcelona. Allí tomó 12 segundos de ventaja, y se entendió como un aperitivo de la batalla que se podía librar entre los grandes favoritos.

Pero la verdad dice que el Tour de Francia lleva en realidad tres años consecutivos sin ver esa gran rivalidad en su máximo esplendor. En 2024 por la caída de Vingegaard en la Itzulia, en 2025 por la clara superioridad de Pogacar, y en esta edición por una mezcla de tremendo poderío del esloveno con el abandono del danés.

De principio a fin

Pogacar ha dado la situación de tenerlo siempre todo bajo control. De ser un gran líder, pero también de ser un mejor compañero. Porque a las victorias que ya tiene perfectamente podría haberle sumado un par de ellas más.

El Tadej más solidario salió a relucir en la segunda etapa, también con final en Barcelona. Ahí, con ese tradicional final en Montjuïc, decidió dejarlo todo para que su compañero Isaac del Toro se estrenara en el año de su debut en el Tour de Francia. Una maniobra maestra. Un regalo a un gran amigo, y un favor para tener a un gregario de lujo a su lado el resto de la carrera.

Su turno llegó al día siguiente en Les Angles. Ahí no perdonó y sacó todo su olfato asesino para estrenar su casillero. Doblete, porque también se vistió de amarillo por primera vez.

Pogacar se lleva la victoria en Le Markstein. Reuters

Un maillot que cedió al día siguiente con una planificación perfectamente estudiada y que recuperó con la mencionada e increíble victoria en Gavarnie-Gèdre. Ya no se volvió a bajar de la primera posición.

Con la moral comida al resto, todo lo demás fue coser y cantar. Visto desde fuera, porque el esfuerzo sigue siendo impresionante y en el ciclismo no hay nada sencillo.

Cada etapa de montaña quedó bajo el yugo de UAE y de Tadej Pogacar. En Le Lioran, otra muestra más. Su tercer triunfo en esta edición, como si nada. Y en Le Markstein, una más para el póquer.

Tadej Pogacar, de amarillo. REUTERS

Plateau de Solaison se antojaba como otra oportunidad perfecta para la quinta victoria, pero otra vez apareció el Pogacar más magnánimo. El día del abandono de Vingegaard, Tadej se puso a trabajar para Del Toro en la subida final y la jugada salió mal porque Evenepoel se llevó la victoria. Todavía hay quien dice que Pogacar le dejó ganar en el sprint final.

Lo último fue lo de Alpe D'Huez. Quería escribir su nombre con letras de oro en una cima tan importante como esta. Tampoco falló. Hizo lo que quiso. Otro triunfo de prestigio y ayer, en la segunda llegada a esta cima, se convirtió en gregario de Del Toro.

El broche final en París

Por si toda esta historia no fuera suficiente, el Tour de Francia todavía no ha terminado, y eso ofrece una última oportunidad a Tadej Pogacar para ampliar su leyenda.

La tradicional última etapa en París ya se modificó el año pasado y ahora, con la subida a Montmartre, se abre un nuevo abanico de posibilidades mucho más allá de los sprinters.

Ya se vio en la edición pasada, aunque es cierto que estuvo marcada por la lluvia. De hecho, los tiempos de la general se neutralizaron antes de entrar al circuito. Pero la introducción de la ascensión a Montmartre le dio un atractivo jamás visto a esta guinda del pastel.

Tadej se quedó a las puertas de la victoria. Wout van Aert se mostró más fuerte y culminó una tremenda exhibición, aprovechándose también de los problemas de rodilla del campeón que más tarde se desvelaron.

Esta vez, sin embargo, todo vuelve a sonreír a Pogacar. Ahora llega sano, sin molestias, y tampoco está Wout van Aert en carrera.

Tendrá rivales a la altura, está claro, pero un ciclista de la ambición extrema de Pogacar no querrá dejar pasar una oportunidad pintiparada de inscribir su nombre en París. Igual que lo ha hecho este año en Alpe D'Huez, por ejemplo. Puede ser el último trazo de la gigante obra maestra de un esloveno que sigue haciendo méritos para ser reconocido como el mejor de todos los tiempos.

¿Y ahora qué?

Pogacar ya está en el último nivel. Al repasar la lista de ganadores del Tour de Francia su nombre aparece junto a los de Miguel Indurain, Eddy Merckx, Jacques Anquetil y Bernard Hinault. Todos ellos tienen 5 entorchados, el máximo exponente del ciclismo.

Sin embargo, la edad juega a favor de Tadej Pogacar. A sus 27 años tiene todavía años de ciclismo en las piernas y la sensación de manejar el ciclismo a su antojo.

Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard dialogan. REUTERS

No se vislumbra nada que le pueda hacer sombra en los próximos años en el Tour de Francia. En realidad, en ninguna gran vuelta de tres semanas. Año tras año sigue mejorando y Vingegaard, quien otrora le mojó la oreja en dos ocasiones, no ha seguido la estela.

A Pogacar le falta La Vuelta para completar la triple corona. Los rumores apuntan a que este año se lanzará a por ella, así que puede ser este el año en el que complete otro gran logro.

La pregunta es cuántos Tours de Francia podrá ganar Tadej Pogacar en su vida. Él tiene claro que no prolongará su carrera deportiva muchos años más. El sacrificio de este rendimiento deportivo es gigantesco, y eso implica muchas renuncias personales. Pero si consigue el sexto, conseguirá pasarse el juego.