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Le está costando al Real Madrid reconciliarse con Europa en esta nueva etapa. Tres jornadas de la Euroliga y tres derrotas consecutivas comienzan a dejar al conjunto blanco en una situación incómoda en estos primeros compases de la competición. [Hapoel 102 - 98 Real Madrid: así vivimos el partido de la Euroliga]

Los blancos sacaron lo peor y lo mejor de sí mismos en un mismo partido. Si bien encajaron 63 puntos y llegaron a estar 22 puntos abajo en la primera parte, tras el paso por los vestuarios dinamitaron esa desventaja por completo, sacaron a relucir su mejor versión y llegaron a estar por delante en el marcador.

Pero la remontada quedó incompleta. El nuevo bache del último cuarto penalizó a un Real Madrid que había remado casi hasta la extenuación y que no pudo evitar un inicio muy mejorable en la máxima competición continental.

El Madrid hace aguas

Mal empezó, y mal terminó. Un parcial de 5-0 favorable al Hapoel no fue sino el preludio de lo que estaba por venir. Como si fuera un aviso del destino que el Real Madrid no supo entender casi en ningún momento.

Los de Pedro Martínez hicieron aguas en una primera parte para olvidar. O para examinar perfectamente, porque de aquí va a tener que sacar muchas conclusiones el nuevo técnico madridista de lo que quiere evitar en las próximas semanas si no quiere ver cómo las cosas se le empiezan a complicar en exceso.

El Real Madrid aguantó el tirón al principio para poner el 5-5 en esos primeros compases, pero hasta ahí llegó su resistencia. Desde ese momento se fue enfrascando en una especie de nube negra que le nubló las ideas tanto en defensa como en ataque.

Leday comenzó a hacer de las suyas e hizo de la pista de Sofía -porque el Hapoel sigue jugando en el exilio- el patio de su casa. Los israelíes comenzaron a anotar triples como si tuvieran una fábrica propia y los blancos no aguantaron el ritmo.

Pronto los locales doblaron a los de Pedro Martínez en el marcador (20-10) para hacer ver que las cosas no iban bien en el bando blanco. Nadie aparecía individualmente, y el trabajo grupal tampoco era precisamente un fuerte.

Okeke pareció encarrilar un pequeño amago de reacción blanca desde el triple, pero enseguida Cabocio respondió con un triple abierto para evitar cualquier intento de rebelión visitante. El 29-20 al término del primer cuarto dejaba al Madrid tocado, pero con margen de reacción todavía.

Las cosas, sin embargo, se torcieron todavía más en los siguientes 10 minutos. Pareció abrirse una puerta a la esperanza con la cuarta falta personal de Cabocio, el mejor de los locales, cuando quedaba prácticamente todo el encuentro por delante, pero ni por esas.

No le afectó lo más mínimo aquello al Hapoel, que estaba volando sobre la pista mientras el Real Madrid se hacía cada vez más pequeño.

Malas decisiones en ataque para los blancos y defensas casi transparentes. Encajó 63 puntos al descanso el conjunto blanco, una losa muy complicada de levantar avistando el resultado (63-43).

Una reacción milagrosa

Pedro Martínez debe de tener una varita mágica oculta que sólo puede sacar en el vestuario. De otro modo, es complicado encontrar una explicación al cambio de cara que protagonizó el Real Madrid en la segunda mitad con respecto a la primera.

Como el día y la noche, dos equipos totalmente antagónicos en todo, en baloncesto y en confianza.

Aunque el arranque del tercer cuarto no fue muy esperanzador con apenas dos puntos en dos minutos, de repente el Real Madrid se sacudió todos los males de encima y encontró su mejor versión.

Todo lo que antes no salía, ahora parecía fácil. Las defensas que antes resultaban imposibles de controlar, ahora eran auténticas murallas para un Hapoel atascado.

Un triple de Smith permitió a los blancos recortar hasta el 67-53, una distancia todavía lejana pero que invitaba al optimismo por las sensaciones. Tavares machacó acto seguido y el propio Smith volvió a anotar para poner el 67-57, establecer la desventaja en la línea moral de los diez puntos y confirmar el 0-12 de parcial.

No se detuvo ahí ni mucho menos el Real Madrid. Quería aprovechar la inercia y que el Hapoel era un muñeco de trapo en esos momentos.

La penetración de Maledon agrandó el parcial hasta el 0-17 y los de Pedro Martínez se colocaron a 5 puntos (67-62) mientras los israelíes seguían atascados.

Un triple tremendo de Satoransky cortó la sangría para los locales, pero la distancia de 20 puntos se había esfumado por completo.

Luwawu-Cabarrot se puso en plan estrella y un mate de Tavares permitió al Real Madrid mandar por primera vez en todo el partido (74-75) a falta de unos pocos segundos para el final del tercer cuarto.

Arrancaron los diez minutos decisivos con tablas en el marcador (75-75) y todo pintaba muy bien para los de Pedro Martínez dada la inercia de los minutos anteriores.

Sin embargo, tan pronto como la inspiración llegó en el cuarto anterior, se esfumó en el último y decisivo. El ritmo se estancó y el Real Madrid dejó de anotar con alegría. El Hapoel agradeció este cambio en el partido y volvió a despegarse.

Otra vez a los dobles dígitos. Demasiadas oportunidades para los israelíes. Ni el último coletazo de vida fue suficiente para evitar la derrota y el Hapoel terminó cerrando el partido. El Real Madrid mira con preocupación este arranque de la Euroliga.

Hapoel 102 - 98 Real Madrid

Hapoel Tel Aviv (29+34+12+27): Micic (22), Satoransky (9), Bryant (22), LeDay (15) y Caboclo (15) -cinco inicial-, Blakeney (12), Carrington (-), Wainright (-), Odiase (-) y Oturu (7)

Real Madrid (20+23+32+23): Campazzo (3), Maledon (26), Luwawu-Cabarrot (21), Jantunen (7) y Tavares (14) -cinco inicial-, Smith Jr (12), Pradilla (-), Abalde (2), Okeke (8), Deck (1), Feliz (2) y Jones (2).

Árbitros: Sasa Pukl (SLO), Saso Petek (SLO), Guido Giovannetti (ITA). Señalaron falta técnica de tipo 1 a Facundo Campazzo (min.16), del Real Madrid, y técnica al banquillo del Hapoel (mon-28). Eliminaron por faltas a Bruno Caboclo (min.35), del Hapoel, y a Timothé Luwawu-Cabarrot (min.40), del Real Madrid.

Incidencias: Partido de la tercera jornada de la Euroliga disputado en el Arena Sofía de Bulgaria.