El Real Madrid ha necesitado 451 días para volver a levantar un trofeo. Le ha durado poco la sequía al equipo blanco: exactamente una temporada. El nuevo proyecto, con Pedro Martínez al frente del banquillo y una plantilla profundamente renovada, no ha podido comenzar mejor.
En apenas dos partidos oficiales, el conjunto madridista se ha proclamado campeón de la primera Supercopa de la Euroliga, después de imponerse al Dubái en una semifinal espectacular (95-98) y al Olympiacos en una final de enorme resistencia (89-93).
El título, además, tenía su morbo. El rival en la final era el mismo que había dejado al Real Madrid sin la última Euroliga, en aquella final en la que el equipo dirigido entonces por Sergio Scariolo acusó especialmente la ausencia de Tavares y Garuba.
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Esta vez, con el caboverdiano de nuevo sobre la pista, la historia fue diferente. El Madrid sobrevivió -jugó una parte importante del partido sin Tavares y Luwawu-Cabarrot por tener tres faltas-, resistió y acabó imponiéndose.
Y lo hizo con Sergio Llull levantando el trofeo. El capitán afronta su 21ª temporada como profesional y lo hace de una manera que ya parece inseparable de su figura: ganando.
Una reconstrucción exitosa
El Real Madrid afrontaba el verano obligado a reconstruirse. A las salidas de Trey Lyles, David Kramër, Yurtseven y Alex Len, se sumó la más importante, la de Mario Hezonja, cuyo futuro terminó resolviéndose con su marcha a la NBA.
El club blanco respondió y volvió a hacer un gran mercado. Llegaron Luwawu-Cabarrot; Mikael Jantunen; Jaime Pradilla; y tres apuestas más jóvenes como Alexander Sarr, Max Shulga y Damion Jones.
Eli Ndiaye llegó para salir cedido al Joventut, mientras que Nick Smith Jr., que compartió vestuario con LeBron James en los Lakers, fue el único de los nuevos fichajes que no llegó a debutar en esta Supercopa.
El Real Madrid eligió a Pedro Martínez para sustituir a Scariolo y el técnico ha respondido en su primer examen oficial con un título. Más allá del resultado, su primera actuación ha dejado señales de un equipo trabajado, flexible y capaz de responder a problemas diferentes.
Ante el Dubái, el Madrid tuvo que contener un baloncesto rápido y vertiginoso. La defensa fue capaz de sostener ese ritmo y, cuando llegó el momento decisivo, la pizarra apareció para forzar la prórroga mediante una acción culminada por Luwawu-Cabarrot.
En la final, Tavares y Luwawu-Cabarrot se cargaron de faltas y el Olympiacos encontró caminos para llevar al Madrid al límite. El catalán protegió a sus jugadores, repartió minutos y encontró soluciones en una plantilla especialmente profunda.
El técnico terminó confiando en Campazzo, Tavares y Luwawu-Cabarrot para los minutos clave. Una declaración de intenciones sobre el tipo de equipo que quiere construir.
"Casi crear esa mentalidad de ser un equipo unido, de compartir las cosas y el protagonismo, me resulta más importante que la victoria en sí", explicó Pedro Martínez después de levantar su primer título como entrenador del Real Madrid.
Pedro Martínez, en la final de la Supercopa de la Euroliga.
No quiso, sin embargo, convertir el título en un punto de llegada. Recordó que la competición oficial acababa de empezar y que el calendario obligará a gestionar una plantilla diseñada para disputar más de 90 partidos.
"Celebramos el presente, pero somos conscientes de los grandes retos que hay por delante y de los rivales a los que nos enfrentaremos", añadió.
La final ante Olympiacos tuvo un momento especialmente delicado en el tercer cuarto. El conjunto griego comenzó a dominar, provocó pérdidas y obligó al Madrid a jugar durante varios minutos sin el control que había mostrado anteriormente.
Las faltas de Tavares y Luwawu-Cabarrot complicaron todavía más el escenario. Fue entonces cuando apareció la profundidad de la plantilla.
Deck, Maledon, Jantunen y Damion Jones sostuvieron al equipo mientras sus principales referencias en el juego interior estaban condicionadas por las faltas.
Georgios Bartzokas, técnico del Olympiacos, reconoció tras la final la capacidad del nuevo Madrid para llevar los partidos a un ritmo elevado. " Les felicito por el título. El Real Madrid Juega muy bien en transición, nosotros también podemos hacerlo rápido, tenemos capacidad para responder, pero ellos llevan el juego a un tanteo muy alto".
Fin de la sequía
El último título del equipo había llegado con la ACB de 2025, todavía con Chus Mateo en el banquillo. Desde entonces habían pasado 451 días sin celebraciones. La espera terminó en el estreno oficial de un proyecto completamente nuevo.
El trofeo no solo inaugura el palmarés de Pedro Martínez como entrenador del Real Madrid. También confirma que la renovación de la plantilla no ha supuesto una pérdida inmediata de competitividad. Al contrario: los nuevos han tenido protagonismo desde el primer momento y los veteranos han encontrado su espacio.
Y en medio de todos ellos estaba Llull, otra vez. El capitán levantó una copa que amplía una historia europea que ya era extraordinaria.
El Real Madrid celebra la victoria en la final de la Supercopa de la Euroliga.
El Real Madrid suma 18 títulos continentales desde la creación de la máxima competición europea en 1957-58: once Copas de Europa/Euroligas, cuatro Recopas o Copas Saporta, una Copa Korac, una Copa ULEB y ahora esta nueva Supercopa de la Euroliga. A ese palmarés habría que añadir, fuera del ámbito estrictamente europeo, cinco Copas Intercontinentales.
Ahora empieza otra historia. Pedro Martínez apenas lleva dos partidos oficiales en el Real Madrid y ya tiene un título. El propio entrenador se ha encargado de rebajar la euforia y recordar que queda prácticamente todo por construir.
No obstante, la primera fotografía del proyecto es inequívoca: un equipo nuevo, profundo, resistente y capaz de ganar cuando todavía está aprendiendo a jugar junto.
