Los Califato 3/4 -Curro, Chaparro, Esteban, Lorenzo y Serokah- nos reciben en El Gato de Madrid, en la Dos de Mayo, un mediodía nublado a la hora en la que empiezan a entrar fresquitas y legítimas las cervezas. Llevan la luz, la alegría, el olor, el verbo, la distensión y el talento andaluz por dondequiera que vayan -como cantaba Serrat en Mediterráneo-, con una mirada insólita que les activa igual el ojo de la nuca -para abrazar la tradición y depurarla también en sus desvaríos- que el ojo médium que mira hacia el futuro de la música española y que revive hasta a los muertos. 

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Entre la memoria y la vanguardia. Entre el respeto y la transgresión. Entre siglos de cultura malherida, jonda, sentía, humilde, tempestuosa, silenciada, conectada a las vísceras y a la historia, a las religiones diversas y las maneras locas del queré; entre montones de símbolos sacros y paganos, de cornetas, de cumbias, de infancias en los pueblos, de juventud en el barrio; entre los recuerdos de las abuelas y las madres que les tejieron la sentimentalidad pura y las rebequitas pal frío. Psicodélicos y raciales. Bravos e impredecibles. 

Son auténticos, los Califato, no tienen dobleces ni imposturas: son honestos con sus raíces y abiertos y alegres para tontearle también al postfolclore. "Y aunque me invite' a pirulas / no voy contigo a bailar / porque estás en busca y captura / y me la puedes jugar", cantan en uno de sus viejos temas. Y en los nuevos, en su disco La contraçeña, que se desveló el pasado día de Andalucía -la patria chica de sus amores-, lo mismo le meten mano a una sevillana y le sacan el esqueleto para renovarla que le hacen el boca-a-boca al romance andalusí después de ochocientos años callaíto

Si se tercia, le guiñan un ojo a los ritmos semanasanteros o le insuflan música a la campaña más celebrada de 2021 -Con mucho acento, de Cruzcampo, donde resucitaban a la mismísima Lola Flores-.

Oye, o le dedican un fandango a Carmen Porter -icono pop nuestro que estás en la tierra- que también sirve como coplilla fúnebre pa' las casas que se quedan vacías pero habitadas por los que amamos antes. Y con psicofonías del Palacio de Linares, para invitar a los espíritus a la fiesta. Ya decía Foster Wallace que todas las historias de amor son historias de fantasmas. Vienen, Califato, con los sonidos del tiempo viejo y del tiempo nuevo. De Jaén, Sevilla y Málaga pal mundo. 

¿Qué es Andalucía para vosotros y cuál es su idiosincrasia?

Chaparro: Andalucía lo es todo, es donde nos hemos criado, cómo nos hemos criado: la gente, el barrio, la calle, la familia -que tiene un significado muy especial allí-. Andalucía representa nuestro ser. Nos gusta estar allí, relacionarnos; también ir de viaje y conocer culturas nuevas y gente nueva, pero Andalucía lo es todo para mí, yo no sé pa’ los chavales…

Curro: Para mí es una madre.

Lo decís en una del nuevo disco.

Curro: Sí, sí, es la madre que nos ha criado y nos ha reñido. Es donde nos hemos equivocado y donde hemos hecho las cosas bien. Es un estado mental también, a Andalucía la sentimos de manera abierta. Cualquiera se puede sentir andaluz. Tiene que ver con vivir un poco condicionado por su historia y por su clima, es una forma de tomarte la vida. Todo el que llega es bienvenido y se convierte en andaluz del tirón.

Digamos una manera cálida, cariñosa y hospitalaria de estar aquí en la tierra.

Curro: Sí, es tener muchísimas relaciones sociales, estar todo el día en la calle. No podemos comparar con los países nórdicos. Nosotros estamos entre 4 y 8 horas en la calle al día y eso condiciona mucho. Estamos acostumbrados a recibir influencias externas, a filtrarlas y a hacerlas nuestras.

Esteban: Es un pueblo esponja.

Decía Juan Carlos Aragón en un pasodoble de los Yesterday que los andaluces siguen siendo “pobrecitos y vasallos, siervos de terratenientes y de chulos a caballo”. Critica su casta y su servidumbre. ¿Qué hay que cambiar de Andalucía? ¿Qué hacemos con el arquetipo del ‘señorito’ andalú?

Curro: Ha cambiado mucho la cosa en los últimos cincuenta años. Claro que hay cosas que mejorar y que ha habido muchos años de vasallaje y eso ha condicionado la forma de ser de la gente, pero va abriéndose, quiero pensar eso.

Chapa: El vasallaje es el síndrome del colonizado. Cuando estás sometido a colonización intelectual y vital, cuando te imponen otras costumbres y sus cosas acabas aceptándolas y vives en ese síndrome de Estocolmo. Pero va quitándose, ¿eh? Últimamente se ve mucho orgullo de ser andaluz, de su arte, de su gente, la gente se siente más segura…

Curro: Ha habido vergüenza de ser andaluz cuando llegabas a otras zonas de España.

Tanto como para acompasar el acento o minimizarlo.

Curro: En muchos trabajos pasaba.

Chapa: O en la misma Andalucía, en las televisiones locales la gente tenía que hablar de otra manera. Cogían el micrófono y eran otros.

Curro: Muchos músicos lo hacían. Los escuchabas cantando y luego hablando y eran distintos, eso siempre me ha resultado chocante. Cada uno que haga lo que quiera claro, pero ha sido sorprendente.

Es cierta domesticación.

Curro: Sobre todo porque resulta forzado. Pero vamos: como si quieren cantar en alemán o en turco. Siempre que no suene tan impostado…

¿Qué hacemos con la derecha andaluza?

Curro: Nosotros somos un grupo de música al fin y al cabo y quieras que no hay ideas políticas que se nos cuelan en las canciones, pero es involuntario. No somos nosotros los que tenemos que hablar de eso. Pero nos sale natural, igual que nos expresamos respecto al resto de cosas que nos rodean y vivimos.

Esteban: Creo que lo importante es que obviamos los prejuicios. Hacemos las cosas con cariño, estamos intentando crear algo que deje el odio, el rencor y las diferencias fuera.

Chaparro se puso tierno con eso en La Resistencia.

Chaparro: Sí, sí, me emociono. Ya estoy mayor, tía. La otra vez salí llorando en Canal Sur. Se me cae la lagrimilla.

¿Y eso por qué?

Curro: Está fatal de los nervios el chiquillo (ríe).

Chaparro: Me emocioné hablando de Andalucía. Hablando de las madres, que siempre han sacado las familias adelante, y de las vecinas. Muchas veces te criaba la vecina de enfrente o te daba de merendar cuando tu madre estaba por ahí currando. Las redes de las mujeres andaluzas nos han cuidado y nos han dado de comer. 

Curro: Las mujeres han levantado Andalucía y lo hemos vivido desde chicos. Se ha creado tanta solidaridad, tanta comunidad…

A mí más que “sororidad” me gusta llamarlo “comadreo”.

Chaparro: Es el término perfecto.

Curro: Estamos aprendiendo un montón de ellas. Siempre han innovado. Le dan la vuelta a todo lo que hemos aprendido y nosotros las escuchamos callados, con la boca cerrada, admirándolas. Estamos intentando desaprender también, a pesar de habernos criado en una sociedad machista y capitalista. Yo aprendo un montón con mi pareja, por ejemplo.

Serokah: Sí, en esta sociedad patriarcal nos han impuesto una educación concreta y la tenemos metida en el subconsciente. Las mujeres son las que nos están enseñando.

Describidme una foto de vuestra infancia o adolescencia en Andalucía que intervenga en lo que hoy sois y en lo que queréis contar a nivel artístico.

Curro: Yo recuerdo de mi infancia el hecho de volver al pueblo, que es una cosa muy común en Andalucía. Volver al pueblo de mis padres, que en verano tenía 3000 habitantes y en invierno 200. Es muy representativo de su historia, porque la gente se tuvo que ir a Alemania, a Cataluña o a País Vasco, a un montón de sitios. Mis padres estaban en Sevilla por trabajo, pero los dos son del mismo pueblo. El pueblo como símbolo del centro, de un sitio al que volver siempre.

Chapa: Yo lo que más recuerdo son los domingos en los que iba con mi familia a ver a mi abuela a las casitas bajas de Santa Teresa. Ella tenía allí un patio con una parra llena de uvas y me ponía a arreglar las macetas con ella. Tú sabes, las cositas de mi abuela. Yo fui jardinero por eso también, por el amor que me inculcó ella hacia las plantas. Esos ratitos tan buenos.

Lorenzo: Yo me acuerdo del pueblo de la familia de mi padre, que es Cazorla. El río pasa por debajo de la plaza vieja y se mete por detrás de la iglesia. Me acuerdo de bañarme allí en pelota picá’. La libertad era eso.

Chapa: Asalvajao’.

Serokah: Mis abuelos han sido inmigrantes. Se han pegado muchos años yendo y volviendo de Bilbao y venían en verano a Málaga. Mis padres se conocieron en Bilbao y se fueron a vivir a Málaga, y tengo el recuerdo de cuando se venían todos y bajábamos a la playa.

Chapa: Con sus taperwé, sus tortillitas, sus filetes empanados. Sus pimientos.

Serokah: Ya ves.

Chapa: Y sus espetitos.

Esteban: Yo me recuerdo en Ojén, con mis amigos, de ir al río a bañarme y a buscar tortugas. Y con la bici. Todo el rato en la calle.

¿Qué hay de dos tentáculos del andalucismo como son los toros y la religión? Las marchas de Semana Santa también están presentes en vuestras canciones. Dedicáis una al Jueves Santo.

Curro: Yo los toros, por mucho que sean tradición y todo el rollo, me los he quitado de en medio. No lo entiendo, aunque los haya vivido de chico. Nunca me llevaron a una corrida, pero sí a los enganches esos que muestran a los carros de caballo pasando. Yo qué sé: creo que la tradición primero hay que filtrarla. Si no, no vale. Y en el caso de la religión, bueno, tiene un componente cultural muy grande que me parece muy interesante. Un rollo popular. El fervor va más allá de la pura religión.

Chapa: Si a la Semana Santa le quitas la religión te encuentras unas obras de arte barroco que pasean por las calles con una música épica entre naranjos y luces y es precioso. Nosotros hemos salido de nazarenos de chicos y nos hemos criado con eso.

Todos sabemos también que ser nazareno era un cachondeo. En Málaga, cuando salía el notas que nos gustaba de nazareno, las niñas les llevábamos agua y chuches. Era un poco también parte de esa red de afectos culturales de la que hablábamos.

Curro: Sí, total, forma parte de nosotros.

Chapa: Y yo tocaba el bombo y luego la trompeta de canijo. Disfrutaba yéndome a los pueblos a tocar con los chavales y con el pantalón lleno de cera. Y tu madre “venga, niño, que no te manches más”.

Serokah: Yo saqué algún trono de chico. Tú sabes lo que pasa con estas cosas: durante unos años reniegas de ello y con la madurez lo ves desde otro punto de vista. Ves lo que representa en la gente. No hace falta ser devoto para disfrutarlo y sentirlo. Mira la virgen del Carmen.

Que yo me llamo Lorena del Carmen por haber nacido ese día.

Serokah: La virgen del Carmen en las zonas costeras es ley.

¿Para qué sirven el amor y las drogas? ¿Son lo mismo?

Chapa: El amor y las drogas tienen mucho que ver. Son sensaciones. El amor mueve el mundo, ya lo sabemos. Dar cariño siempre es mejor que dar odio, porque se te devuelve tó. Vas creando una especie de calma. Para que tú veas, místico yo a mis cuarenta años (ríe). Y las drogas tienen ese punto que roza con el amor. Sus historias, sus relatos, sus subidones y bajones.

Serokah: Yo creo que cuando uno no encuentra ese amor, muchas veces recurre a la sensación que te dan las drogas para evadirse también. La droga forma parte de la evasión del mundo que vivimos, de lo que nos toca, de la lucha constante. A veces necesitas ese escape para salir sin más.

Cuando sacó C. Tangana ‘Demasiadas mujeres’ mucha gente habló de vuestra referencia. Otros hablaron de plagio, claro, pero es cierto que él os ha citado en algunas listas de reproducción. Me llamó la atención el otro día en la entrevista con él que dijese que sus referencias son españolas, no tanto andaluzas. ¿España es Andalucía?

Curro: Nosotros no pensamos que el chaval nos haya quitado nada. Las influencias están ahí. En ese tema, él sampleó a Sergio Larrinaga, que murió el otro día. En paz descanse. Era nuestro compositor favorito de las marchas de Semana Santa y lo sampleamos en el Cristo de las Navajas. La cultura andaluza se ha utilizado muchas veces para representar a la cultura española fuera de España.

Esteban: Mira Lola Flores.

Curro: Sí, también se ha usado a Andalucía como escaparate. Se ha hecho siempre y a muchas partes de España no les ha sentado bien. Yo lo entiendo. Tú eres de Asturias, te vas a Nueva York y te dicen “¡olé!”. Y tú dices: qué me estás contando, yo no tengo nada que ver con esto.

¿Existe la apropiación cultural? Se ha hablado de ello tanto con C. Tangana como con Rosalía. ¿Se blanquea una realidad precaria, marginal, y a veces denostada por el centrismo español que orbita en torno a Madrid? ¿Se la descontextualiza?

Curro: A nivel general, sí. Un ejemplo: si hay un pueblo de África que está haciendo una cerámica que han inventado y llevan trabajándola un montón de años y viene una multinacional europea a copiársela y a venderla sin darle ningún crédito, se está aprovechando del trabajo de muchos años de esa gente. Ahí sí existiría apropiación cultural.

Pero en la música en España eso está más diluido, más difuso, porque todo el mundo bebe de influencias. A nosotros nos gusta mucho la cumbia villera, sin ir más lejos, que es de Argentina. Hoy día, con internet, quién va a decirme a mí que no estoy legitimado para eso. También depende del proceso. Importa la dirección del proceso, depende si es de arriba abajo o de abajo arriba.

Eso es interesante. Como con el humor.

Curro: Exactamente eso. Esa es la clave. Pero si tú das crédito y dices “esas son mis influencias”… todo está bien. Bebemos de la música de Londres y de la jamaicana. Si das a conocer tus referencias es positivo, otra cosa es que las cojas y las hagas pasar como propias. Rosalía siempre ha dado crédito a sus influencias y ha puesto en valor a artistas andaluces. De hecho, creo que ha ayudado a que muchos artistas del flamenco tengan ahora más visibilidad. Ha abierto puertas.

Chapa: Si lo haces desde el conocimiento, el estudio y el respeto, está bien.

Curro: Hay una reivindicación de las raíces. Aquí en los sesenta los grupos cantaban en inglés e intentaban imitar a los americanos, pero ha habido un proceso de empoderamiento y de reconocer y de poner en valor lo nuestro. Ha pasado mucho en Sudamérica con la electrónica, han estudiado sus raíces y han hecho música futurista e innovadora contando también con lo de antes.

Chapa: Con la cumbia electrónica ha pasado a tope. Han cogido sus cánticos antiguos, sus ritmos, y los han mezclado. Latinoamérica siempre ha estado avanzada en eso. En ser modernos pero con el recuerdo de sus antepasados.

Curro: Para hacer lo que hace el yanqui, que lo haga el yanqui. Sé sincero contigo mismo, bebe de lo foráneo y de lo interno.

¿Sois independentistas andaluces?

Chapa: ¿De autogobernarnos?

Pues ya me diréis.

Curro: Sería interesante que Andalucía se rigiera por sí misma, podría llegar a ser positivo pero para eso tendría que querer una mayoría de andaluces y eso no es una realidad. Me parece interesante esa idea, pero es abstracta, porque no existe esa voluntad. Si la hubiera estaríamos planteando otro debate. No existe esa conciencia.

Es curioso, sin embargo, que se hable tanto de la “cultura catalana” y tan poco de la cultura andaluza, cuando es muy apretá', muy simbólica.

Curro: Es así, pero para eso primero hay que no avergonzarse de ser andaluz y ser consciente de nuestra historia, que nos la han amputado en muchos sentidos. En el colegio empezábamos a dar las clases de historia en el siglo XV y Al Andalus te lo resolvían en una página pero te tirabas treinta estudiando a los reyes de Castilla. Estamos en una fase anterior.

¿Se puede vivir de la música en España? ¿Compagináis esto con otros curros? ¿Qué se hace en un país que desprecia tanto la cultura como éste para salir a flote?

Chapa: Ahí has pinchado en hueso, porque estamos en las últimas.

Curro: La clase media de la música ha desaparecido. Es un proceso que existe a nivel global, pero en la música es más acusado todavía. En España ha habido una época donde existía una especie de pequeña clase media de músicos que no eran superestrellas pero que podían llegar a fin de mes. Ahora hay un montón de aficionados a la música y un pequeño grupo de personas que son superestrellas. Todo lo demás se ha esquilmado. Nosotros no venimos a hacernos ricos, sino a llegar a fin de mes, es muy difícil eso ahora.

Chapa: Nosotros nos tenemos que dedicar a esto porque conlleva mucho tiempo y mucho trabajo, y claro, si no hay bolos y el trabajo es intermitente y no te puedes acoger a ninguna ayuda… figúrate.

Curro: Yo llevo diez años viviendo de la música. Desde 2010. Pero antes llevaba haciendo música veinte años y he estado diez compatibilizándola con otros curros. Tuve varias oportunidades buenas y las aproveché y empecé a vivir, o a malvivir, según la época. Es una apuesta fuerte y costosa.

Cuando no tienes ni un bolo te planteas cogerte un curro pero sabes que en cuanto te lo cojas no te vas a poder dedicar a esto como a ti te gusta. Hay mucha gente haciendo cosas por obligación, no se nos caen los anillos. Hemos currado de todo. Si mañana tenemos que volver a ser camareros, como lo hemos sido todos los que estamos aquí en algún momento de nuestra vida, volveremos a serlo.

Chapa: Ahora estamos apostando duro por esto, aunque haya mucha miseria. Estamos resistiendo.

Y además estáis en un momento de crecimiento.

Curro: Sí, pues si nosotros estamos creciendo y estamos tiesos, imagínate la gente que no tiene tanto reconocimiento. El drama de la hostelería ha salido a la palestra con el Covid pero la cultura ha vivido su mayor destrozo.

No paramos de comernos crisis. Vaya añitos. Vaya vida.

Curro: Es para que se lo miren.

Chapa: Curro y yo que tenemos unos cuarenta, hemos vivido una pechá de cosas ya. El final del caballo, el sida, la peste porcina, la peste vacuna, dos crisis mundiales, una recesión, el Covid…

Curro: Vivimos en una crisis constante.

Serokah: Se habla del comunismo como que es malo, pero el capitalismo no veas de gente que se ha dejado de por medio.

¿A quién haríais vosotros ministro o ministra de Cultura?

Curro: A Antonio Manuel, que es una persona muy interesante. Presidente le haríamos, en verdad. Pastor del pueblo, porque es como un cura.

Chapa: Siempre le hacemos la bromita de “los jesuitas… vaya cura se han perdío’”. Tiene una forma de hablar muy sencilla, lo entiende todo el mundo, y tiene mucha paz en lo alto.

Curro: A Chico Ocaña lo hacíamos ministro de Cultura. Siempre dice que no a todo.