Madrid

El Madrid está muy espeso en este tramo final de curso. Demasiado. También jugó a trompicones contra Unicaja. Tan pronto ganó por una máxima de 13 puntos como sufrió lo indecible ante la defensa malagueña, la mejor de estos playoffs de la ACB. Que los blancos llegasen al inicio del último cuarto con sólo 52 puntos anotados era realmente preocupante. Pero Sergio Llull maquilló todas las dudas que había en el ambiente (que eran muchas). Con su habitual arrebato de sangre fría en los últimos minutos, con canastas y triples a la desesperada, los de Laso respiraron tranquilos. Se llevan la primera victoria de esta semifinal, por mucho que las sensaciones no fuesen las mejores ni de lejos [Narración y estadísticas: 71-68].

Llamar a las puertas de la épica tantas veces en los últimos partidos no es buena señal. Y menos cuando el rival te obliga a depender de la lucidez de dos jugadores durante casi todo el partido. Más allá de Llull, Ayón fue el segundo jugador menos afectado por la crisis de identidad de los locales en ataque. Andrés Nocioni tampoco fue sometido del todo por el letargo, ya que actuó como revulsivo sobre todo en el segundo periodo. Ni Othello Hunter, otro hombre decisivo para amarrar la victoria a la hora de la verdad.

Nadie más hizo méritos para ser nombrado en la parcela ofensiva madridista. De ahí buena parte del mal rato generalizado que provocó el duelo en las filas del campeón. Unicaja mostró una mayor claridad de ideas y recursos en un alto porcentaje de minutos, de eso no cabe duda. Golpeó al Madrid desde el exterior, con Nedovic, Díaz y Díez. También por dentro, de la mano de la dupla Omic-Brooks (hay que ver cómo se hinchan las torres rivales últimamente contra los blancos). Hasta un Eyenga eléctrico desde que llegó a Málaga resultó un dolor de cabeza importante.

Cuando el Madrid parecía despuntar, e incluso amenazar con romper el partido, le fallaba la defensa. Al contrario que a los visitantes, que se ponían serios atrás y volvían al duelo con facilidad. Llegaron a mandar por seis en la primera mitad y por tres en la segunda. Los de Plaza desprendieron tanta seguridad en algunos momentos que podrían haber ganado de no haberse producido el despertar de su adversario y del Palacio. Porque, sí, los aficionados locales se pusieron las pilas a última hora. Se dejaron oír con más fuerza, protestaron ciertas decisiones arbitrales con fervor y, en definitiva, ayudaron a los suyos a dejar de estar en la inopia.

Este empieza a ser un lugar común desde la pasada Final Four de la Euroliga y no dejó de transitarse en la serie contra el Andorra. Tantos partidos en tan poco tiempo y un descanso casi inexistente acaban pasando factura. Sí, el equipo más regular tanto de la ACB como de la Euroliga esta temporada también es humano. Aunque el bajón no ha podido llegar en peor momento y ya va dejando síntomas tan preocupantes como el de la Llulldependencia que finiquitó el asunto este miércoles. Dentro de 48 horas, segundo capítulo de la eliminatoria. Con un peligro evidente: caer y necesitar una resurrección en casa ajena. Sólo un 'masoca' se la jugaría a esa carta, y más viendo cuánto valen su peso en oro los triunfos caseros en estos playoffs. El Madrid queda avisado: necesita mejorar.

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