La carrera fulgurante por el Oscar de Antonio Banderas nos impide ver el bosque. Porque entre la multitud de premios que se están entregando en EEUU, además de Banderas y Almodóvar, hay otros españoles que están siendo reconocidos y que están luchando por colarse en las nominaciones de los premios de la Academia. Sus nombres no son tan conocidos, porque ellos están detrás de la cámara y en películas de animación Se trata de Sergio Pablos y Salvador Simó, que con las maravillosas Klaus y Buñuel en el laberinto de las tortugas están llevando la animación hecha en nuestro país por todo el mundo.

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La primera es una producción de Netflix, y se ha colado en varias nominaciones de la crítica y muchos la colocan como una posible sorpresa de cara a los Oscar. Un cuento navideño realizado en España en SPA Studios, creados por Pablos, de cuya mente nación otro clásico de la animación reciente, Gru, mi villano favorito. Ahora se ha independizado y creado una empresa con la que intentará convertirse en el Pixar español. Su primera creación es un prodigio que mezcla la animación tradicional con técnicas en 3D y que está enamorando a todo el mundo.

Simó, por su parte, se ha encargado de dirigir Buñuel en el laberinto de las tortugas, la muestra de que la animación no es un género destinado a los niños, sino una técnica para contar cualquier historia. En este caso la del rodaje de Las hurdes y la amistad entre el director español y el anarquista Ramón Acín, que destinó el dinero del gordo de la lotería para producir a su amigo y que posteriormente fue asesinado por el ejército de Franco. Una virguería que mezcla imágenes documentales y una animación muy personal que se ha creado en los estudios Sygnatia, Hampa y Glow.

Klaus, una joya animada hecha en España.

La confirmación del talento de aquí llegó con los premios Annie, los Oscar de la animación donde Klaus logró 7 candidaturas, entre ellas la de Mejor película del año, y Buñuel entró en la categoría de filme independiente. Sergio Pablos confiesa que esperaba que “cayera algo” porque el recibimiento había sido bueno, pero que estar en tantas y tan importantes sí que le sorprendió. Para él este reconocimiento es “muy importante”. Tras comenzar su carrera en EEUU ha vuelto a España y estas nominaciones muestran “que tenemos talento a pesar de que haya tan pocas estructuras”.

Por eso, el animador cree que, aunque incipiente, en España ya se puede considerar que hay “una industria”. “Hay más que cuando yo empecé. Yo estudié en EEUU y mi primer trabajo fue en Madrid, pero en aquella época hablar de industria sí que era muy difícil. Había pequeños estudios, de servicios y muy inestables. Era muy difícil dedicarse a esta profesión”, recuerda y señala que “hoy hay estructuras, empresas como Lightbox, Ilion, o Zinkia que hacen productos internacionales y que ya no abren y cierran para una producción”. Algo que nos coloca por encima de casi todos los países europeos.

Los inversores vienen y encuentran trabas para invertir. Los incentivos fiscales son esenciales, pero al gobierno le cuesta entender eso de cobrar menos ahora para cobrar más mañana

Su compañero Salva Simó realizó el mismo trayecto. Triunfó como animador fuera antes de regresar a España para dirigir Buñuel en el laberinto de las tortugas. En el extranjero vio la cantidad de animadores y de talento de nuestro país que se había ido, y cree que con todo ello hay mimbres para una gran industria de animación. Cree que ellos son “una avanzadilla” y que sean los encargados de “abrir camino”, pero es consciente de que no depende sólo de ellos, sino de “que las instituciones apoyen la industria de la animación, que cada vez dedican menos recursos y es más difícil producir animación en España con un presupuesto decente”.

Ambos coinciden en que el futuro de su industria en España depende de una medida muy clara: aumentar los incentivos fiscales y facilitarlos para la animación. Eso haría nuestro “mercado más competitivo de cara al extranjero”. “Los inversores vienen y encuentran trabas para invertir en España, los incentivos fiscales son esenciales y tenemos el ejemplo en Canadá, que han apostado por ello y el 80% de la animación se produce allí, incluso las grandes como Sony o Universal lo hace, y por cada euro que se invierte, revierte significativamente, pero al gobierno le cuesta entender eso de cobrar menos ahora para cobrar más mañana”, explica Sergio Pablos que confiesa que ha perdido proyectos porque no somos competitivos.

Buñuel, cine adulto de animación que conquista el mundo.

Simó pone otro ejemplo: Londres. “Hace 15 años aumentaron las desgravaciones para los efectos especiales y la animación y se trajeron todas las producciones de Hollywood. A Londres ha llegado una cantidad de dinero descomunal, generan más de un billón de libras esterlinas. Por eso es fundamental que España sea atractivo en los incentivos para atraer a toda la industria, porque el talento lo tenemos, nos falta esa guinda que son las desgravaciones fiscales”, zanja.

Ahora queda el próximo paso, esa nominación al Oscar que colocaría a la animación española en la órbita. No sería la primera que lo consigue. Chico y Rita, de Fernando Trueba ya lo logró. Eran otros tiempos, y la animación era cosa de francotiradores. Sergio Pablos y Salva Simó son la prueba de que se puede y se debe hacer industria.