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Víctor Claver habla ya desde la serenidad del jugador retirado cuando se detiene en uno de los temas más delicados del deporte profesional: el dinero. A sus espaldas quedaba una larga carrera entre España, la NBA y Rusia, y delante, la posibilidad de mirar con cierta distancia cómo se manejaba el negocio del baloncesto.

"No he sido de los que más he cobrado, pero siempre he cobrado a tiempo, que eso a veces también es importante", resumía en el podcast de Los Fulanos, como si en esa frase se condensara buena parte de su filosofía.

Con esa perspectiva, Claver comparaba dos mundos que conocía bien: el estadounidense y el europeo. Si bien en la NBA los salarios eran públicos, en España pasa todo lo contrario. "Le veo una parte positiva y una negativa", admitía.

Por el lado favorable, lo tenía claro: "Esa transparencia yo creo que ayudaría al deporte en España y en Europa". Para él, hacer públicos contratos, ingresos y gastos permitiría un mayor control sobre unas estructuras que, a su juicio, no siempre estaban bien gestionadas.

"La mayoría de los clubes no son eficientes, o chapuza, financieramente. Yo creo que beneficiaría que los clubes tuviesen mejor control haciendo públicos los contratos".

Víctor Claver se eleva para lanzar. EFE

La cara B de ese modelo, sin embargo, le preocupaba mucho más en lo humano. Claver veía el riesgo de que el salario se convirtiera en un baremo simplista de calidad. "La parte que no me gusta de la NBA es que al final el jugador parece que es mejor porque cobra más", lamentaba.

Ponía el foco en los jóvenes, esos que suelen cobrar menos pero pueden ser decisivos. "Un jugador joven que está cobrando poco puede ser importante en un equipo. En la NBA cuesta que un jugador joven le quite el sitio a la estrella porque la estrella todo el mundo sabe que cobra más. Entonces esta parte no me gusta tanto", explicaba.

Y enlazaba con el fútbol, donde los traspasos multimillonarios disparan expectativas irreales: el precio, o el sueldo, termina pesando más que el juego.

En el terreno de las cifras, el contraste entre ligas era brutal. Claver situaba al “jugador normal” de la NBA en un salario medio de unos 14 millones anuales brutos, muy por encima de los aproximadamente 8 millones de salario medio que recogían algunos estudios para temporadas recientes. En España, en cambio, las horquillas se estrechaban de golpe.

"El salario mínimo en la ACB creo que son 60.000", apuntaba, antes de trazar el mapa salarial europeo: los jugadores de Euroliga, decía, se movían "en torno al millón"; fuera de Euroliga, unos 300.000 o 400.000; las grandes estrellas, cerca de los 2 millones, mientras que el mejor pagado del curso, el serbio Vasilije Micic, rondaba los 5 millones, una cifra que lo situaba al tope de la competición continental.

"En la ACB lo normal es muy por debajo del millón. Es una diferencia abismal", remataba.

Canasta de Victor Claver, en el España - EEUU de los cuartos de Tokio 2020 Reuters

Más allá de la transparencia, Claver recordaba que la NBA intentaba blindar a sus jugadores desde el primer día. Hablaba del curso obligatorio para rookies, una especie de aterrizaje forzoso en la realidad económica de la liga. "Es algo muy interesante, se llama curso para rookies y es obligatorio hacerlo. Lo tienes que hacer o el primer o segundo año", contaba.

Él lo hizo en su segundo año, porque el primero coincidió con los Juegos Olímpicos. Allí, decía, les hablaban "de inversiones, un poco de cómo funciona la NBA, qué hacer con tu salario, cómo invertir en el fondo de pensiones que hay y luego de todo: relaciones con tus agentes, con tu entorno, cómo gestionar todo eso".

Las enseñanzas en las NBA

Aquel programa iba más allá del dinero en sentido estricto. "Te hablan también de protocolo, de cómo sentarte en una mesa, cómo dar la mano, un montón de detalles que al final el jugador tiene que conocer cuando estás dentro de la NBA", detallaba.

Además, la Asociación de Jugadores les seguía durante la temporada con charlas y visitas a los equipos. Aun así, reconocía que los casos de ruina seguían existiendo y que, especialmente en ligas como la NFL, el porcentaje era preocupante. "Hay de todo, hay de todo, hay de todo", repetía, consciente de que cada vestuario es un mosaico de decisiones prudentes y errores muy caros.

Canasta de Víctor Claver, en el España - Estados Unidos de los JJOO Reuters

En su entorno más cercano, decía, todavía no conocía a nadie arruinado, pero admitía que muchos problemas aparecían "avanzada la carrera o tras la retirada".

Cuando la conversación bajaba de lo general a lo personal, Claver no escondía cómo había gestionado sus propios ingresos. Al principio, se apoyó en la familia. "Yo al principio lo hacía con mi tío, que había trabajado en banca y me ayudaba y me asesoraba", recordaba.

Su tío actuaba como filtro y, especialmente cuando jugaba fuera, su hermano también estuvo muy pendiente de la parte administrativa y financiera. Con el tiempo se sumaron asesores profesionales, pero siempre con una condición muy clara, marcada por su primer asesor financiero.

De aquel encuentro salieron las dos frases que aún hoy guiaban su relación con el dinero. "Me dijo dos cosas", rememoraba. "Una es: tienes dinero, te guste o no, tienes que entender sobre esto, no te queda otra. Siéntete obligado a saber sobre dinero porque lo tienes, entonces tienes que saber cómo gestionarlo".

La segunda le sirvió de brújula para cada inversión: "Me dijo: 'Yo te voy a explicar las cosas. Si no entiendes, aunque sea el mejor producto en el que invertir, no vamos a invertir en él porque quiero que entiendas realmente dónde está tu dinero'".

Claver admitía que esa honestidad no era lo habitual: "Es algo que he seguido haciendo desde entonces", afirmaba, consciente de que muchos compañeros habían perdido patrimonio por confiar ciegamente en recomendaciones opacas.

Su prudencia también le había llevado a decir "no" cuando algo no olía bien. Recordaba un fichaje frustrado porque le proponían cobrar "en diferentes sitios" en Grecia. "Mi agente fue el que dijo: 'No, no, esto no, no vamos a hacerlo así. Esto hay que hacerlo bien'", contaba.

Y añadía que no era un caso aislado: "Hay equipos incluso en España que no pagan lo que ofrecen. Están meses… Ahora yo creo que por suerte menos, pero equipos extranjeros sí están meses de retraso para pagar".

Entre la transparencia total de la NBA y la opacidad, los retrasos y las chapuzas que todavía veía en Europa, Víctor Claver había elegido un camino propio: informarse, desconfiar de lo fácil y exigir entender cada decisión.

No presumía de haber ganado más que nadie, pero sí de haber cobrado a tiempo y de saber dónde estaba su dinero. En un ecosistema de carreras cortas y cifras mareantes, su relato sonaba a manual de supervivencia para deportistas: ganar, sí; pero, sobre todo, no perderse.