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No existen calificativos para describir año tras año las gestas que acostumbra a protagonizar Tadej Pogacar. 31 años después, París ha vuelto a vestirse de amarillo para recibir a un nuevo miembro del Olimpo.

Son ya cinco Tour de Francia, tres de forma consecutiva, para ingresar en un selecto club que hasta hoy conformaban Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Induráin. La mesa de los pentacampeones tiene un nuevo comensal más de tres décadas después.

El navarro conquistó su primera Grande Boucle a los 27 años, la misma edad con la que el que ya aspira a ser el mejor ciclista de todos los tiempos suma cinco títulos. Merckx alcanzó esa cifra con 29 años; Anquetil y Hinault, con 30; Induráin, con 31. Dos franceses, un belga, un español y un esloveno. La nueva era.

La última etapa, reducida a 88,7 kilómetros por la necesidad de destinar efectivos de seguridad a la lucha contra los incendios forestales, transcurrió íntegramente por las calles de París.

El tradicional recorrido por los Campos Elíseos, acompañado esta vez por tres ascensiones a Montmartre, sirvió de antesala a la ceremonia final, en la que Tadej Pogacar recibió de manera definitiva el maillot amarillo.

Remco Evenepoel ocupó el segundo peldaño del podio, mientras que Isaac del Toro, compañero, amigo y protegido del campeón, completó la imagen desde la tercera posición.

La épica victoria de Van der Poel

La última victoria en este edición del Tour de Francia se la llevó Van der Poel con un ataque demoledor en los Campos Elíseos. La última etapa desembocó en los Campos Elíseos con aroma de clásica.

Montmartre endurecía el recorrido y, pese a las tres semanas de desgaste, aún quedaban fuerzas para una última batalla. Pogacar descartó cualquier desfile triunfal con el maillot amarillo.

Aceleró en la Rue Lepic, entre un público volcado sobre las vallas, y solo Mathieu van der Poel pudo responder a su cambio de ritmo. El esloveno y el neerlandés se lanzaron juntos hacia el centro de París, como si el Tour todavía estuviera por decidirse.

Por detrás, el pelotón reaccionó con urgencia. Los equipos de los velocistas olieron la oportunidad, Decathlon tomó la iniciativa para Kooij y Cofidis se sumó a una persecución que parecía destinada a neutralizar la escapada.

A falta de cinco kilómetros, Pogacar y Van der Poel conservaban una renta mínima; al paso por la pancarta del último kilómetro, apenas seguían aferrados a ella.

Fue entonces cuando Van der Poel cambió el guion. Dejó atrás al líder de la general y, a 600 metros de meta, lanzó un ataque definitivo entre el estruendo y las luces de los Campos Elíseos.

El pelotón terminó por alcanzarle, con Jasper Philipsen y Mads Pedersen lanzados en el esprint, pero el neerlandés encontró la fuerza suficiente para resistir hasta la misma línea de llegada.

Van der Poel se impuso por unos centímetros, sostenido por el orgullo y la determinación. Pogacar cruzó la meta instantes después, sin nada más que demostrar, vencedor de su quinto Tour de Francia y ya instalado entre las grandes leyendas del ciclismo.

París consagró al esloveno, aunque el último destello fue para el neerlandés. El telón cayó con dos imágenes para el recuerdo: Pogacar vestido de amarillo eterno y Van der Poel lanzándose sobre la última línea blanca.