Hay hazañas y catástrofes. Mikel Azparren (San Sebastián, 1971) vivió las dos en unos metros. El ciclista vasco se propuso en 2013 completar el Camino de Santiago en menos de 24 horas. Ese año no lo consiguió, en 2014 tampoco (tuvo que abandonar), en 2015 llegó pero con 15 minutos de retraso, y hace unas semanas volvió a retirarse. Este domingo lo logró con un tiempo de 23 horas 48 minutos y 43 segundos. Tras cruzar la línea de meta, comenzó a llorar, aunque no fue por haber completado su objetivo.

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En la meta, un familiar, el tío de su mujer, intentó frenarlo. Azparren se desequilibró, cayó al suelo y acabó con una clavícula rota y multitud de hematomas. En seguida, tuvo que recibir asistencia médica y ser llevado al hospital. "No puedo andar", contó el martes a La Voz de Galicia. "Tengo todo el lado derecho del cuerpo magullado. Pero he pedido que me dejen salir y ya estoy de vuelta porque tenemos un gimnasio familiar".

Azparren confiesa en esa misma entrevista que su reto ahora es recuperarse, pero admite que lo que ha hecho es una gesta. Aunque surgiera de una apuesta entre amigos y "a la vasca". Se había jurado que iba a ser su último intento.

756 kilómetros. Desde Roncesvalles hasta la Praza do Obradoiro. Todo el Camino original, el Francés, pasando por las cinco capitales: Pamplona, Logroño, Burgos, León y Santiago. Con temperaturas de hasta 37 grados y con mínimas de 11. Una hazaña a la altura de muy pocos.