Arnaud Démare se ha vuelto a imponer en una llegada al sprint en este Giro de Italia 2020. El corredor del equipo Groupama-FDJ ha sumado su tercera victoria en tan solo siete etapas, coronándose como el gran dominador de las llegadas lanzadas en la 'Corsa rosa' [Así hemos vivido la séptima etapa del Giro de Italia]

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Por su parte, Peter Sagan volvió a quedarse con las ganas sumando un nuevo segundo puesto, demostrando que sigue sin encontrar ese golpe de pedal necesario para volver a llevarse una etapa en una gran vuelta. La séptima etapa del Giro de Italia estuvo marcada desde el inicio por el viento que provocó cortes en el pelotón y alguna caída.

El francés Arnaud Démare (Groupama FDJ) logró su tercera victoria en un esprint demoledor que puso fin a la séptima etapa, entre Matera y Brindisi, con un recorrido de 143 kilómetros, en la que el portugués Joao Almeida (Deceuninck Quick Step) retuvo la maglia rosa de líder.

Démare, en claro estado de gracia, prolongó su monólogo del esprint con un triplete que firmó con un tiempo de 2h:48':28", ganando el pulso al eslovaco Peter Sagan (Bora Hansgrohe) y al australiano Michael Matthews (Sunweb). Un desenlace previsto dentro de una etapa que se cerró a una velocidad elevada, de 51,2 km/h y con un ligero cambio en la general.

Los Groupama colocan a Démare para el sprint Twitter (@GroupamaFDJ)

En una jornada con emociones de principio a fin por los abanicos y alguna caída, el portugués Joao Almeida mantuvo el liderato con 43 segundos de ventaja sobre el español Pello Bilbao (Bahrain McLaren) y 48 sobre el neerlandes Kelderman, tercero. Pello quedó cortado en el esprint final y en un principio le picaron tiempo, pero finalmente la organización decidió reestablecer los tiempos, por lo que todo sigue igual.

Comienzo explosivo con abanicos

Hay quienes no esperan ni a la bajada de bandera para atacar. Esta vez fue el caso de cuatro hombres que salieron disparados de la mágica Matera, maravilla Patrimonio de la Humanidad. El pelotón dejó partir a De Gendt (Lotto Soudal), Cerny (CCC), Frapporti (Vini Zabù) y Pellaud (Androni).

Se esperaba viento, y apareció enseguida para poner pimienta a la jornada. En la primera zona abierta empezaron los bandazos, los abanicos produjeron nervios, tensión y cortes en el pelotón. El Deceuninck de Almeida y el Jumbo de Kruijswijk provocaron un buen lío. Un hachazo que dejó delante un grupo de 30 hombres en persecución del cuarteto.

Abanicos en el Giro de Italia Twitter (@giroditalia)

En un segundo sector cayeron en la trampa Pello Bilbao, Fuglsang, Majka y Yates. Un comienzo explosivo que puso emoción a una jornada de transición pensada para otro esprint, de esas denominadas "de transición".

Los abanicos arruinaron la escapada. La expedición no pudo abrir camino ante la revolución que se había formado por detrás, y los cuatro pasaron a la disciplina de un tren que llegaba lanzado. Tras el susto inicial, a 96 de meta el grupo de Bilbao se unió al del líder. Sólo Simon Yates quedó descolgado a 1 minuto.

Tras la tempestad, nueva normalidad y caída

Tras 60 eléctricos kilómetros volvió la calma. Los favoritos dejaron de darse la paliza por unos instantes y los aventureros iniciales volvieron a la carga. Pellaud y Frapporti, que ya lo intentaron de inicio, pusieron asfalto por medio, pero siempre a tiro de los intereses de los equipos de los velocistas.

Día de sobresaltos. A 45 km de meta una caída masiva rompió el grupo en varias partes. Un escenario caótico entre un amasijo sembró el pánico, si bien no hubo que lamentar lesiones serias. La carrera iba lanzada en busca de la meta de Brindisi, localidad a orillas del Mar Adriático, capital de la región de la Puglia.

Démare intratable logra el triplete

Hubo nervios hasta meta. El viento soplaba de costado y todo el mundo quería ir delante, al menos hasta que se consolidara la "volata" y entraran en escena los esprinters para gestionar el triunfo de etapa. Se rodaba cerca de Brindisi por una ancha autopista pintada en todo su ancho con el colorido de los maillots.

Asomaba Groupama para el triplete de Démare, el Bora para la deseada victoria de Sagan, y el Deceuninck con el fin de guardar las espaldas de Almeida, joven pero desenvuelto en la defensa de la maglia rosa.

Groupama lanzó a Démare de forma soberbia, anulando los intentos de otros equipos, como el UAE, que también buscaba oro para el colombiano Gaviria. El francés agarró la rueda de Sagan que no gana desde el Tour del 2019, y cuando consideró oportuno aceleró para impartir otra lección. Imparable. Tercer triunfo y decimotercero de la temporada. Es su año. Este sábado se disputará la octava etapa, entre Giovinazzo y Vieste, de 200 kilómetros.

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