El refranero español no siempre acierta. En el caso de la familia Trueba no se ha cumplido eso de ‘en casa del herrero cuchara de palo’. Después de Fernando Trueba y de su hermano David, ambos directores de cine, ha llegado Jonás, hijo del primero, que desde hace cinco películas ha construido su propia mirada como cineasta, alejada de apellidos y nepotismos.

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La quinta se estrena ahora. Se llama La virgen de agosto, y es el viaje en busca de sí misma de una mujer que decide, como acto casi revolucionario quedarse en agosto en Madrid. Entre verbena y chotis, Eva (Itsaso Arana, que también escribe el guion con Trueba), intentará entender cuál es su sitio en una ciudad en la que muchas veces es difícil tener un minuto de tranquilidad para pensar.

Una película río, llena de su sensibilidad, y que rodó durante el verano pasado durante las fiestas de San Lorenzo, San Cayetano y La Paloma y con la que también se confirma como un director contracorriente en una industria en la que todos buscan una serie o un acuerdo para dirigir una película cada vez más grande.

El verano pasado pasó las fiestas de Madrid rodando y este lo pasa promocionando… Una experiencia cada vez diferente.

Yo siempre pienso que me gusta mucho vivir el verano en Madrid, y si no estoy rodando que es lo mejor que me puede pasar, intento escribir o pensar en la siguiente película. Lo vivo como un tiempo exigente que es lo que intento trasladar en la película, que no es sólo un tiempo de diversión. Creo que es porque el mundo exterior en el que vivimos siento que todo es cada vez más estresante, y creo que el verano es un tiempo en el que se relaja todo mucho y que invita a la creación. E incluso hablar de la película lo estoy viendo como una oportunidad de hablar de ella y descubrir lo que hemos hecho.

Viéndole rodar el año pasado, y tras ver la película, ¿no sé si teníais muy claro dónde os llevaba o que era más una película río, que os ibais dejando llevar?

Creo que es verdad. Es bonito eso que dices de que es una película río. Eso de dejarse llevar es una forma que yo tengo de explicar cómo quiero que sean las películas y en cada una que pasa creo que me dejo llevar más, estoy a un paso de casi no hacer la película. Es verdad, es eso de ir al rodaje a ‘estar’ y ver qué pasa. Creo que ya he tomado tantas decisiones previamente, que cuando llega el momento máximo casi quieres apartarte y como no filmar.

Cada vez veo más películas que no me gustan porque veo al director poniéndose por delante, películas exhibicionistas a muchos niveles

¿Eso no es cada vez más difícil en el cine actual?

Sí, creo que sí.

Es lo contrario a lo que vemos en la industria.

Sí, yo también lo creo. Como espectador creo que el cine, por la crisis que vive, por la presión de las series y del mundo audiovisual y el consumo inmediato, o al menos una gran mayoría del cine, se siente obligado a sobreexponerse. Cada vez veo más películas que no me gustan porque veo al director poniéndose por delante, películas exhibicionistas a muchos niveles, y por suerte eso no es todo el cine. El que me interesa hacer es como a contratiempo, creo que el cine tiene ahora una misión más bella que nunca que es detener el tiempo. Sólo el hecho de ir a una sala de cine hoy es más revolucionario que antes, cada vez conozco menos gente que lo haga. Dejar el móvil dos horas e ir al cine es un hecho fuerte. Una película es una posibilidad de pararse a pensar, de pensar con más detenimiento. Esto me surge a mí de una forma natural pero creo que además en el contexto en el que vivo tiene que ser así.

La protagonista, Itsaso Arana, es también la guionista. ¿Cómo nace esta unión, tenían la misma concepción del verano en Madrid?

Los dos compartíamos vivencias de agosto con muchos amigos y muchos agostos aquí, viviendo, estando y la película recoge sensaciones de los dos, pero creo que intentamos levantarla película de cero y eso ha sido un proceso ,muy bonito y novedoso para mí. Tenía a mi mejor aliado dentro del plano, ella es mucho más que una actriz, tiene cabeza de cineasta, dramaturga, que ella también lo es y eso mejora la película.

El hecho de ir a una sala de cine hoy es más revolucionario que antes, cada vez conozco menos gente que lo haga. Dejar el móvil dos horas e ir al cine es un hecho fuerte

En qué momento nace su fascinación por el agosto madrileño, cuándo se queda aquí por primera vez, porque imagino que de pequeño su padre les llevaba fuera.

Claro… Cuando era pequeño sí que me llevaban con mis primos, creo que estar aquí en agosto en Madrid es algo que he conquistado, es una conquista propia y eso es importante. Y creo que la película recoge la experiencia de unos cuantos años. Proponerme hacer la película es lo que me hace pensar, casi filosóficamente, en lo que suponen esos días. Y darme cuenta de que es un mes capital, en el que decido las cosas que voy a hacer. Creo que para mí agosto y diciembre enero, son los periodos de concentración mayor y los que anhelo el resto del año, el resto de meses son un atropello.

¿Es un director unido a una ciudad?

Cuando ahora empiezan a decirlo no me gustaría caer en esa cosa que miro de una manera muy crítica. Digo siempre que lo que se presupone se impone. Por ejemplo los medios dan por hecho cosas, que se presuponen, y acaban imponiéndose. Y me da miedo que se presuponga que soy un cineasta madrileño y se imponga esa idea. Creo que es más una azar. He nacido en esta ciudad e intento aprender a amarla, y vivir en ella. La amo y la odio. Es una gran casualidad y yo tengo que construir mi propia ciudad, una idea casi emersoniana. Pensar de cero la tierra. Construir tu país, tu ciudad, con tus bares, tus calles. Pero es creo que por necesidad, por azar y por responder a mi contexto.

Jonás Trueba en el rodaje.

Es muy activo respecto a la industria del cine en España, de hecho es miembro de la Unión de Cineastas, pero sus películas no están dentro de lo que se considera industria, no sé si es un oxímoron.

Bueno, tiene algo de oxímoron, sí. Yo conozco la industria porque he crecido en una familia de cineastas, he tenido ese contacto de forma natural con eso y no es que lo critique porque sí. Esta bien que haya una industria de cine español que ojalá fuera mas sana y robusta, pero no estoy a favor de una manera de trabajar que tiene que ver con una idea que impone la industria sobre cómo debe ser, cómo se debe financiar o cómo se debe vender.

En eso reconozco que estoy peleado, para mí eso no es edificante, no es inspirador. No me inspira nada ciertas cosas que veo de cómo se hacen las películas, y por eso intento crear mi pequeña industria. Ese es mi ideal, crear un sistema de trabajo que considere justo equilibrado y proporcionado. Siento que las películas se sobredimensionan, están hormonadas, desde la forma en que se hacen a cómo se venden, y yo intento que no sea así. No porque vaya yo de listo ni de poeta maldito por estar contra la industria, no tengo esa vocación antisistema, pero me rebelo contra una parte del sistema que no me gusta.

No voy de listo ni de poeta maldito por estar contra la industria, no tengo esa vocación antisistema, pero me rebelo contra una parte del sistema que no me gusta

¿No le han tentado?, ¿no le han ofrecido ninguna serie?

Sí. Hasta los amigos te dicen, ¿no vas a hacer una serie? No es que esté en contra, pero es verdad que estoy muy a gusto haciendo cine. No me considero un virtuoso, es que no creo ni que fuese capaz, pero si me ofrecen y creo que puedo hacerlo y que voy a crecer y ser feliz haciéndolo, lo haría. Tengo que ver si puedo responder a eso. Quiero hacer las películas que siento que tengo que hacer, no estoy obsesionado con hacer una detrás de otra, que es algo que siento que pasa también en los cineastas.

¿Cuál es su relación con las plataformas de contenido?

Como usuario estoy muy feliz de tener esa oferta. Soy fiel seguido de Filmin desde el primer día y a Mubi, un portal inglés que me encanta. Esta splataformas que amplían mis experiencias como espectador. Yo en Madrid tengo los cines Golem, la Cineteca, el Doré, el cine del Círculo de Bellas Artes... que ya está muy bien. Y además tengo las de estas plataformas que aumentan mis experiencias cinematográficas. Soy selectivo, veo el catálogo de Netflix y me parece… no entiendo la fiebre, me deprime.

Quizás tiene que ver con lo que hablaba antes, con la sobresaturación y la sobredimensión.

Es que al final hay algo muy importante, y es algo que creo que han perdido los cines tradicionales, y es que los dueños deberían ser mas conscientes de lo que programan, programar con personalidad. En Mubi hay una personalidad, no sé quien esta detrás, pero te ofrecen unas películas y no otras, hay una línea, y es interesante. Como la tienen los Golem o la Cineteca. Yo creo mucho en el oficio del programador, hay gente que dice que no, que ahora es todo más democrático. Me lo dijo un tipo de un cine rescatado por la crisis, que vamos a un tipo de cine en el que el espectador vote la película que se programa, y yo estoy en contra como concepto incluso filosóficamente, porque la gente no se dedica a eso y no tiene por qué saber lo que hay,lo que puede ser interesante y te van a votar siempre lo mismo. La profesión de programador es muy bonita, van a un festival y saben que hay una película china o africana que merece la pena y te dice ‘ven a ver esto’. Se nos olvidan los oficios.