Publicada

Treinta años después de dejar la Presidencia del Gobierno, Felipe González (84) ha cambiado La Moncloa por un paisaje de olivos, bonsáis y caminos de tierra. En la sierra de Guadalupe, en Cáceres, comparte con su mujer, Mar García Vaquero, una finca de más de 100 hectáreas y una vivienda de unos 600 metros cuadrados.

El Penitencial es el nombre de esa propiedad, donde el expresidente ha dado otro uso a su tiempo: cocinar para la familia (siente pasión por los fogones), cuidar árboles y recibir visitas fuera del circuito habitual de Madrid.

La propiedad reúne una amplia extensión de terreno, además de una vivienda de unos 600 metros cuadrados. Allí, el expresidente del Gobierno ha encontrado espacio para sus aficiones y para recibir a personas de su círculo político y personal.

Felipe González y Mar García Vaquero. GTRES

La elección de Extremadura para contar con una segunda residencia no es casual. González conoce bien la región desde que cumplió allí el servicio militar y mantiene desde hace décadas vínculos con la zona.

En 2012, después de casarse con Mar García Vaquero, adquirió la propiedad, que pertenecía al empresario Joaquín Vázquez, amigo suyo. La finca formaba parte de una extensión de terreno mucho mayor y la pareja se propuso reformar la construcción existente para convertirla en una vivienda de recreo.

Una casa de 600 metros

La vivienda se distribuye en dos plantas y cuenta con cinco dormitorios con baño, comedor, salón con chimenea, despacho y una cocina amplia concebida también para las reuniones familiares.

La reforma transformó una antigua construcción rural en una casa adaptada a las necesidades del matrimonio, sin perder el contacto directo con el paisaje que la rodea.

La cocina ocupa un lugar especial en la vida de González. El expresidente disfruta preparando platos para su mujer, sus hijos y sus nietos, una afición que encuentra en la finca el espacio adecuado para desarrollarse sin las prisas de la ciudad. La casa también le permite dedicar tiempo a otra de sus pasiones: la orfebrería y el trabajo con piedras, una actividad creativa que ha cultivado durante años.

El terreno ofrece, además, espacio para cuidar olivos y bonsáis. El cultivo de estos árboles exige paciencia y atención constante, dos tareas que encajan con la vida que el exdirigente socialista lleva en sus temporadas en Extremadura.

Felipe González y Mar García Vaquero, en Sevilla, en septiembre de 2025. GTRES

Un refugio para descansar

El Penitencial también ha sido escenario de reuniones privadas con figuras relevantes de la política y la vida institucional. Entre quienes han pasado por la finca figuran Alberto Núñez Feijóo y el rey Juan Carlos. En noviembre de 2021, el líder del Partido Popular visitó a González en un momento delicado para su partido, un encuentro que volvió a situar la propiedad en el foco informativo.

Durante el confinamiento por la pandemia, la finca adquirió otro significado para el matrimonio. La amplitud del terreno y el aislamiento del entorno les permitieron pasar allí una etapa marcada por las restricciones y el confinamiento.

La relación de González con la zona, además, no se limita a la propiedad. Su hija María y su marido, Eric Bergasa, impulsaron un proyecto de alojamiento rural sostenible en las proximidades, aunque la iniciativa quedó condicionada por las dificultades que atravesó el sector turístico durante la pandemia.

La cercanía entre ambas propiedades mantiene a la familia vinculada a este rincón cacereño.

Felipe González y Mar García Vaquero, con Bertín Osborne, en 2019. GTRES

Sus otras residencias

Antes de establecer este refugio en Extremadura, la vida de Felipe González estuvo ligada durante años a La Moncloa. Como presidente del Gobierno entre 1982 y 1996, vivió allí con su primera esposa, Carmen Romero, con quien tuvo tres hijos.

Durante aquella etapa, la residencia oficial fue también un espacio de encuentros culturales y políticos. Entre otras reformas, la familia acondicionó una bodega en el sótano, donde llegaron a celebrarse actuaciones musicales y reuniones con personalidades de distintos ámbitos.

Tras la separación del matrimonio, que se formalizó en 2008, Carmen Romero permaneció en la vivienda familiar de Somosaguas.

González inició una nueva etapa junto a Mar García Vaquero, con quien contrajo matrimonio en 2012. El Penitencial se convirtió entonces en una de las primeras propiedades que compartieron y en una base para sus escapadas fuera de Madrid.

No es el único lugar ligado a los periodos de descanso del expresidente. Durante sus años en el Gobierno también utilizó enclaves oficiales del entorno de Doñana, como el palacio y la finca de Las Marismillas. Antes de llegar a La Moncloa, pasó algunos veranos en la Casa Colorada, en Puntas de Calnegre, en la costa murciana.

La finca extremeña tiene, sin embargo, una característica distinta: es una propiedad privada, adaptada a sus gustos y vinculada a una región que conoce desde joven. En sus 600 metros cuadrados de vivienda conviven los espacios dedicados a sus aficiones; fuera, el terreno permite cuidar árboles y mantener una relación cotidiana con la naturaleza.

Guadalupe aporta el contexto histórico. El municipio cacereño alberga el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993. En ese entorno de sierra y patrimonio, El Penitencial funciona como el contrapunto privado de una trayectoria que transcurrió durante años en el centro del poder político del país.