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El éxito incontestable de El Hormiguero, el espacio que lidera las noches de la televisión nacional desde hace dos décadas, esconde una trastienda marcada por el riesgo financiero extremo y la somatización del pánico.

En una sincera conversación concedida al espacio digital Tengo un plan, el creador y presentador del espacio de Antena 3, Pablo Motos (61 años), ha destapado la realidad que atravesó antes de consolidar la marca de la productora 7 y Acción. No le faltaban ganas de arrancar con su propio proyecto, pero pasó por momentos de verdadera angustia.

"Un día me cansé y dije: "Pues hasta aquí. Si me equivoco, me equivoco yo, y si triunfo, triunfo yo", ha rememorado el requenense sobre el punto de inflexión profesional que precedió al lanzamiento del formato.

Tics, miedo y la sombra de la quiebra

Aquella apuesta personal implicaba asumir una carga económica colosal sin red de seguridad institucional ni margen para el error.

"Nos metimos en El Hormiguero, que es un lío de mucho dinero, y no había opción de fracasar. Cuando no tienes una segunda opción... no hay opción. Si fracaso, arruino a mi familia y a la siguiente generación, porque nos metimos en un crédito de muchísimo dinero", ha contado en su charla en el citado pódcast.

La presión que él mismo se impuso ante la posibilidad de caer en un naufragio financiero que pudiera destruir el patrimonio familiar, derivó en un auténtico calvario somático para el comunicador.

Durante los primeros pasos del proyecto, la incertidumbre y el pánico escénico se tradujeron en síntomas visibles. Aquellas manifestaciones, para más inri, se produjeron delante de las cámaras.

"Por supuesto que sufrí como un perro", ha recordado. "Tenía tics en la boca —un presentador con tics en la boca—, se me cerraba un ojo, me salían granos de repente de los nervios, del miedo... Seguramente era el peor presentador de la televisión. Decía: 'Madre mía, me van a contratar a mí para salir ahí haciendo muecas'".

Ese desgaste físico contrastaba con una ambición férrea que no todos fueron capaces de vislumbrar al principio. Su socio y codirector, el veterano productor catalán Jorge Salvador (63), encajó con escepticismo las primeras proyecciones de Motos.

"El nivel de esfuerzo que tenía era cien. Mi socio se ríe ahora conmigo porque, por lo visto, yo un día le dije: 'Vamos a hacer historia'. Y él, que había hecho Crónicas marcianas, que había estado con Alfonso Arús (65), se fue a Barcelona diciendo: "Este gilipollas". Y aquí estamos".

Pablo Motos. Atresmedia.

"Soy una persona con suerte"

Al ser preguntado sobre si la clave del triunfo reside en la fortuna o en una tenacidad inquebrantable, Motos se muestra tajante. Es un hombre afortunado, sí. Pero el trabajo está por encima del azar:

"Tienes que tener suerte, ¿vale? Y yo tengo suerte, creo que soy una persona con mucha suerte. Pero mi parte del trabajo siempre está hecha. Da igual que no me guste, da igual que esté cansado... yo mi parte la hago", enfatiza el comunicador.

Una disciplina que sintetiza en una máxima de perseverancia profesional: "La suerte te va a llegar. Si estás currando siempre a muerte, hay un momento donde se cruza un golpe de suerte, te pilla a tope y entonces acabas ganando dinero".