Vaya por delante que Antonia Dell'Atte (60 años) nunca me ha caído bien. Me ha parecido desde aquellos inocentes años noventa una mujer soberbia, altiva, prepotente, con cero carisma y con una belleza a debate. Y siempre me ha irritado soberanamente su incapacidad -o puede que insolencia- a la hora de no aprender correctamente el castellano tras tantos años en España. Incapacidad, provocación o directamente desidia o desdén. No sé, me ha dado mucha pereza siempre realizar esos malabares que hay que hacer para entender lo que dice.

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Un personaje, en definitiva, que nunca supo meterse a los españoles en el bolsillo. Y eso que lo tuvo tan tan fácil: ella era la -supuesta- víctima, la damnificada, a la que Alessandro Lequio (60) engañó en beneficio de Ana García Obregón (65). La que desfiló por España con la pena, el desgarro y el despecho por bandera. La que hacía históricos trajes de madera a la Obregón. Y nunca caló en el español, en el público. Puede que porque su rival, Anita, era y es mucha Anita, y muy querida. Pero no, entre ella y España se levantó un muro de hormigón que hoy en día sigue estando, erguido y potente. Nada que hacer. 

Ahí, la audiencia que hizo el pasado miércoles su programa especial de Lazos de sangre: 8,6 por ciento. Una birria. Pero, bueno, vayamos a los datos, que me pierdo. Resulta que esa noche Antonia hizo algo que jamás imaginé, algo que estoy seguro nadie se podía esperar teniendo en cuenta la delicada situación por la que atraviesan tanto Ana Obregón como Alessandro Lequio. Creo que Dell'Atte se equivocó, desbarró, erró, cruzó la línea roja de la ética y de la moral. No es el momento de echar leña a un fuego que solo le interesa a ella encender, pero que los años, y ya el desinterés, han apagado. Hace unos años era hasta graciosa la guerra que libraba este triángulo amoroso: hoy no. 

No, Antonia, hoy no tiene ninguna gracia. Y menos ahora. Para los despistados que no lo vieron: volvió a atacar sin miramiento tanto a Ana como a Alessandro. Que si nadie avisó a su hijo Clemente Lequio (32) para que fuera al funeral de Álex, que si Alessandro Lequio es un -supuesto- maltratador y que Lazos de sangre lo encubrió. Que si el programa eliminó fragmentos a su antojo, que si está descontenta con el resultado... Y su hijo azuza más el percal, si cabe: "Fue el mismo programa el que se aprovechó de manera disgustosa de la muerte de mi hermano para poder ganar audiencia y no lo contrario". Y más, y más, y más... ¿De verdad nadie ha aconsejado a esa madre y ese hijo para que guarden silencio? 

Es que, fijaos, ya no entro a valorar la verdad o la mentira, nada de eso: yo me quedo en lo estético y lo ético. Bueno, ya ni en lo ético; solo en lo estético. ¿Acaso no se han parado a pensar en esa Obregón y en ese Lequio, rotos, deshechos en pena, mutilados de dolor? Y Antonia, bueno, conocemos su trayectoria, pero... ¿y su hijo? Yo de verdad no entiendo nada. Es todo un despropósito, una locura y no todo vale. No, no todo vale. Cada acción tiene su consecuencia y me dicen y secretean que el programa, la productora, está más que disgustada, enfadada, decepcionada, arrepentida por haber hecho el documental. Algo que se había realizado desde el respeto más absoluto se emborronó zafiamente por parte de Dell'Atte. 

Nadie entiende nada. Antonia esgrime que el espacio borró el momento en que ella acusa a Lequio de ser un maltratador. El programa se defiende, como se ha contado en Es la mañana de Federico, alegando que no hay una sentencia en firme: nadie puede probar que eso sea así y, por tanto, nadie se tira a la piscina ante semejante acusación. Pero, de verdad, no me quiero quedar en esa espuma de las olas: voy más allá, apelo a los sentimientos. ¿Por qué tanta rabia? ¿Por qué tanto odio? No puedo entender a Antonia, nunca lo he hecho y ahora menos.

Además, navega en un discurso hipócrita: tan pronto enfanga a Obregón como asegura que quiere ser su guía espiritual ante el dolor por la pérdida de su hijo. ¿De qué vas, Antonia? ¿A qué juegas? ¿Cuál es tu propósito? Dice ella que Ana no le contestó al mensaje de condolencia tras la muerte de Álex. Hija, ni lo hizo antes ni lo debería de hacer ahora. Acción, consecuencia. Recuérdalo. De momento, si yo fuera TVE no querría saber nada de ti. Hasta ahí puedo leer. 

[Más información: Antonia Dell'Atte acusa a 'Lazos de sangre' de proteger a su "verdugo" Alessandro Lequio]