Esperanza Mendoza, árbitra de la ACB desde hace tres años, cambió su silbato por la bata. Y lo hizo para luchar contra el coronavirus en una residencia de ancianos. 

Graduada en Educación Social y Auxiliar de Enfermería, se sometió a una cuarentena voluntaria tras estar en contacto con la plantilla del Real Madrid y, al terminar esos 15 días, se vio sin trabajo ante la suspensión de todas las competiciones. 

Buscando trabajo se sumó a la lucha contra el Covid-19 en una residencia de personas mayores en un pueblo a 15 minutos de Salamanca. Allí ha cambiado el silbato por los EPIs para cuidar del sector de la población más vulnerable a esta enfermedad.

Esperanza Mendoza, durante un partido de la ACB acb.com

"Empecé a trabajar en una residencia de ancianos y al llevar una semana pensé que era un año. Cuando se paró la ACB, empecé a echar currículums para intentar ayudar. Me encontré a compañeros sobrepasados", comenta en una entrevista a Radio Marca

"Tenemos que mostrar más respeto a nuestros mayores. Ellos han dado la vida por nosotros y no les podemos negar atención hospitalaria ni seleccionar si unos viven o no", expresa. 

Su residencia

"Creo que el principal problema en mi residencia de ancianos y en todas ha sido la falta de tests. Los asintomáticos no se han podido reconocer y han contagiado. Me hace gracia cuando los políticos utilizan las residencias de ancianos para echarse cosas en cara, pero nadie hace nada", manifestó. 

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