Venecia

El Festival de Venecia se rindió desde hace años al cine de Hollywood y a Netflix. A cambio de estrellas para llenar su alfombra roja les cedió una gran parte de su Sección Oficial. Pero cuando más les ha necesitado, cuando una pandemia asoló a la industria del cine y Venecia decidió que sería el primer gran evento para resucitar el sector, ninguno apareció en su ayuda. A cambio los autores de todo el mundo decidieron apoyarles. Entre ellos está Pedro Almodóvar, que ha presentado fuera de concurso su primer trabajo en inglés, el cortometraje La voz humana, con el que adapta a Jean Cocteau, que siempre había estado muy presente en su filmografía. Apareció en La ley del deseo, y como una adaptación nació también Mujeres al borde de un ataque de nervios.

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Esta vez La voz humana “ha sido un ejercicio de libertad”. “No quiero decir que en las películas no me sienta libre, me siento libre de otro modo, pero aquí he hecho un ejercicio total de libertad. En un momento en el que todo el mundo quiere hacer series, mi ilusión era hacer un corto", decía Almodóvar en la rueda de prensa, junto a Tilda Swinton, que no ha parado de alabar al director, con quien espera volver a trabajar. De momento el director no para, ya empieza a preproducir su nuevo filme, Madres Paralelas, y no pierde la ilusión, aunque con una por encima de todas: "Mi mayor ilusión es seguir vivo y haciendo cine. Y mi tercera es estar en Venecia hablando con vosotros".

Al final, como siempre pasa con Almodóvar, todo vuela con más libertad de la esperada, y realmente de Cocteau quedan los mimbres, también porque cuando releyó el texto se dio cuenta de que la personaje no era una mujer del siglo XXI. "Siempre la vi muy sumisa, y ahora lo que quería mostrar aquí era una venganza", explica Almodóvar que ha contado con todo su equipo habitual para esta aventura. Una suerte de Vengadores del cine español como José Luis Alcaine, Teresa Font o Alberto Iglesias.

El corto se rodó en Madrid, en una nave industrial donde se construyó el decorado, y justo después de varios meses encerrados por culpa del coronavirus. "El confinamiento ha demostrado hasta qué punto la gente depende de la ficción. La ficción ha sido uno de los modos de entretenernos este tiempo. Cuando digo la ficción, digo la cultura. Ahora es más fácil decirle al público que la cultura es necesaria. Todo lo que han visto ha estado creado por alguien. Ahí las plataformas han tenido una función muy importante, pero hay otro resultado que me parece inquietante y negativo", explicaba el director manchego.

Pero también alertaba que este tiempo puede habernos adormecido y acostumbrado al sofá y las televisiones, y que hay que recuperar la costumbre de ir al cine. "No me gustaría que esa reclusión continúe en el tiempo, y yo propondría el cine como solución. El cine es lo opuesto a esto. Ir al cine es iniciar una aventura. El confinamiento nos ha hecho ver la casa como un lugar de reclusión, donde podemos trabajar, descansar, encontrar el amor, pedir comida. Podemos hacer todo de un modo sedentario. Me parece peligroso, de hecho, las empresas ya han descubierto que el trabajador puede trabajar en casa y es más barato", añadía desde Venecia.

Contra eso, la magia del cine: "Ya que el cine no atraviesa una buena situación, tenemos que ir al cine. Yo me pondré a preparar la próxima al mes que viene”, ha dicho antes de lanzarse a recomendar a la gente “que vaya al cine, que todas esas emociones solo se descubren en una pantalla muy grande, con desconocidos y a oscuras". También ha desvelado que después de este corto habrá más, una serie de antología con otros dos proyectos que ha desvelado hasta que su hermano Agustín le ha pedido que dejara alguna sorpresa para entonces. Se trata de dos cortometrajes, uno de 45 minutos y otro de 15. El primero se trataría “de un western que se llama Extraña forma de vida y el otro, una distopía de un mundo sin cines que, por desgracia, parece cada día más cercano.